Las mujeres sin hogar de Barcelona señalan la violencia machista como la principal causa de su situación

20 Minutos.– Las mujeres sin hogar de Barcelona señalan la violencia de género como la principal causa de su situación, seguido de la muerte de un familiar que les prestaba ayuda y de las dificultades que viven las mujeres migrantes, según la encuesta de perfil realizada por el centro Assís.

«La violencia machista puede desencadenar una espiral de exclusión«, explica Elena Sala, responsable del programa ‘Dones amb llar’ de Assís. «Por una parte, porque tiene un alto impacto a nivel psicosocial y personal, como en la salud física y emocional, y este impacto es duradero. Y, por otra, por el aislamiento que produce, ya sea porque es una de las formas de violencia que ejerce el maltratador o porque el propio tratamiento requiere aislarse del entorno habitual de la víctima», añade.

Respecto a la muerte de un familiar como causa de sinhogarismo femenino, Sala señala que es algo «muy específico» porque el tejido social es un factor de protección para las mujeres. Por otra parte, en cuanto a las mujeres migrantes, esta falta de tejido social y la ley de extranjería «las sitúa en una situación clara de desventaja y con un pie en la calle».

Sufren más violencia en la calle

La encuesta también muestra que el 64% de las mujeres sin hogar de la ciudad ha sufrido violencia en la calle, un porcentaje más elevado que los hombres, que es del 52%. Además, Sala destaca que esta violencia «se expresa de forma diferente entre hombres y mujeres, con un componente de género».

Y es que el 64% de las mujeres encuestadas ha sufrido violencia de género en la calle y el 28%, violencia sexual. Esta última, señala Sala, es «prácticamente inexistente entre los hombres».

Además, las mujeres en esta situación padecen más violencia relacionada con el trato intimidatorio, humillante y de ejercicio de poder. «Mientras que los hombres sufren más robos, a las mujeres les destrozan más sus pertenencias sin robarles, sin conseguir nada a cambio. Este ejercicio de poder y humillación está relacionado con este trato denigrante que sufren las mujeres en la calle».

«En el caso de la violencia por aporofobia, se trata de un delito de odio, y en todos los delitos de odio la misoginia se cuela con mucha facilidad«, añade.

Espacios adaptados

Ante esta violencia específica, Sala señala que el sinhogarismo femenino requiere de una respuesta adaptada: «Además de las soluciones habitacionales, que son una prioridad, es básico poder ofrecer espacios de seguridad, intimidad y protección, pero la mayor parte de los recursos están muy masculinizados».

Cuenta que las mujeres que viven en esta situación son continuamente invisibilizadas y que la falta de espacios seguros para las mujeres también provoca que ellas mismas «quieran ser invisibles».

«Las mujeres venían al centro de día, pero no las veíamos. Usaban lo que necesitaban y se iban. No eran espacios seguros para ellas«, cuenta. «En cambio, cuando empezamos a generar espacios no mixtos y circuitos diferenciados, esta situación se revirtió. Empezamos a recibir muchas más mujeres y venían más veces. Además, fruto de este empoderamiento, también vinieron más mujeres y en más ocasiones a los espacios mixtos».

El sinhogarismo femenino no es siempre evidente

Sala cuenta que, por otra parte, el sinhogarismo femenino no es siempre tan evidente y que a veces no se llega a comprender en qué consiste. «Nos fijamos en las personas que duermen en la calle, pero, en el caso de las mujeres, les afecta de una forma que no es tan evidente en la vía pública«.

Entre estas formas de sinhogarismo que sufren las mujeres, Sala destaca situaciones como «mujeres que viven en viviendas de realquiler que un día pueden pagar y otro no, que ofrecen servicios a cambio de un techo, que piden favores para quedarse en el sofá de unos conocidos y pasan el día en la calle para no molestar y que no las echen e, incluso, mujeres que inician relaciones profundamente tóxicas para no estar en la calle».

Ante esta problemática, Sala considera que falta formación por parte de las instituciones y administraciones para atender y comprender estas situaciones concretas. «Las mujeres llegan más tarde a estar en la calle porque cultivan más el tejido social, pero también porque se adaptan mejor a la precariedad y están dispuestas a aguantar situaciones que pueden llegar a ser muy extremas para evitar la calle».

Este hecho «se puede ver como un factor protector, pero es un factor de riesgo porque acaban siendo nuevos sucesos traumáticos que todavía empeoran más sus experiencias vitales», cuenta, y añade que «si preguntas a las mujeres que acompañamos si han hecho estrategias de supervivencia para evitar in extremis la calle, el 86% te dicen que sí. La estrategia principal son los favores, y sabemos que detrás de estos favores hay muchas situaciones de explotación y abuso«.

La raíz del problema: acceso a la vivienda y sociedad patriarcal

Sala señala que, a la hora de hablar de prevenir y acompañar a las mujeres sin hogar, es necesario abordar los factores estructurales que provocan estas situaciones: «por una parte, la vulneración del derecho a la vivienda, y, por otra, la sociedad patriarcal que sitúa a las mujeres en situación de desventaja».

Y es que hay mujeres que tienen trabajo y no pueden acceder a una vivienda. De hecho, el 11% de las mujeres que Assís acompaña tiene trabajo a tiempo parcial y el 30% de quien tiene ingresos los tiene derivados del trabajo.

Por otra parte, el 60% de las mujeres que están en proceso activo de búsqueda de trabajo y/o trabajan en este momento viene del sector de los cuidados. Un sector, indica Sala, «muy precarizado, a menudo en economía sumergida, donde hay mucha explotación y no se garantizan los derechos».

Así, las mujeres atendidas por Assís tienen una media de 250 euros de ingresos, un 22% menos que los hombres. «Hay muchas más mujeres que no tienen ingresos que hombres. A nivel económico están mucho peor», cuenta.

Ante esta situación, Sala remarca que «hasta que no seamos capaces de transformar como sociedad estas dos realidades – la falta de acceso a la vivienda y la sociedad patriarcal-, seguiremos trabajando desde la emergencia. Plantear a día de hoy que el sector social, público o privado, tiene la capacidad de erradicar el sinhogarismo es como soñar con los unicornios«.

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