Interior tiene detectados a 471 niños en riesgo de ser víctimas de la violencia de género de sus padres

El Mundo.- Son los datos que arroja el sistema de seguimiento de Interior a los casos de violencia de género

«Dos retoños que usan pañal / Le dan más guerra que el copón / Pobrecito José Bretón / Con una argucia de chacal / Él se los lleva de excursión / Qué familiar José Bretón». El fragmento pertenece a una canción de muy mal gusto dedicada al hombre que, para hacer daño a su esposa, asesinó a sus dos hijos en Córdoba en octubre de 2011, uno de los muchos de los predecesores de Tomás Gimeno.

La reproducimos aquí porque la psicóloga clínica Sonia Vaccaro, especializada en victimología y violencia de género, la pone de ejemplo de cómo los maltratadores ejercen la llamada violencia vicaria, es decir como utilizan a sus hijos, en algunos casos hasta el punto de llegar a matarlos, para causarle el mayor dolor posible a la madre. El tema musical sobre Bretón lo recibió una de sus pacientes en el móvil. Se lo enviaba su ex pareja. «No sólo le envió ese audio, sino luego mensajes donde le decía ‘ya verás lo que te va a pasar’, ‘te vas a arrepentir toda la vida’, ‘te voy a dar donde más te duele’».

El pasado jueves, el mismo día en el que se conoció el fatal desenlace del caso de las hermanas Anna y Olivia, otra de las mujeres que acuden a su consulta recibió avisos similares. «Coincidió justo con el periodo en que le tocaba a los niños estar con él y llamó desesperada porque el tipo aprovechó el momento de recoger a los niños para decirle: ‘Despídete, que no los vas a volver a ver’. Y luego le envió una foto del barco que estaba rastreando en Tenerife», cuenta Vaccaro.

Explica la psicóloga que ambas han denunciado las amenazas de los padres hacia los hijos, pero que ninguna ha logrado que la Justicia despoje al padre de la custodia ni de las visitas. «Desde que se conoció la noticia [el hallazgo del cadáver de la mayor de las hermanas de Tenerife] no han dormido y no sé cuando podrán volver a hacer un descanso, porque tienen mucho miedo, tienen pánico. Piden a gritos que hagamos algo, que alguien tenga la palabra precisa que abra la mente de juezas y jueces», dice reclamando que se tomen medidas para proteger a los menores en estos casos en los que median claras amenazas.

El Sistema de Seguimiento Integral en los casos de Violencia de Género (Sistema VioGén), de la Secretaría de Estado de Seguridad del Ministerio del Interior, evalúa, entre otras cuestiones, si hay «indicadores que apuntan a que la violencia ejercida por el agresor sobre la víctima podría extenderse a otras personas cercanas a ésta, especialmente hacia los menores a su cargo». Lo hace basándose en los cuestionarios policiales que se hacen a las mujeres denunciantes. Según el último informe estadístico del VioGén, del 31 de mayo de este año, actualmente en España hay 471 menores en riesgo de convertirse también en víctimas de sus propios padres. De ellos, 415 en situación de riesgo medio, 55 alto y uno extremo.

La psicóloga Sonia Vaccaro fue la persona que acuñó el termino «violencia vicaria». Lo hizo en 2012 tras conocer a la italiana Antonella Peneti. «Su ex pareja le había anunciado que haría daño al niño y ella denunció que su hijo estaba en riesgo con el maltratador, pero la Justicia no hizo caso», explica Vaccaro. Se acordó que padre e hijo se vieran en un punto de encuentro oficial, con educadores y mediadores. Y en una de estas visitas acabó con su vida, el 25 de marzo de 2009, de un disparo y 37 puñaladas. Luego se suicidó. El pequeño Federico tenía 8 años.

«La Justicia no le hizo caso, como en general no hace caso a este tipo de denuncias. Disocia el rol de padre del de maltratador, o sea, que estos individuos siguen teniendo acceso a sus hijos aunque estén condenados por violencia contra la mujer y eso les permite utilizarlos como objetos para seguir dañando a la madre», dice Vaccaro.

La experta pone sobre la mesa los siguientes datos: «Sólo en el 3% de los casos en los que hay sentencia firme por violencia de género se suspenden las visitas a los padres y en el 5% la custodia compartida. De la patria potestad ni hablamos. El individuo sigue maltratando, no dando permiso para que el niño se inscriba en el colegio, no permitiendo operaciones o controles médicos… porque la patria potestad la conserva aunque esté en la cárcel», dice.

Tras conocer el caso de Antonella Peneti, Sonia Vaccaro inició una ambiciosa investigación sobre la violencia vicaria que aún está en curso. Ha entrevistado a muchas de las madres españolas a las que los padres les han asesinado a sus hijos y a otras -como la que recibió la canción de Bretón- que viven con el miedo de que les pase a los suyos. Entre 30 y 40 testimonios que incluyen también mujeres de Colombia Italia.

Lo hace con la intención, explica de tratar de identificar «indicadores previos», señales de alarma que permitan prevenir estas tragedias. «Todas habían sido amenazadas previamente -‘te voy a quitar lo que más te duele’, ‘ya verás lo que le pasa a las niñas’-, pero por su relato me di cuenta de que comenzó mucho antes. Individuos que devuelven a los niños descalzos, en invierno incluso, o con la ropa que estrenaba ese día comprada por la madre rota… O cuando comunican que se quieren divorciar: ‘Te quitaré a los niños’. Incluso cuando no hay asesinato luego, porque no todos llegan a esta aberración de asesinarlos, pero continúa el maltrato durante muchos años. Los hijos utilizados como objetos para seguir maltratando a la madre es algo más común de lo que creemos», dice Vaccaro.

Los menores asesinados por sus padres en un contexto de violencia de género no fueron contabilizados como víctimas hasta 2013. Desde ese año, hay 40 niños en la lista de fallecidos por la violencia vicaria. Sus madres tampoco fueron consideradas víctimas de la violencia de género hasta 2017. Ruth Ortiz, por ejemplo, no tuvo ayuda psicológica, ni laboral, ni de ningún tipo después de que Bretón asesinara a sus hijos. «Hasta 2017, que se incluyó el término violencia vicaria en el Pacto de Estado de la Violencia de Género, se daba la paradoja de que ninguna era víctima para el sistema, eran invisibles», dice Vaccaro.

– ¿Cómo se puede entender en cualquier caso que un padre, para hacer daño a la madre, sea capaz de matar a sus hijos? – le preguntamos.

– Porque para este individuo esos no son sus hijos, son objetos. Es un individuo cruel al que sólo le interesa el poder y que está dispuesto a utilizar lo que sea, aunque sea la misma criatura que engendró biológicamente, para castigar a la madre. Es el pater familia del derecho romano, que tenía la potestad sobre su prole y decidía incluso si sus hijos vivían o no vivían, porque para que un hijo fuera reconocido el padre lo tenía que alzar del suelo. Si lo dejaba en el suelo moría de inanición.

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