Familias enteras huyen de América Central por la violencia de las maras

La Vanguardia.- La ONU señala que las condiciones de vida empeoran y prevé otra ola de salidas

Es un efecto colateral de la pandemia en América Central y el empobrecimiento que genera. La violencia, observada en los últimos años por las organizaciones humanitarias como un gran factor que impulsa la emigración, va en aumento, por lo que se espera una nueva ola de salidas en dirección a México y Estados Unidos, aun a pesar de que persisten las restricciones de movimientos. Esta vez, y ello constituye un dato inédito, no se trata mayoritariamente de jóvenes o de menores no acompañados, sino de familias enteras que huyen de su país.

Unicef y Acnur –el alto comisionado de la ONU para los Refugiados– han presentado una encuesta realizada en México en colaboración con CID Gallup sobre los tres países centroamericanos más afectados por el fenómeno violencia-migración: Guatemala, El Salvador y Honduras.

Ataques directos, incluido el homicidio; amenazas, extorsión y reclutamiento forzado (con esas mismas amenazas) de jóvenes por parte de las maras o pandillas criminales, constituían en el 2016 las motivaciones para la huida en un 39,2% de los casos, según las encuestas realizadas por Médicos Sin Fronteras (MSF) en los puestos de asistencia de la organización a lo largo de la ruta migratoria centroamericana. Un 43% de los entrevistados había perdido entonces algún familiar, víctima de la violencia.
A lo largo del 2019 la situación ha seguido siendo la misma (ver gráfico), con la diferencia de que las amenazas y exacciones alcanzan tanto a individuos como a comunidades enteras. Así, señalan Acnur y Unicef, antes del 2018 la mitad de los menores que llegaban a México desde el norte de la región centroamericana no iban acompañados, mientras que ahora solo son un 32% de los niños y un 25% de las niñas.

Casi 800.000 centroamericanos cambiaron una o más veces de residencia o huyeron por fin de su país en el 2019. Muchas familias lo hicieron juntas para darse apoyo mutuo en el camino. Un 41% eran de Honduras, un 32% de Guatemala y un 28% de El Salvador. De nuevo, un alto porcentaje se vio expuesto a violencia durante el trayecto: un 32% en el caso de los menores y adolescentes que iban con sus familias, un 46% en el de los que iban solos. En el 2016, MSF registró un total del 68,3%. La ruta migratoria sigue siendo infernal.

En el 2019, las llegadas de familias a Estados Unidos desde la región se quintuplicaron, de casi 77.800 el año anterior a más de 432.000. Más de 300.000 personas fueron expulsadas de EE.UU. entre marzo y noviembre del 2020. Mientras, México ha pasado de ser país de tránsito a ser considerado país de destino, en parte gracias a una reforma de las leyes de asilo y migración para proteger a los menores. Esta mejora ha facilitado precisamente realizar las 3.104 encuestas que se basa el estudio de las dos agencias de la ONU y apreciar los cambios.

Jean Gough, directora de Unicef para América Latina y el Caribe, ha señalado que “después de que la Covid-19 y dos devastadores huracanes azotaron Centroamérica, es probable que el aumento de la pobreza y la violencia hagan que más familias abandonen sus hogares en las próximas semanas y meses”.

La discriminación, sobre todo en un contexto tal, entre migrantes económicos y refugiados carece cada vez más de sentido. En una de las llamadas “caravanas” con destino a México o EE.UU., la que partió de Honduras en enero del 2020, el 70% de encuestados dijo ir en busca de trabajo, pero casi el 60% procedía de las regiones hondureñas con más altas tasas de violencia.

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