La triple ordalía de esos ucranianos a los que no quiere nadie

El  Confidencial.- A los niños romaníes se les ha puesto cara triste al saber que pronto abandonarán el colegio. Llegaron hace poco huyendo de la guerra en su país natal, Ucrania, y han hecho amigos en la nueva escuela. De hecho, fue la primera prioridad de su madre al llegar: que se inscribieran lo antes posible. Cinco de siete. «La educación es tan importante para nosotros porque nos hace parte de la comunidad, nos convierte en mejores personas», dice Ivana T., enfermera, que está alojada temporalmente en una casa en Ubľa, una pequeña localidad eslovaca de unos ochocientos habitantes en la frontera con Ucrania.

Varios miles de personas cruzan cada día por el paso fronterizo de Ubľa, el segundo más utilizado en Eslovaquia después del de Vysné Nemecke. El país -de 5,4 millones de habitantes y 97 kilómetros de frontera con Ucrania- acoge ya a casi 400.000 refugiados ucranianos, según el último recuento oficial de la agencia de Naciones Unidas para los refugiados. Entre los refugiados recién llegados ya hay varios miles de romaníes, de los 400.000 que se estima llegaron a vivir recientemente en Ucrania.

Con sus siete hijos a los 39 años, Ivana T. es viva muestra de la alta tasa de natalidad de esta comunidad tanto en Ucrania (media de 1,23 hijos por mujer) como en países cercanos, formando más del 7% de la población en Hungría, Rumanía o Bulgaria. Las autoridades eslovacas dan importancia a que no se realice una segregación en la frontera —que no se separe por su origen étnico a los rom de los no gitanos por ejemplo— pero en la práctica, casi como es lógico, se improvisa según los recursos, el personal y las necesidades de cada grupo.

Así, Viktor Teru, representante eslovaco de la plataforma “Roma for Humanity” es llamado a menudo para recoger familias gitanas recién llegadas (en Centroeuropa se prefiere el término “romaní” o “rom” porque “gitano” es utilizado de forma despectiva en varias lenguas locales). “Ser selectivamente solidario. Ese es el problema [al que nos enfrentamos]. Realmente no entiendo a aquel individuo que miró las noticias, quizás sintió el sufrimiento en su corazón cuando vio a mujeres romaní y sus hijos llorando en la frontera y está deseando ayudar, existe la voluntad (de ayudar) y que se acerca a la frontera con su coche, todo presto (a recoger a refugiados). Y cuando alguien le avisó, «oye, que hay unos Roma, una gran familia que viene de la Ucrania, que necesita ayuda, alojamiento…», inmediatamente reaccionó como «¿Roma? Yo no me llevo a gitanos en mi coche«.

En este caso concreto —un hombre dispuesto a transportar en su coche a refugiados recién llegados— se trataba de una mujer romaní cuyo marido había muerto cuatro días antes en el frente, que acababa de encargar y presenciar un funeral. Uno de sus hijos tenía una herida accidental y bien visible en la cabeza. Para alguien así, portador de una solidaridad que atiende al color de piel, Teru tiene un solo consejo: «mejor quédate en casa».

En las primeras semanas del conflicto era frecuente —pero no la regla— que voluntarios espontáneos entre la población eslovaca que se habían acercado a la frontera para ayudar a transportar a los refugiados rechazaran hacerlo si se trataba de familias romaníes, según varios testigos como el voluntario Jaroslav Miko.

Curiosamente, uno de los diputados eslovacos de etnia romaní que aboga por la no separación por grupos étnicos en la frontera (que no funciona a efectos prácticos) es el eurodiputado Peter Pollák, quien recientemente llamó la atención en la Eurocámara acerca de la discriminación a la que tenían que enfrentarse los ucranios romaníes al llegar a la frontera.

En las primeras semanas, era frecuente que los voluntarios que se acercaban a la frontera rechazaran ayudar a los romaníes

En Ubľa, la precaria situación de la familia de Ivana es un buen resumen de cómo malviven los miles de gitanos que han cruzado la frontera: un generador de electricidad y un hornillo para la cocina, ambos portátiles y comprados por la Roma Education Fund, en una casa de siete habitaciones de paredes desconchadas —grande, algo inusual en la comunidad romaní— pero que solo utilizan dos debido al frío. El agua potable que sale de una cañería no se utiliza para el báter o la ducha.

El alcalde de la localidad se ha negado a encontrarse con la familia, algo que Ivana achaca al antiziganismo, pero la cálida bienvenida que han recibido los niños por parte de la directora y su escuela los llena a todos en la familia de gozo, algo que no se cansan de repetir.

Otro miembro de la comunidad que lidera la ayuda a estas familias es Marek Gombar, al frente de una iglesia que todos conocen como «la Iglesia Rom» (Asamblea de Dios del movimiento pentecostal), y que ahora ve como los bancos del recinto sagrado han sido habilitados como improvisadas camas.

Gombar da fe de otros episodios racistas, como una familia de 25 ucranios romaníes que huyen con dirección Noruega que fueron maltratados por otros refugiados ucranianos de Kiev, Mariúpol o Járkiv con frases del tipo «Volved a vuestro país», «¿Por qué coméis tanto?», etc. En Humenné, otra localidad de la frontera, el jefe de la dotación de bomberos local y al mando del campamento de acogida de refugiados de la misma localidad, Marián Pouchan, llegó a decir que en realidad los recién llegados, de ser gitanos, estarían «abusando» y «aprovechándose de la situación humanitaria» por lo que ni siquiera debería ser permitida su entrada al país.

Luego defendió que «no es racista» y que se refería a poblaciones cerca de la frontera no directamente confrontadas con la guerra.

El coronel al mando del campamento de acogida dijo que los recién llegados, de ser gitanos, se «aprovechan la situación humanitaria»

En estas declaraciones Pouchan haría referencia a una parte de la población —en especial mujeres— que cruzan la frontera a pie para hacerse con comida, pañales y otros enseres de primera necesidad para a continuación intentar volver de vuelta —algo prohibido— en aras de no abandonar a sus maridos, llamados a filas como el resto de hombres ucranianos desde la invasión del Ejército ruso el pasado 24 de febrero.

«El tema no es nuevo. Ya lo vivimos en el éxodo del Kosovo [1999-2000]», recuerda Zeljko Jovanovic, el director de la Open Society Roma Initiatives Office, en Berlín. «Debemos seguir trabajando y fortalecer la autoorganización, es la mejor manera para combatir estereotipos populares que conducen al estigma social. Y también es algo que nos llevará a la responsabilidad que conlleva el poder», enfatiza.

Más allá, la solidaridad selectiva como fenómeno pone de manifiesto la doble traumatización que sufren muchos de los refugiados romaníes de la guerra: vistos con sospecha como ciudadanos de segunda en su propio país tienen que dejarlo por la guerra para volver a vivir una situación discriminatoria al llegar a uno nuevo.

No solo se trata de la invasión del país de los 18 husos horarios, sino de la amenaza del propio ultranacionalismo ucranio

Y en ambos son acusados de abusar de las ayudas estatales cuando en los dos pertenecen a las minorías más empobrecidas, sin muchos visos de mejora.

Todo ello hace aflorar un mensaje al menos inquietante: hagan lo que hagan los romaníes, simplemente molestan y una mejora de su vida no es legítima.

Y esto con un trasfondo agravante que hace que los romaníes tengan una doble razón para huir de Ucrania: no solo se trata de la invasión del país de los 18 husos horarios, sino de la amenaza del propio ultranacionalismo ucraniano encarnado por grupúsculos ultraderechistas que, en repetidas ocasiones, han acosado violentamente a comunidades gitanas en Ucrania.

Postales desde Luník IX

Bloques de viviendas faltos de pintura y con manchas de fogatas improvisadas en su interior. Mazacotes hormigonados de pisos destartalados, sin marcos en las ventanas o ascensores que funcionen y con paredes desconchadas y las escaleras descarnadas al fresco. Sin electricidad ni agua corriente en muchos de los pisos y con un muy elevado índice de desempleo. En el barrio Luník IX, a las afueras de Kosice, malviven unos 7.000 romaníes en el mayor gueto de Centroeuropa.

Sin embargo, desde que un estudio en el año 2000 publicara que Luník IX compartía con los asentamientos gitanos estar exento de los servicios municipales más básicos (transportes, agua potable, canalización, recogida de basuras, medidas de salubridad) la situación ha mejorado poco a poco. Aun así, lentamente, el poblado se vacía con los vecinos emigrando hacia Alemania y otros futuros mejores.

Y sobre el desangelado terreno, a menudo, muchas sonrisas, niños con acento de inglés de Dover y vivir según las circunstancias del día; mendicidad agresiva que también tiene que ver con el sentirse contemplados desde fuera como en un zoo o simplemente instrumentalizados por los periodistas que llegan ahora para hacer vídeos, fotografías y entrevistas.

No obstante, este tipo de prácticas desaparece cuando se es aceptado por la comunidad, como en el caso de los profesores en el barrio u otros trabajadores sociales, como ellos mismo indican. «Claramente, su asignatura más difícil es la lengua y literatura eslovaca y es en la que más empeño ponemos puesto que la suya materna sigue siendo en la mayoría de los casos el romaní», explica Isabella, que tiene alumnas que «absorben como esponjas» a la hora de aprender.

Un deseo, el de acumular conocimientos, que se ha acelerado con la irrupción de internet que les permite «tener un mundo nuevo»

Un deseo de acumular conocimientos que se ha acelerado con la irrupción de internet, que les permite «tener un mundo nuevo», bien alejado del de sus padres, «generaciones perdidas», también debido, entre los jóvenes, al uso del tolueno, un derivado del petróleo como droga inhalable.

Isabella, que pertenece a un grupo de apoyo adjunto a los salesianos, indica que los animadores de la comunidad están ayudando a los recién llegados en la estación de tren de Kosice. Los niños que educa y cuida ya han preparado comida para los refugiados y cada día empiezan rezando por los niños afectados por la guerra.

En un entorno tan duro, devastado y marginal como el de Luník IX destacan estas muestras de solidaridad. En la misma línea, el alcalde del distrito, Marcel Šaňa, ofreció 200 plazas para refugiados a Viktor Teru, pero todavía ninguno se ha decidido por esta barriada. Šaňa es precisamente graduado en el Conservatorio Privado de Música y Drama de Kosice, una escuela secundaria y toda una institución en Eslovaquia, ahora con un 70% del alumnado rom.

La escuela de artes está a pocos pasos del centro de Kosice, que cuenta con uno de los mejor preservados cascos antiguos de Centro Europa y que data del siglo XIV, con su imponente catedral, tiendas de época, anticuarios y el restaurante más antiguo de Eslovaquia (Hostinec).

«La educación es lo más importante para la comunidad romaní, ya que es decisiva para encontrar trabajo»

La ciudad está aderezada con tranvías con los colores de Ucrania y pegados a la estación de autobús y a la de tren hay grandes contenedores para recibir a los nuevos refugiados.

Desde el centro un autobús especial, el número once, tiene una parada propia para los romaníes que se dirigen a Luník IX y que viajan gratis. Cerca, no es extraño ver varios mendigando, buscando entre la basura o durmiendo a la intemperie en el rellano de alguna tienda por la noche muy cerca de donde se vende una simpática hucha de chapa metálica con forma de contenedor por más de 20 euros.

«La educación es lo más importante para la comunidad romaní. Es decisiva para encontrar trabajo. No es tan fácil hacerlo debido a la discriminación no solamente en Eslovaquia sino en toda Europa así que debemos esforzarnos para conseguir iguales oportunidades», defiende PaedDr. Gejza Adam, director del conservatorio.

«Los niños romaníes y los blancos son iguales para mí. Realmente, no hay muchas diferencias»

Kateryna, una alumna que hace de improvisada traductora con su excelente inglés aprendido mirando series en original, indica que la elevada presencia de gitanos en su escuela no es importante para ella: «Los niños romaníes y los blancos son iguales para mí. Realmente, no hay muchas diferencias».

Una crucial, sin embargo: «Eso sí, la música es importante para la gente rom. Y las artes; es gente muy inclinada hacia las artes, con mucho talento«, añade.

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