Del diccionario al Código Penal: el delito de aporofobia busca castigar el odio al pobre y acabar con su invisibilización

  • España es uno de los países pioneros en Europa en considerar la aporofobia un delito de odio
  • Las asociaciones impulsoras celebran y esperan que provoque un cambio en la actitud hacia las personas sin hogar

Rtve.- Todo comenzó con un mediático crimen en 2005, cuando dos jóvenes quemaron viva en el cajero donde dormía a Rosario Endrinal, una mujer sin hogar. Los hechos pusieron el foco en la violencia que sufre este colectivo por el mero hecho de existir, e intensificaron la campaña de varias organizaciones para que se persigan actos como estos, que pocas veces acaban en denuncia.

Más de 15 años después, este trabajo dio resultados: la aporofobia, o el odio hacia las personas pobres, se incluirá en el Código Penal como delito de odio y como agravante y se castigará con mayor dureza a sus agresores. «Les podemos decir a las personas sin hogar que las agresiones que consideraban normales no lo son y se han de castigar de manera diferente», dice a RTVE.es Bea Fernández, abogada y responsable del equipo jurídico de Arrels, una entidad de apoyo a las personas sin hogar en Barcelona.

Hasta ahora, señala Fernández, quienes han pasado por la calle les explicaban situaciones de violencia que habían pasado «como de pasada, como situaciones normales». «Ellos mismos no detectan que son situaciones de aporofobia», lamenta. Este término ni siquiera existía hasta 1995, cuando fue acuñado por la filósofa Adela Cortina para denunciar que el rechazo a la pobreza y a las personas que la sufren pervive por debajo del racismo y está detrás de los discursos contra la inmigración.

En 2017, tras una campaña de varios ‘sintecho’ vinculados a Arrels, la Real Academia la incluyó en el diccionario, y se intensificó la campaña para que llegara también a la ley. Finalmente, la inclusión de este delito en el Código Penal llegó la semana pasada mediante la aprobación de la Ley de Protección de la Infancia o Ley Rhodes.

«Estamos muy satisfechos a pesar de todos los años de trabajo. Esto lanza el mensaje a la sociedad de que las personas en situación de sinhogarismo requieren un extra de protección por nuestra parte, y a los potenciales agresores les dice: ‘esto no te va a salir gratis'», desgrana Maribel Ramos, subdirectora de la fundación Hogar Sí.

Una violencia no solo física: «Tú que hueles mal no puedes estar aquí»

La aporofobia no suele llegar a los extremos que sufrieron Rosario Endrinal u otras personas sin hogar asesinadas. Suele expresarse de maneras más sutiles. «Hay desprecios cotidianos que son la base de esas violencias más directas», afirma Santi Gimeno, de la asociación de integración social Realidades. Gimeno cita, por ejemplo, «la discriminación a la hora de acceder al sistema sanitario o laboral o simplemente cómo trata la gente a alguien que está en la calle».

«Insultos, faltas de respeto, humillaciones o discriminación a la hora de entrar en sitios», son algunas de las situaciones que más repiten quienes solicitan ayuda en Arrels. «‘Tú que tienes mala pinta o hueles mal no puedes estar aquí'», es uno de los ejemplos de discriminación habitual, asegura Fernández. En el caso de las mujeres, además, aparece una violencia específica y «una situación de vulnerabilidad mayor», según Gimeno.

Más allá, también son comunes los robos de las pocas pertenencias que puedan tener o los golpes y palizas, pero ni siquiera esas agresiones obvias se llegan a denunciar. Las personas sin hogar no reportan estos actos «por su sentimiento de desconexión con la sociedad», según Gimeno o bien no lo hacen «porque tienen otras necesidades, como la comida, el aseo o el techo, y no ven que denunciando se vaya a dar respuesta a ellas», apunta Fernández.

También entra en juego la «desconfianza» hacia las autoridades, señala Gimeno, ya que «la policía ha sido un peligro para ellos: les han desalojado de donde dormían, les han molestado, etcétera».

«La sociedad se ha dado cuenta de que alguien sin hogar es como tú y como yo»

Que ahora la aporofobia esté recogida como un agravante penal no supondrá que «aumenten las denuncias en el corto plazo», según creen desde Arrels, pero sí que servirá para qué las personas sin hogar sean más conscientes de sus derechos «y que no pasen desapercibidos».

También será un instrumento para la magistratura, que tendrá en la mano la ley para poder imponer penas más duras, o para las fuerzas policiales, que ya llevaban usando una instrucción de 2015 para recoger este tipo de agresiones, pero ahora tendrán mayor seguridad jurídica.

Que el tema haya saltado al debate general, además, «genera un cambio de mirada en la opinión pública, hace que se identifiquen más estos delitos si alguien los ve», añade Gimeno. El 68% de los testigos de una agresión a una persona sin hogar no ha hecho nada, según un informe de Hogar Sí.

La modificación del Código Penal puede llegar a cambiar la imagen que tenemos de las personas en esta situación. «En el imaginario colectivo alguien que está en la calle es alguien que ha hecho algo, que ha tomado malas decisiones, tiene adicciones o problemas de salud mental», subraya el trabajador de la asociación Realidades.

Esto empezó a cambiar a partir de la crisis de 2008 y los desahucios que llevaron a miles de personas a la calle. Con la actual crisis ha vuelto a ocurrir lo mismo y organizaciones como la suya reciben cada vez  «más peticiones de atención por parte de familias». «La sociedad se ha dado cuenta de que alguien que está sin hogar es alguien como tú y como yo, alguien que sufre una mala política pública de vivienda, de empleo o igualdad».

Penas de hasta tres años de prisión

Además del agravante por aporofobia, que se incluirá en el artículo 22.4 del Código Penal, la nueva ley modifica el artículo 510, por el cual se castigarán con penas de prisión de uno a tres años o multas de uno a dos años quienes «promuevan o inciten el odio» a personas por razón de su raza, etnia, origen, sexo, orientación, y ahora también por aporofobia o exclusión social.

También podrían llegar a prisión personas encargadas de un servicio público o de una empresa que denieguen el acceso a una prestación por aporofobia y se perseguirá también a organizaciones políticas que discriminen a las personas sin hogar.

«En los discursos de la extrema derecha se puede considerar delitos de odio cuando dicen que los inmigrantes son peligrosos y nos quitan el trabajo. Pero cuando decía que las personas en la calle son peligrosas o potenciales delincuentes no estaba considerado delito de odio», explica Fernández.

Ahora, sin embargo, el odio o el rechazo a la pobreza se equiparará a otros agravantes como el machismo, el racismo o la homofobia. Desde Hogar Sí, una de las principales impulsoras de la reforma, advierten de que a pesar de suponer un claro paso adelante, la inclusión de la aporofobia en la ley no es suficiente. Según defiende Ramos, «lo que más protege a las personas en situación de sinhogarismo de los delitos de odio es tener una casa en la que vivir».

 

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