Elena del Barrio, experta en edadismo: «La discriminación a los mayores se ha naturalizado en nuestra sociedad»

  • Estas situaciones transforman la toma de decisiones, dejas de hacer cosas, dejas de tener una vida como tú desearías… hasta el límite de que se convierten en maltrato».
  • «Se ha hablado mucho de las personas mayores durante esta pandemia pero pocas veces se les ha preguntado».
  • Según la OMS el edadismo es la tercera causa de discriminación en el mundo después del racismo y el sexismo.

20 Minutos.- Para la gran mayoría el término ‘edadismo’ es todavía un gran desconocido, sin embargo, según la Organización Mundial de la Salud, en la actualidad es la tercera causa de discriminación en el mundo después del racismo y el sexismo. Nadie está exento de sufrir exclusión a causa de su edad pero la sociedad ha normalizado y sigue normalizando a diario prácticas edadistas, en muchas ocasiones sin darse cuenta, que infantilizan o marginan a las personas por el mero hecho de cumplir años e ir envejeciendo.

 El próximo 25 de marzo, la Fundación Asispa organiza unas mesas de reflexión en torno a este problema, que se ha visto agravado además en el último año a causa de la pandemia (podrán seguirse en directo y de forma online en su canal de YouTube). Bajo el título Cuando la edad no es el problema y moderadas por la periodista Isabel Gemio, esta jornada en torno al edadismo y las claves para visibilizarlo y superarlo reunirá a expertos como la escritora Inma ChacónErnesto Caballero, presidente de la cooperativa de cohousing senior Convivir; la actriz Rosa Merás del colectivo de50pararriba y la socióga Elena del Barrio, que ctualmente trabaja en Fundación Matia Instituto desarrollando proyectos relacionados con el envejecimiento activo, las condiciones de vida, los usos del tiempo de las personas mayores y trabajando en proyectos Age-Friendly Cities and Communities.
Precisamente con ella charlamos en esta entrevista exclusiva para 20Minutos sobre los retos para acabar con los prejuicios que rodean a la edad y el envejecimiento.

¿Cómo es posible que la edad sea la tercera causa más común de discriminación en el mundo por detrás del racismo y el sexismo pero no se escuche tanto hablar de ello?

La discriminación por razón de edad es algo que se ha naturalizado en nuestra sociedad, prima el mito de la eterna juventud y nadie que se quiere hacer viejo. De alguna manera toda la sociedad ha interiorizado que ser o hacerse mayor es algo negativo. Y esto se ve en las situaciones más comunes, por ejemplo, cuando te preguntan la edad lo normal es que sea un piropo que te digan que pareces más joven.

Pero lo que hay que reivindicar es un orgullo de edad porque en la sociedad actual ha cambiado mucho la forma de envejecer y los estereotipos asociados a la edad. Sigue prevaleciendo en el imaginario colectivo que hacerse viejo es esa persona con boina y bastón, esa mujer encorvada que va de negro del ámbito rural o personas mayores en situación de dependencia, frágiles y solas.

Es curioso porque el edadismo es la discriminación que todos vamos a sufrir en algún momento de nuestra vida si nos hacemos mayores y, sin embargo, prácticamente todo el mundo de alguna manera también es culpable de esta forma de mirar el envejecimiento. Afortunadamente en los últimos años se está avanzando en algunas cuestiones: las nuevas generaciones de personas mayores rechazan esta etiqueta y rompen con los estereotipos. Si embargo con la pandemia y la crisis del Covid se han vuelto a dar algunos pasos hacia atrás. Se ha estigmatizado otra vez la vejez, ser mayor de 70 es igual a situación de riesgo y fragilidad.

¿Existen los microedadismos? ¿Cuáles son las principales formas en las que se materializan y cómo los podemos evitar?

Desde luego que existen los microedadismos, el ejemplo más común, cuando te preguntan qué edad tienes y te dicen que pareces más joven de manera positiva. También se dan en temas asociados con las nuevas tecnologías, cuando utilizas frases como ‘no me entero con las redes sociales’ lo asocias a que eres una persona mayor; o en temas de la vida cotidiana como, por ejemplo, cuando hablas con una amiga, te dice que no va a salir y te pone el icono de la mujer mayor en el móvil.

Por otro lado, el tema de la sobreprotección y el paternalismo con los mayores es algo que está muy extendido. Y, además, se replica una y otra vez por los medios de comunicación y por el discurso político. Cuando se habla de las personas mayores en estos ámbitos se utilizan expresiones como ‘nuestros mayores’ que tienen siempre una connotación paternalista y proteccionista. A todos nos chocaría que se hablase así de ‘nuestras mujeres’, ‘nuestras minorías étnicas’ o ‘nuestros negros’. ¿Por qué entonces hablan de los mayores utilizando esa expresión? Pues porque con los mayores que hay una especie de línea que une el paternalismo con el cariño pero en la que de alguna manera se cruza la frontera de ser condescendientes. Algo que también pasa mucho es infantilizar a las personas mayores, tratarlas como a niños, sobre todo si tienen algún tipo de deterioro cognitivo. Si a las mujeres, por ejemplo, nos tratasen de manera condescendiente enseguida nos saltarían las alarma pero en temas de mayores está como muy aceptado este tipo de trato. Y aunque no nos demos cuenta esto es minusvalorar a las personas, no tratarlas como a iguales.

Y esto es algo que se agravado mucho más con la llegada de la pandemia.

Efectivamente, esto ha pasado muchísimo con el tema de la pandemia: hijos que dicen a los padres que dejen de salir o que dejen de hacer esto o lo otro. Tomar decisiones por estas personas es algo que con esta situación de crisis ha sido más flagrante y se ha extendido mucho más. Y esta forma de querer sobreproteger, por encima de la libertad de las personas y de su propia toma de decisiones, es algo negativo que de alguna manera también incide en las propias personas mayores. Es lo que se conoce como la profecía autocumplida: si le dices no salga porque estás en riesgo, porque eres mayor.… Todo eso va calando.

Un estudio muy interesante que se publicó hace relativamente poco hablaba de cómo una persona que tiene normalizados esos estereotipos negativos acerca de lo que es envejecer puede tener hasta una esperanza de vida de hasta siete años menos que una persona que tenga una experiencia positiva de lo que es el envejecimiento.

Y esto es muy importante, porque durante esta pandemia mucha gente que tiene 70 años – que ahora mismo no tiene nada que ver con lo que suponía tener esa edad hace 20 años por estilos de vida, los hábitos de salud, el nivel educativo… – no se han identificado con esa etiqueta de persona mayor. Y, sin embargo, con el Covid se ha marcado bastante esa edad y les ha caído un estigma que ha igualado los 70 años a situación de riesgo. Es lo que han repetido una y otra vez el discurso político, los medios… y creo que a muchas personas que estaban perfectamente de salud y que se sentían estupendamente, de repente esto les ha podido hacer mella en cómo vivir su propio envejecimiento de una manera contraproducente. Nos lo dicen los estudios: que las personas mayores tengan una imagen negativa de lo que es envejecer es peor para tu salud y para los años de vida que les quedan. Esta pandemia ha dañado mucho a la población mayor en general, además de con vidas, en el ámbito del imaginario social. Y esto pasa de una manera mucho más velada.

Cuáles son las principales consecuencias que puede tener para una persona mayor sufrir este tipo de discriminación de una forma reiterada en su vida diaria. ¿Cómo puede repercutir todo esto?

En la vida diaria estas situaciones transforman la toma de decisiones, dejas de hacer cosas, cambias tus hábitos de vida, dejas de tener una vida como tú desearías… hasta el límite de que se convierten en situaciones de maltrato. La minusvaloración se convierte en algo común desde el momento en que entendemos que las personas mayores están en un ámbito inferior al resto de la población. No se les presta atención, no se les pregunta, no se les escucha… Se ha hablado mucho de las personas mayores pero pocas veces se les ha oído. Recuerdo algunos titulares de periódico, incluso a algunos expertos, que en el inicio de la pandemia decían: ‘va a morir gente pero son personas mayores’. Se minusvaloraba, incluso, que las muertes fuesen de personas mayores.

¿Qué debe poner de su parte la sociedad para evitar esta situación?

Por un lado, la propia persona mayor que tiene que poner los límites de quién controla su vida pero es verdad que también en resto tenemos cosas por hacer. Por un lado, las familias tienen que cambiar la forma de ver a las personas mayores, a sus padres y abuelos, y esto empieza también por un cambio social. La sociedad debe dar un paso adelante para tratar a las personas mayores de manera igualitaria que es lo que piden otros movimientos, otros “ismos”. No a la minusvaloración ni al paternalismo pero tampoco a ese halo de respeto a tus mayores. El respeto se debe dar a todas las personas por igual, independientemente de la edad que tengan, pero sí que hay que avanzar por un trato igualitario a las personas mayores porque ellos reclaman que les dejen estar en la familia igual que el resto de sus miembros y poder opinar.

«La sociedad se debe dar un paso adelante para tratar a las personas mayores de manera igualitaria. No a la minusvaloración ni al paternalismo»

Aparte, en el ámbito de las políticas hay que luchar porque la edad cronológica no sea un instrumento para decidir cosas, como ha podido pasar durante esta pandemia. Tomar como referencia la edad cronológica para diseñar políticas es un error porque se está intentando homogeneizar un grupo muy diverso, de generaciones que no tienen nada que ver, que han tenido diferentes itinerarios vitales. Una persona de 60 no tiene nada que ver con una de 90.

Y los medios de comunicación también tienen un papel importante. Deben trabajar tanto en la imagen de los mayores que se utiliza como en el lenguaje. Un ejemplo claro: el término ‘nuestros mayores’ debería estar fuera del lenguaje de los medios, se debe hablar de personas mayores. Los titulares están llenos también de la palabra ‘abuelos’ para identificar a cualquier persona mayor y ni todas las personas mayores son abuelas ni por supuesto el ser abuelo o abuela lo es todo. Es como si a las mujeres nos llamaran ‘esposas’ o ‘madres’. De alguna manera el rol de las personas mayores se ha asociado mucho a la familia, a la inactividad y a la jubilación.

Y por último, en el ámbito de las relaciones se viene trabajando mucho en programas intergeneracionales pero hacia donde hay que ir es a la naturalización de las relaciones, no en juntar a niños con mayores de una manera un tanto ortopédica… Hay trabajar intereses comunes: por ejemplo, unir a gente de diversas edades a las que le gusten las motos y a partir de ahí naturalizar las relaciones porque ahí es donde emerge unas relaciones entre iguales.

¿Y qué mecanismos de defensa debe utilizar la persona mayor?

Quienes están rompiendo con los estereotipos ahora mismo son las propias personas mayores, que reclaman una identidad propia, que una vez que se jubilan no dejan de ser lo que son ni lo que han sido… No puede ser que después de toda una vida implicados en un trabajo y con unas carreras profesionales la etiqueta ‘jubilado’ te defina y te quite tu identidad, te despoje de lo que fuiste. Estas personas reclaman mantener su identidad más allá de los 65 años cumplidos, que tienen unos estilos de vida muy diversos y que en algún momento llegará lo que el sociólogo Zygmunt Bauman acuñó como ‘modernidad líquida’ (Bauman fue Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010) y que yo denomino ‘edades líquidas’. Cada vez nos define menos nuestra edad y más nuestros estilos de vida. La forma de utilizar el ocio, lo que te gusta y lo que no… te define más que tener 43, 54 o 83 años.

¿La sociedad siempre ha sido edadista o es un problema que se ha agravado con el paso de los años?

El edadismo lleva ya bastante tiempo en la sociedad. Hay autores clásicos que ya escribían cosas bastante edadistas sobre lo que era envejecer, igualándolo a la decrepitud y cosas similares. Es cierto que ahora tenemos más la mirada en eso porque se le puso nombre en el año 1969 y desde entonces, aunque sigue siendo una forma de discriminación bastante desconocida para la sociedad en general, se han hecho numerosas investigaciones en torno al ámbito del envejecimiento.

Tenía la sensación de que en los últimos años se estaba evolucionando en la forma en la que se veía a las personas mayores pero el tema de la crisis del coronavirus y la pandemia nos ha hecho retroceder en ese sentido y también ha abierto la brecha entre generaciones. Jóvenes y mayores han estado en el punto de mira estos meses y lo peor es que se ha puesto en oposición a unos y otros: a los jóvenes como culpables por salir, no seguir las normas, porque la enfermedad no les afecta tanto… y a los mayores porque son los que enferman, los que mueren…. Se han generado incluso debates de si eran los mayores los únicos que debían tener restringida la movilidad. Y esto ha hecho que las generaciones se separen más.

Esta brecha, además, se está alimentando mucho en los medios de comunicación, que trabajan mucho sobre los estereotipos y generalizaciones. Y es cierto que hay gente joven que sale y hace fiestas pero hay muchísimos otros que no lo hacen. Esta manera de generalizar, de homogeneizar a jóvenes y mayores y de enfrentarles va a hacer mucho daño y se va a necesitar mucho tiempo para que se puedan volver a encontrar.

Has dedicado tu carrera a desarrollar diversos proyectos relacionados con el edadismo y a buscar posibles soluciones. ¿Cuál es el camino para poder crear sociedades amigables con las personas mayores?

Trabajar en unas relaciones entre personas con un propósito común, que las generaciones se pongan a pensar en cómo vivir mejor esta situación que estamos sufriendo. En proyectos de ciudades amigables de lo que se trata es que nuestros pueblos y ciudades estén cada vez más adaptados a las personas que viven en ellos, incluidas las que envejecen. El propósito común es algo que nos une y hace avanzar. Para que se dé la amigabidad hay que promover la participación ciudadana de todas las generaciones, la implicación en la toma de las decisiones de la ciudad donde vives, hacia dónde quieres que vaya tu entorno y cómo mejorarlo, tanto el entorno físico como el social: como relacionarnos con nuestros vecinos, con la comunidad…

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