Un año desde el suicidio de Kira: «Nuestra lucha es intentar que no vuelva a ocurrir»

ABC.- El escritor Alejandro Palomas lo plasmó así en su novela ‘Un Perro’:«la soledad es quizá el momento más ruidoso del día: callan los de fuera, vuelven los de dentro». A esa sensación se enfrentan cada día José Manuel y María José desde que hace un año se suicidó su única hija, Kira. Ambos sospechan que fue víctima de acoso escolar, tal y como investigan los Mossos d’Esquadra, el Departamento de Educación y el Síndic de Gregues.

Tenía 15 años cuando se quitó la vida. «Nosotros ya no vamos a recuperar a nuestra hija, pero luchamos para que no le vuelva a ocurrir a nadie más», explica su madre.

Las alarmas saltaron cuando Kira tenía solo 5 años y empezó a llegar del colegio, el centro Pare Manyanet del barrio de Sant Andreu (Barcelona), con moratones.

Fue un curso difícil, pero el empeño de los padres por librar a la niña de los abusones dio resultado y pudo continuar su formación en la misma escuela.

De aquella época, recuerda María José, el centro dice no guardar los informes psicológicos que ya recogían el malestar de su pequeña. Ella sí los tiene, al igual que las quejas que hizo llegar a los responsables del colegio. «Piensas que los protegen, pero en realidad no hacen nada», lamenta.

Cada vez que su hija sufría algún tipo de acoso, se lo explicaba a sus padres y, éstos, a su vez, trasladaban lo ocurrido a la dirección del colegio, confiando en que tomaban las medidas oportunas para atajarlo, «pero no fue así, aunque eso lo supimos después», apunta la progenitora.

El ‘bullying’ se reactivó cuando Kira cursaba 6º de Primaria, a finales de 2017. «El colegio había organizado una actividad, contra la que algunos padres presentaron una queja anónima ante Educación, y se extendió el rumor de que habíamos sido nosotros. La dirección contribuyó al bulo y quien acabó señalada por sus compañeros fue nuestra hija», cuenta el matrimonio. Con el tiempo, se plantearon cambiarla de centro, pero la niña rechazó la opción. «Quiso quedarse hasta acabar la ESO», recuerda su madre. «Le prometimos en vida que denunciaríamos al colegio –una vez ella se hubiese marchado– , pero no llegamos a tiempo», se fustiga José Manuel.

Solo seis meses antes del suicidio de Kira, un nuevo informe psicológico del colegio determinó que la menor tenía buena relación con su entorno, también con su familia, pero detectó lo contrario respecto a los adultos del centro. «Era una de esas pruebas de orientación, para saber qué quieren ser los niños de mayores», explica el padre. «Entonces no te das cuenta, e interpretas que es tímida», apostilla la madre. Y es que ambos progenitores temen incluso que su hija pudiera haber sido víctima de abusos, después de que un informático de la escuela localizase 39 gigas de material pedófilo en el ordenador de un religioso.

Otro ordenador, el de Kira, se lo llevó la Policía catalana hace tres meses, después de que su progenitor, que tiene las contraseñas de la niña, descubriese que la noche antes de matarse, buscó en internet formas de hacerlo «sin fallar. Dos semanas antes, tras saber que un niño se había quitado la vida, nos dijo que ella nunca lo haría, tuvo que pasar algo…», explica. También localizó varios chats, aunque José Manuel ya no fue capaz de indagar más. Por el momento, las pesquisas de los investigadores siguen en marcha, al igual que las Departamento de Educación –que se ha personado como acusación popular en la causa, igual que el Ayuntamiento de Barcelona–, y las del Síndic de Greuges. La abogada de la familia, Carla Vall, cree que aún es pronto para saber si con la información recabada hasta el momento el caso podrá llegar a un juicio penal.

Informes del Síndic

Por su parte, el defensor del pueblo catalán, Rafael Ribó, ha instado a la Generalitat a mejorar sus protocolos contra el acoso escolar. «Ya existen, pero no se aplican y la inacción de los centros tiene consecuencias físicas y psicológicas sobre los menores», censura María José.

El Síndic también recomendó a Educación revisar «las anotaciones y observaciones relativas al estado emocional de esta alumna» para determinar «la diligencia de la escuela a la hora de escuchar y responder, de una forma efectiva, a las demandas de la familia» de Kira.

«Los padres que se encuentran con esta situación no saben qué hacer ni adónde acudir», critica José Manuel. «Nuestra misión ahora es agotar todas las vías. A nosotros ya no nos queda nada más que defender que el honor de nuestra hija e intentar que no vuelva a suceder», confiesa la madre.

Y es que durante el último año, ambos han atendido peticiones de ayuda de decenas de progenitores, que no saben cómo auxiliar a sus hijos, víctimas de acoso escolar, algunos de ellos, con varios intentos de suicidio a sus espaldas. Sentirse útiles ha contribuido a mitigar un dolor que, saben, arrastrarán de por vida.

«Tienes dos opciones, quedarte en casa llorando o hacer algo», explica María José, que lejos de dar importancia a su labor para visibilizar la lucha contra el ‘bullying’, confiesa que le da «fuerza para seguir adelante».

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