La larga lucha del fútbol contra el racismo

El País.- Las grandes ligas europeas han vivido también episodios xenófobos, en los que en la mayoría no se suspendieron los encuentros

Este martes se vivió un acontecimiento histórico en la lucha contra el racismo en el fútbol. En el encuentro entre el PSG y el Istanbul Basaksehir de Champions, los dos equipos decidieron retirarse del partido en señal de protesta por un comentario supuestamente racista del cuarto árbitro sobre Pierre Webó, asistente del equipo turco. Ante la negativa de los dos conjuntos a seguir jugando tras el incidente, el partido fue suspendido, algo inédito en la historia de la competición, donde abundan casos de racismo que han quedado sin castigo o con una pena mínima.

En España, el último y más sonado incidente fue el que sufrió el jugador del Athletic Iñaki Williams a principios de este año en el estadio del Espanyol. El delantero tuvo que escuchar como la grada le insultaba después de ser cambiado, y a pesar de que su capitán, Iker Muniaín, avisó al árbitro de lo que estaba pasando, este ni detuvo el partido ni reflejó nada en el acta. Tras analizar los audios captados por las televisiones, la Fiscalía de delitos de Odio de Barcelona interpuso una querella contra varios de los aficionados que insultaron al delantero, siendo la primera vez que esta institución entraba de oficio en el mundo del fútbol.

El propio Webó, que jugó muchos años en LaLiga en el Mallorca, Osasuna y Leganés, reconoció al libro Tarjeta negra al racismo, de Salvador Rodríguez Moya, que también sufrió discriminación en sus años en España. “¿Si España es un país racista? Son costumbres, y si no las conoces cuando llegas desde fuera no lo entiendes”, afirmó el camerunés. Otro episodio que queda en la memoria de los aficionados es el de su compatriota Samuel Eto´o, en 2005, en la Romareda. El delantero intentó abandonar el campo después de escuchar cómo la grada gritaba “¡uh, uh, uh!”, imitando a un mono. El árbitro intentó frenar al jugador del Barcelona, que al final decidió quedarse convencido por Ewerthon, jugador del Zaragoza.

Aparte de los gritos e insultos, la otra práctica de los aficionados racistas es la de lanzar plátanos a los jugadores. Dos de los mejores porteros de la historia del Espanyol, Thomas N’Kono y Carlos Kameni, sufrieron estos actos en varias ocasiones. Dani Alves, exlateral del Barcelona, decidió devolverles la burla a los racistas, y cuando en 2014, en el campo del Villarreal, vio cómo le lanzaban un plátano cuando se disponía a sacar un córner, el brasileño lo recogió y se lo comió mirando directamente a la grada.

En ninguno de los casos, el árbitro decidió parar el partido. La única ocasión en la que se ha suspendido un partido en España por insultos fue el año pasado, en el enfrentamiento entre el Rayo Vallecano y el Albacete, cuando el árbitro paró el encuentro al descanso por gritos contra Roman Zozulya, al que acusaban de nazi.

Una lacra internacional

En el resto de países de Europa, en mayor o menor medida, también sufren estos problemas para combatir el racismo. A comienzos de esta temporada, Neymar denunció insultos racistas por parte de Álvaro González durante el partido entre el PSG y el Marsella. El español negó las acusaciones y no hubo sanción por parte de la Ligue 1. El exinternacional galo Patrice Evra, retirado, afirmó en redes sociales que la selección recibe multitud de amenazas e insultos contra sus jugadores, la mayoría de raza negra. “Deschamps (seleccionador), llévate a tus monos y vete a África”, rezaba una de las cartas recibidas, según afirma el lateral, que denuncia que nunca se investigaron las amenazas.

Evra también denunció en su momento a Luis Suárez, cuando el uruguayo jugaba en el Liverpool. La federación inglesa tomó cartas en el asunto y sancionó al delantero con ocho partidos. Recientemente, la FA también interpuso una sanción de ocho partidos al portero español Kiko Casilla, perteneciente al Leeds, por insultos racistas a un rival.

La pasada campaña, en Portugal, se vio una de las escenas más duras de los últimos tiempos en este aspecto. El delantero del Oporto Moussa Marega se hartó de los insultos racistas durante un partido contra el Vitoria de Guimaraes e intentó abandonar el campo. Tanto el árbitro como sus compañeros trataron de calmarle y evitar que se marchase en lugar de apoyar su protesta. Su entrenador ordenó rápidamente el cambio ante la intención de Marega de no seguir jugando, para que su equipo no se quedará con 10. “Querría simplemente decir a esos idiotas que vienen al estadio a lanzar gritos racistas que se jodan. Agradezco también a los árbitros que no me hayan protegido y me hayan mostrado una tarjeta amarilla por defender mi color de piel”, afirmó el delantero tras el partido. La Federación portuguesa impuso una sanción económica al club que no alcanzaba los 20.000 euros.

Italia es uno de los países donde este problema está más arraigado. Romelu Lukaku, Mario Balotelli, Blaise Matuidi o Franck Kessié denunciaron insultos racistas la pasada temporada en varios encuentros, haciendo que la Serie A reexaminase sus protocolos para estos casos. El delantero belga del Inter sufrió también un incidente racista en Champions, contra el Slavia de Praga el año pasado, al que respondió tras marcar un gol, señalando a la grada que le había insultado durante el partido. El árbitro, a pesar de los avisos de los compañeros del belga, no detuvo el partido.

En la otra gran liga europea, la Bundesliga, también han tenido varios incidentes racistas en los que no se detuvo el partido. El año pasado, el joven jugador del Hertha de Berlín Jordan Torunarigha, de 22 años, tuvo que escuchar numerosos cánticos racistas durante un partido contra el Schalke 04. El central se tiró al suelo y rompió a llorar en mitad del partido. Su compatriota Jerome Boateng levantó la voz y tras el incidente afirmó que él también había sufrido esos comentarios en varias ocasiones.

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