Un ‘gadgeto’ brazo solidario para niños con diversidad

Fuente: El Mundo
Fecha: 23/07/2017

Hace dos veranos que Carmen sueña con hacer piragüismo. Nació con agenesia de mano derecha, una malformación congénita que impidió que se le desarrollara este miembro. Lo de coger un remo para ella es algo imposible, pero será por poco tiempo. La empresa Nación Pirata y el grupo de investigación Autofabricantes del espacio municipal Medialab-Prado trabajan incansablemente para que en las próximas semanas desaparezcan las limitaciones que impiden a esta niña de nueve años probar fortuna en este deporte acuático.

Con el apoyo de la Fundación Rafa Puede han fabricado una prótesis mecánica de brazo con impresoras 3D utilizando materiales biodegradables muy flexibles y un anclaje universal para intercambiar diferentes ‘gadgets’. Gracias a la SuperGiz -que así se llama-, Carmen y otros niños con diversidad en sus extremidades superiores podrán mejorar su calidad de vida. Sostener cubiertos y vasos, abrocharse los botones de una chaqueta o subirse una cremallera son sólo algunas de las actividades cotidianas que podrán realizar, además de otras más lúdicas como jugar al tenis, montar en bicicleta, nadar o sujetar un móvil y una tableta.La idea surgió en la cabeza de Antonio Maeso, co-fundador de la compañía Nación Pirata. «Creamos la empresa hace un año y desde entonces teníamos claro que queríamos poner en marcha proyectos sociales, con especial atención hacia las personas con discapacidad», relata.Maeso y su socia, Cristina Coello, aportan parte del beneficio que les reporta la venta de gafas y relojes online y su propio tiempo.

Junto con un equipo de dos técnicos y una fisioterapeuta han trabajado durante seis meses para elegir materiales y estudiar diferentes opciones.En el mes de junio organizaron unos talleres en los que ocho niños de entre cinco y 11 años con diversidad en sus miembros superiores explicaron las dificultades con las que se encuentran en su día a día y propusieron diferentes ‘gadgets’ para ser más autónomos, que posteriormente les han sido donados.Héctor propuso uno para botar una pelota de baloncesto. Es un deporte que practica habitualmente y en el que tiene muchas dificultades y le han diseñado una especie de raqueta para que pueda superarlas. Están realizando los últimos ajustes, pero mientras prueba el invento este niño de 10 años no para de sonreír. «Me gusta y también puedo usarla para lanzar pelotas de pádel. Hasta ahora tenía que dejar la raqueta en el suelo para hacerlo», confiesa.El proyecto no tiene límites e irá creciendo en función de las necesidades que desarrollen los niños. «Queremos probar uno para bolígrafo porque hay niños a los que les faltan las dos manos y algo para que puedan usar el teclado del ordenador», anuncia Francisco Díaz, técnico de Medialab-Prado, un laboratorio ciudadano de producción e investigación que depende del Ayuntamiento de Madrid. La prótesis estética más básica cuesta alrededor de 3.000 euros. Las mioeléctricas rondan los 20.000 euros y tienen el inconveniente de que no en todos los casos son cubiertas por la Seguridad Social y deben cambiarse cada dos años, conforme el niño vaya creciendo.

En cambio, el precio de la SuperGiz oscila entre los 400 y los 450 euros y todas aquellas personas que cuenten con una impresora 3D y conocimientos de diseño para adaptar el modelo al muñón del niño pueden fabricarla por tan sólo 30 euros.»Se trata de un prototipo de código abierto que puede encontrarse en la plataforma Thingiverse. Se puede descargar, mejorar y volver a subir», añade Díaz.Actualmente se encuentran buscando financiación para expandirse y llegar a niños de otras provincias españolas y dar el salto al extranjero. «Queremos encontrar colaboración para donar impresoras y ‘know how’ para que a través de ONG se puedan llevar a niños de otros países estas prótesis. Por ejemplo, a víctimas de minas antipersona», anuncia Antonio Maeso. Un cooperante ya se ha puesto en contacto con ellos porque cree que el proyecto tiene potencial en Mali y otros países africanos.

De momento, en otoño tienen previsto hacer más talleres para llegar a más niños y mejorar el proyecto. «El límite es la imaginación de los niños. Seguro que en el siguiente taller aparecen cosas muy locas», augura Díaz.

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