Día Internacional de Nelson Mandela: una fecha que recuerda la lucha contra la discriminación

El Español.- Desde 2010, cada 18 de julio se conmemora el Día Internacional de Nelson Mandela. Con él, se rinde homenaje a la vida y trayectoria del reconocido activista y político sudafricano, primer presidente de la República de Sudáfrica tras la caída del apartheid, el sistema político que entre 1948 y 1994 se basó en la segregación racial y en la discriminación legal de la poblaciòn negra, mayoritaria en el país.

La decisión de proclamar este día se tomó por unanimidad en la Asamblea General de Naciones Unidas el 10 de noviembre de 2009. En el texto aprobado se señala que se trata de un justo homenaje a un líder que promovió “la lucha por la liberación y la unidad de África, y su excepcional contribución a la creación de una Sudáfrica no racial, no sexista y democrática”, sin olvidar su papel en la “protección de los derechos humanos, la reconciliación, la igualdad entre los géneros, los derechos de los niños y otros grupos vulnerables”.

Sin duda, se trata de una de las figuras claves del siglo XX, y por eso, queremos acercarnos hoy a su historia.

Una vida marcada por el activismo y la represión

Rolihlahla Mandela nació el 18 de julio de 1918, en la Unión Africana, territorio que formaba parte de los dominios del Imperio británico. El nombre de Nelson lo adquirió a los siete años, al bautizarse para asistir a una escuela metodista, cuando adquirió el nombre de Nelson. A partir de ese momento, comenzaría a interesarse por la historia africana y los movimientos antiimperialistas, lo que acabó influyendo en sus inquietudes políticas y sociales del futuro.

Sus primeros contactos con la vida política del país se dieron cuando comenzó a estudiar la licenciatura en Artes en el Colegio Universitario de Fort Hare, de donde fue expulsado por participar en diversas protestas estudiantiles.

Pero el paso decisivo lo dio en 1944, al ingresar en el partido con el que acabaría siendo presidente del país: el Congreso Nacional Africano. Durante estos primeros años, llegó a convertirse en uno de los artífices del crecimiento del partido. También comenzaron sus problemas con la justicia, al liderar algunas campañas de desobediencia civil contra las leyes del apartheid.

En un contexto turbulento, Mandela fue arrestado y juzgado en numerosas ocasiones. Asediado por el régimen, en 1962, con el nombre falso de David Motsamayi, abandonó en secreto Sudáfrica. Viajó por África e Inglaterra para tratar de obtener apoyo internacional. Capturado a su regreso, fue acusado de salir del país sin permiso e incitar a la desobediencia civil.

En uno de los juicios, en 1964, pronunció su famoso discurso desde el banquillo, en el que hizo un alegato en favor de la igualdad y la democracia: “He luchado contra la dominación blanca y he luchado contra la dominación negra. He acariciado el ideal de una sociedad democrática y libre en la que todas las personas convivan en armonía y con igualdad de oportunidades”.

Mandela fue condenado, junto con otros compañeros, uno de ellos blanco, a cadena perpetua. Al enfermar de tuberculosis, pudo pasar los últimos meses de condena en arresto domiciliario, hasta que, por fin, en 1990, fue liberado. A pesar de encontrarse privado de libertad, en 1998, fue el primer reconocido por el Parlamento Europeo con el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia, junto con el disidente soviético Anatoli Márchenko.

Durante el apartheid, la pertenencia a una u otra comunidad determinaba absolutamente cada aspecto de la vida cotidiana de la población sudafricana. Ernest Cole

Por fin en libertad, tras nada menos que veintisiete años en cautiverio, dieciocho de ellos realizando trabajos forzados en una cantera, Mandela fue elegido presidente del CNA y comenzó a trabajar para poner fin al apartheid, junto con el entonces presidente Frederik de Klerk. Como reconocimiento a esta labor en favor de la paz y la concordia ambos recibieron el Premio Nobel de la Paz en 1993.

Finalmente, y tras décadas de represión, el 10 de mayo de 1994, Mandela asumió el poder como primer presidente de Sudáfrica elegido por sufragio universal. Durante su mandato, lograr la reconciliación nacional y evitar un país dividido por el odio racial fue una de sus obsesiones. Para hacerlo posible, se preocupó por dar cabida en su gobierno a una amplia representación de los que durante el apartheid fueron sus adversarios políticos.

A este respecto, afirmó que “los valientes no temen al perdón, si esto ayuda a fomentar la paz”. Un hito fundamental en esta línea fue el apoyo que brindó a la selección nacional de rugby, los Springbooks, que pasó de ser un deporte odiado por la población negra, al estar copado por blancos, a convertirse en el emblema más visible de esa reconciliación que tanto anhelaba.

Mandela se mantuvo en el cargo de presidente hasta 1999, año en el que renunció. Desde entonces, continuó trabajando para hacer realidad su sueño de una sociedad más libre y más justa, hasta su muerte, a los 95 años, el 5 de diciembre de 2013.

Reivindicaciones vigentes

El apartheid ha sido uno de los regímenes políticos más crueles de la segunda mitad del siglo XX. Y es cierto que su desmantelamiento supuso un rayo de luz y esperanza que habría de guiar a la humanidad a un mundo en el que la discriminación racial habría de desaparecer.

Un hecho que reconoce Naciones Unidas, que en su página web señala que en las últimas décadas, tanto el apartheid como otras leyes y prácticas racistas se han suprimido en muchos países, al tiempo quese ha construido un marco internacional para luchar contra el racismo, guiado por la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial.

Unos avances que, sin embargo, no han evitado que “en todas las regiones, muchos individuos, comunidades y sociedades sufren de la injusticia que el racismo y el estigma traen consigo”.

Pero no solo eso, sino que como hemos explicado en otras ocasiones en ENCLAVE ODS, siguen vigentes diversas formas de discriminación, además del racismo, en todo el mundo. Entre ellas, no podemos olvidar la aporofobia, el capacitismo, el sexismo o el edadismo, por citar solo algunos ejemplos. Unas prácticas que, al fin y al cabo, no hacen más que demostrar la necesidad de seguir avanzando en la línea que Nelson Mandela marcó en su reivindicación de una sociedad de la que erradicar todo tipo de discriminación.

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