La huella imborrable de José Luis López de Lacalle

El Mundo.- ETA asesinó en el año 2000 al columnista de EL MUNDO en Andoain tras ser perseguido por entorno radical de la banda.

«No ha habido nadie como él», susurra una de las últimas vecinas de Andoain que habló con José Luis López de Lacalle el 7 de mayo de 2000. Minutos más tarde, a punto de llegar a su casa y cuando buscaba en los bolsillos las llaves para abrir su portal, fue tiroteado por José Ignacio Guridi Lasa. Veinte años después, las últimas horas con vida del militante comunista, del luchador antifranquista, del intelectual tolerante, cobran una especial relevancia política.

Su familia y uno de sus amigos más íntimos constatan que De Lacalle fue consciente en todo momento del riesgo que suponía desafiar a ETA con el testimonio de la palabra y con la valentía de mantener intactas sus rutinas.

El viento sur se arremolina en los soportales del bloque en el que De Lacalle fue feliz hasta que Guridi Lasa, con la cobertura de Asier Arzalluz, le pegó cuatro tiros. El 7 de mayo de 2000, sin embargo, una lluvia fina obligó a De Lacalle a echar mano del paraguas de cuadros granate con el que emprendió la subida por la Calle Mayor de Andoain.

En casa, Mari Paz Artolazabal y su hijo Alain esperaban confiados su vuelta. «Todos éramos conscientes del riesgo, pero nunca se nos confesó expresamente», recuerda Alain. Bromista, extrovertido y curtido en mil vivencias, incluidas las cárceles franquistas, De Lacalle relativizaba hacia fuera la persecución violenta de la que era objeto.

«Los de segunda división tenemos las amenazas de los cócteles; los de primera división, las de las bombas», respondió De Lacalle en la entrevista publicada por este periódico cuando el 29 de febrero lanzaron cuatro cócteles molotov contra su piso.

DE LA LIBRERÍA STOP AL BAR ELEZKANO

Negar la evidencia se convirtió en un antídoto para ahuyentar el miedo. Perseguidos por ETA y su entorno social como él repetían el mismo gesto. «Me había dicho hacía poco, ‘Estanis tú tienes que tener mucho cuidado’. Y yo le decía ‘tú eres el que tienes que tener mucho cuidado’. Y entonces me respondía que estaba tranquilo porque ya se había jubilado», rememora Estanis Amutxastegi.

Ex alcalde socialista de Andoain (2009), Amutxastegi mamó la militancia antifranquista en la barbería de su padre José Mari, ágora para el debate político en la dictadura que de paso le permitía a De Lacalle lucir un esculpido a navaja, todo un lujo en la década de los 60.

Relegados miedos y amenazas, De Lacalle continuó su paseo diario hasta la librería Stop, «la de Mari Luz», como subraya Amutxastegi. Veinte años después, los clientes aguardan en la acera a que Mari Luz, tapada con una mascarilla, les venda el ejemplar del periódico del día. De Lacalle, como cada domingo, compró ocho, entre ellos EL MUNDO, en el que escribía. «Siempre fue un gran lector de periódicos, el contraste de la información era fundamental para él», constata Alain, educado en el respeto a cualquier ideología.

Con las dos bolsas con periódicos en una mano y el paraguas en la otra, De Lacalle caminó junto al bar Daytona -el lugar donde fue asesinado su amigo Joseba Pagazaurtundua el 8 de febrero de 2003- para cumplir con el rito de disfrutar de una primera ojeada las portadas con un café con leche y croasant en el bar Elezkano. Un auténtico placer para un hombre forjado en la lucha obrera, que en 1966 fue detenido en Zumárraga por la Policía cuando casi 300 trabajadores escenificaron la creación de las Comisiones Obreras de Guipúzcoa, de las que fue fundador.

Cinco años y medio de cárcel en SoriaSegovia y Carabanchel mientras en Andoain, Mari Paz Artolazabal, su esposa, contaba los días para su puesta en libertad.

«MUY PRONTO NOS SENTIMOS PERSEGUIDOS»

Una libertad de la que pudo disfrutar muy poco, porque la represión del tardofranquismo se mutó en acoso por parte del nacionalismo radical de ETA. «Muy pronto nos sentimos perseguidos», reconoce Amutxastegi. Quien fuera uno de los símbolos del Partido Socialista vasco frente al terrorismo etarra recuerda que comenzaron a llamarle «español» en 1979.

«Yo tenía mis convicciones. Igual que José Luis, nunca habíamos sido nacionalistas porque entendíamos que el nacionalismo surgía de la burguesía. Así de claro. Y lo sigue siendo para mí», recalca Amutxastegi, ya jubilado y dolido porque este jueves no podrá acercarse hasta el parque que lleva el nombre de su amigo José Luis y que fue inaugurado cuando él ostentaba la makila de alcalde .

Veinte años antes, De Lacalle caminó junto al ayuntamiento, ahora en obras, para regresar a su casa y comenzar la lectura de los diarios por los artículos de opinión. Nunca llegó a abrirlos. Guridi lo asesinó a bocajarro y ninguno de los miembros del comando Totto ha pedido perdón. Tampoco la izquierda abertzale, dirigida entonces y ahora por Arnaldo Otegi.

«Lo fundamental es la posición política de la izquierda abertzale, que haga una revisión crítica de su pasado en serio y que manifieste que el terrorismo nunca debió existir. Eso no lo han hecho todavía, más allá de declaraciones cosméticas», demanda Alain.

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