¿Qué es el edadismo? La discriminación encubierta que el coronavirus ha naturalizado

ABC.- Estudios han demostrado que la autopercepción positiva del envejecimiento aumenta la esperanza de vida en 7,5 años

La población gallega, altamente envejecida, sufre las consecuencias del edadismo también en el mercado laboral

Edadismo es una palabra que puede sonar extraña y hasta algo pija, pero que c0bra cada día más relevancia. Es la discriminación por motivos de edad. Afecta a jóvenes y mayores, y según la OMS, es la tercera causa de discriminación mundial del mundo, detrás de el racismo y sexismo. Con la llegada del coronavirus, «el edadismo se ha naturalizado en nuestra sociedad», según afirma Elena del Barrio, experta en edadismo y gerontología social, porque «se han interiorizado ciertos prejuicios».

Por ejemplo, «la idea de que el Covid afecta más a los mayores, ha provocado una asociación entre que si eres mayor, eres también frágil y vulnerable». Parece que son los «más débiles«, y esto hace mella en los propios mayores. «Mi padre era una persona muy activa, y desde el coronavirus, no para de repetirse que ya va viejo, de autoflagelarse. La OMS lo denomina edadismo autoinflingido».

El edadismo autoinflingido tiene efectos demostrados, según un estudio de las universidades de Yale y Miami. En concreto, dicho estudio encontró que «las autopercepciones positivas del envejecimiento medidas hasta 23 años antes contribuyeron a que las personas vivieran más tiempo», concretamente un «aumento de la vida útil de 7,5 años». Según este estudio, las autopercepciones «tuvieron un mayor impacto en la supervivencia que el género, nivel socioeconómico, soledad y salud funcional». Del mismo modo, la autopercepción negativa -en muchos casos derivada de los prejuicios- puede acortar la esperanza de vida.

Consecuencias laborales

A nivel laboral también se ve una repercusión. Según el IGE, hay 22.000 mayores de 55 años parados en Galicia, pero a esta cifra hay que sumarle los ‘desanimados’, «personas que no tienen trabajo pero están tan desesperanzados que tampoco lo buscan», según explica Mar Martín, de UGT. Según la EPA de finales de 2020, la tasa de inactividad en las personas de 55 a 59 años, población en edad de trabajar pero que no lo hace ni lo busca activamente, es del 26,7%. Es decir, 43.600 personas en toda Galicia.

Algunos de esos casos se debe a prejubilaciones pero gran parte, segundo UGT, tienen su explicación en ese ‘desánimo’. «Es una generación criada en la narrativa del esfuerzo, de labrarse un futuro, y son personas que empezaron muy jóvenes a trabajar y llevan casi toda su vida laboral en la misma empresa», explica Martín. «Ahora se vén sin trabajo y no saben a dónde aferrarse, o cómo salir de esa situación. Les es mucho más difícil reincorporarse al mercado de trabajo y si lo hacen, caen en contratos temporales o precarizados». Además, son parados de larga duración, puesto que un 72% de las personas sin empleo mayores de 55 años, lleva más de un año desde que concluyó su último trabajo. Para Elena del Barrio, se pone mucho el foco en que la gente joven se introduzca en el mercado laboral, porque «está mejor visto hacer políticas para los jóvenes», y se olvida este colectivo.

Los prejuicios también lastran su contratación, como asegura otra trabajadora del sindicato. «Que no se van a adaptar a los nuevos programas productivos, a las tecnologías… son prejuicios que interesa que calen para no pagar antigüedades o justificar despidos. Pero la formación de los trabajadores está en la mano de las empresas, ya que al trabajador se le descuenta una cuota de formación de su sueldo».

Jubilarse, ¿premio o castigo?

«Muchas empresas se pegan un tiro en el pie al prescindir de ciertos trabajadores», explica Antonio Herce, experto en longevidad y pensiones y socio fundador de Longevity and Retirement Income Solutions. «Existe la idea, incentivada desde que existe la jubilación marcada a cierta edad, de que los mayores ya no somos productivos y debemos tener un determinado comportamiento, como dejar de trabajar, so pena de castigo social». Ese es uno de los motivos por los que a los mayores se les dificulta reincorporarse al mercado laboral. Para Herce, una forma de terminar con estos prejuicios es garantizar la flexibilización de la edad de jubilación, idea también aceptada por la OCDE. La jubilación marcada es un error, porque «a los 60 años se es joven», y «las personas deberían tener la libertad de elegir cuándo se quieren jubilar».

La jubilación activa (combinar pensión y trabajo con una mejor cotización) o la jubilación intermitente son alternativas más que viables para Herce, «y que funcionan muy bien entre autónomos». Ahora bien, tiene claro que debería eliminarse la indemnización por despido a mayores de 67 o dejar de contabilizar los trienios: «Mantener al trabajador por encima de la edad mínima de jubilación debería salirle bien a la empresa, porque mientras rigan las condiciones de un empleado normal, no les resultará atractivo a los empleadores».

No sólo una cuestión de mayores

Tanto Elena del Barrio como Antonio Herce tienen claro que el edadismo no sólo afecta a los mayores. «La crisis del covid ha puesto la edad en el punto de mira», cuenta del Barrio. «Se ha puesto el foco en dos grupos de edad: Los viejos, frágiles, y los jóvenes, irresponsables». Estos mantras son edadistas, según la experta, que asegura que «se está cargando a dos generaciones con la responsabilidad de la situación. Unos, porque son los que les afectan y fallecen, y otros, por pertenecer a un grupo donde sus necesidades pasan por cierto reconomiento social. A los dos se les está homogeneizando: parece que todos los jóvenes son irresponsables y que todos los mayores son población de riesgo», lo que para la profesional es mentira. «Creo que esa mirada edadista en torno a estos dos grupos está haciendo que se enfrenten, y que la brecha generacional, que siempre ha sido difícil de solventar, se esté ampliando mucho más».

La palabra edadismo puede sonar extraña y algo pija. Pero los expertos concluyen que será una palabra cada vez más común si no se abandonan los prejuicios y se corrige el discurso edadista. Incentivar las jubilaciones activas y dar igualdad de oportunidades independientemente de la edad son remedios que los profesionales incluyen y que deben ser tenidas en cuenta en una población como la gallega.

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