El asesinato de los propios hijos, la peor cara de la violencia de género

Canarias 7.- Desde 2013, 41 menores han perdido la vida a manos de sus progenitores como venganza a sus madres

La desaparición de los seres amados contiene la esperanza, aunque menguante con el tiempo, del reencuentro. La muerte es el final. Abrupto cuando se trata de los hijos. Constituye la peor cara de la violencia de género, de la venganza del progenitor contra la mujer que comienza una nueva vida lejos de su dominio. Un solo caso es la atrocidad absoluta del ser humano. También la cobardía. Que una de las personas en las que más confían los hijos, su padre, y de la que esperan la protección habitual, se cebe con esos seres indefensos sucede con una frecuencia incomprensible.

En España han sido asesinados 41 niños dentro de episodios de violencia de género contra la madre, por parte del padre en gran parte de los casos, según las cifras oficiales del Ministerio de Igualdad, desde 2013. Con Anna serían 42. La mayoría de estas víctimas pierden la vida en agresiones mortales colectivas contra la madre y los hijos. En no pocas ocasiones el criminal machista se suicida. Los casos en que el padre secuestra a los hijos para matarlos, con o sin amenaza previa a la madre, son menos frecuentes, pero por desgracia también ocurren casi cada año, con un promedio de más de cinco menores asesinados.

 Las víctimas son hijos e hijas de pocos meses hasta los siete, nueve, once años. Hermanas o hijos únicos. Algunos de estos hombres han intentado desaparecer todo rastro de esas inocentes existencias, como José Bretón en 2011, encarcelado después de una minuciosa investigación dos años después. Otros dejan los cuerpos en los lugares del crimen. Los hogares o espacios públicos. Puede suceder cuando la mujer pide la separación o cuando inicia una nueva vida, con y sin medidas de protección dictadas por los jueces.
En toda España. Madrid, Vizcaya, Pontevedra, Canarias, Coruña, Almería… A puñaladas y hasta con sierras eléctricas. El objetivo del criminal, dicen los tribunales, es siempre el mismo: infligir el mayor daño posible. Lo dijo Itziar Prats, madre de las niñas Nerea y Martina, de seis y dos años, acuchilladas por su padre hasta la muerte en 2018: «Quien asesina a sus hijas y se suicida es un cobarde».

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