La red 764, el oscuro ecosistema online que extorsiona a menores para cometer violencia

La Vanguardia.- El FBI la considera una amenaza terrorista. Europol la vigila por su carácter transnacional y su extrema peligrosidad. Se llama 764 y es una red de extremismo violento de carácter nihilista que utiliza internet para captar y explotar sexualmente a menores, someterlos a extorsión y, en algunos casos, inducirlos a autolesionarse o participar en actos de violencia.

Este mes pasado, un joven de 17 años fue detenido en Getxo por ser el “principal referente” en España. Se le acusa de lanzar falsas amenazas terroristas contra centros educativos, organismos públicos y privados y varias personalidades entre enero y abril de 2026. En ellas, además, amenazaba con retransmitir en directo los supuestos asesinatos que pretendía cometer para que fueran presenciados por otros integrantes de la red.

La violencia se convierte en moneda de estatus

Su arresto ha vuelto a poner el foco sobre esta red, creada por otro adolescente, que tomó su nombre de los tres primeros dígitos del código postal de Stephenville (Texas), localidad natal de su fundador, Bradley Cadenhead. Aunque fue condenado en 2023 por delitos relacionados con material de abuso sexual infantil, 764 no desapareció. Tras su detención, el fenómeno ha evolucionado hacia una red descentralizada de grupos y comunidades online con presencia en varios países.

“764 es la expresión visible de una transformación más profunda: comunidades que generan y reproducen violencia sin una ideología que la ordene”, asegura Eleonora Esposito, investigadora en la Universidad de Navarra y experta en violencia machista digital. El fenómeno rompe, asegura, con el modelo clásico, pues la violencia deja de ser un medio para convertirse en un fin y en una moneda de estatus; los menores pueden ocupar simultáneamente el papel de víctimas y perpetradores; y la radicalización puede producirse dentro de comunidades de iguales, sin necesidad de una organización.

“Aunque se ha detenido a un referente, no se ha desarticulado, porque no tiene ni una sede ni un organigrama. Funciona como si fuese una ‘marca franquiciada’ que comparte un código de conducta y una economía de la reputación”, matiza Selva Orejón, perito judicial y CEO de Onbranding. En ese sistema, explica, no es una cuestión de dinero, es estatus puro y duro. “El reconocimiento se obtiene demostrando que se ha logrado instigar a otros a causar daño y, sobre todo, documentarlo. “Han conseguido gamificar el sufrimiento”, resume.

Cómo captan y extorsionan a menores

La captación empieza con una aparente relación de amistad, un interés común o incluso un vínculo romántico. A través de redes sociales, plataformas de mensajería, videojuegos y comunidades online, los agresores buscan ganarse la confianza de los menores para obtener información personal o imágenes íntimas. Después utilizan ese material para chantajearlos y aumentar progresivamente las exigencias, que van desde nuevas imágenes hasta autolesiones, maltrato animal o actos de violencia contra terceros.

Orejón lo denomina una empatía táctica en la que, posteriormente, les conducen a canales privados de adultos donde emplean tácticas de aislamiento, victimización y radicalización. Es muy común que las víctimas acaben siendo manipuladas para extorsionar a otras, creando una cadena infinita que se retroalimenta.

Silvia Semenzin, investigadora en AI Forensics, señala a Telegram como una de las plataformas de referencia para estas comunidades. “Los participantes se sienten protegidos. No solo comparten contenido violento, sino que incitan a la violencia e incluso la retransmiten sin que la plataforma haga nada”, denuncia. La experta recuerda el grupo privado de más de setenta mil usuarios de todo el mundo donde se compartían imágenes íntimas de mujeres o consejos para drogarlas y agredirlas.

De hecho, las únicas veces en las que, asegura, Telegram colabora con las autoridades se limitan a los casos más graves, como el terrorismo o material de abuso sexual infantil. Apple retiró el pasado 4 de agosto la aplicación de Telegram durante unas horas de su App Store después de que trascendiera un grupo en el que se distribuían imágenes de menores. “Telegram actuó enseguida. Borró el grupo y los contenidos. Este caso nos dice que, si realmente quieren actuar, pueden”.

Por qué son difíciles de investigar

La metodología de la extorsión complica, a menudo, la respuesta de las autoridades. Los miembros de 764 suelen preferir extorsionar a otros para que lleven a cabo las prácticas violentas. Este grado de separación suele implicar una gestión compleja de la red de comunicaciones encriptadas y salas de chat que se borran con frecuencia, abarcando múltiples jurisdicciones, para investigar a menudo delitos menores, así lo señala el informe del Institute for Strategic Dialogue (ISD), que investiga el extremismo y la desinformación en internet.

La cooperación internacional para eliminar estos ecosistemas es clave. Por eso, Europol y el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO) han coordinado, entre finales de junio y principios de julio de 2026, una operación conjunta con nueve países europeos. Las autoridades identificaron 4.340 enlaces vinculados a este tipo de contenido. Paralelamente, Europol cuenta con el proyecto Compass para combatir el ecosistema de The Com, un conjunto descentralizado de comunidades online, dentro del cual se sitúa 764, vinculadas al nihilismo, el neonazismo y el satanismo.

Aunque 764 opere principalmente en internet, seguir su rastro requiere combinar distintas técnicas de investigación. La perito judicial Selva Orejón recomienda la preservación de las pruebas: “A veces, las familias ven el contenido, se asustan y lo eliminan. Pero es importante preservar las evidencias y, si se puede, certificarlas para preservar la cadena de custodia”.

Buscan menores con problemas de autoestima, que sufren acoso escolar o que se sienten solos

En esta línea, Natalia Díaz, divulgadora especializada en derechos de la infancia, expone qué perfiles buscan estas redes. “Buscan menores con problemas de autoestima, que sufren acoso escolar o que se sienten solos. La captación suele empezar ofreciéndoles atención, reconocimiento o sentimiento de pertenencia a un grupo. Después ya viene la manipulación psicológica, el aislamiento, las sextorsiones o las amenazas para mantener el control”.

Por eso, las familias deben estar atentas a señales de alarma como cambios bruscos de comportamiento, mucho secretismo con el móvil, conexiones nocturnas, abandono de amistades y aficiones, descenso del rendimiento escolar, cambios en el estado de ánimo, etc. Y recuerda: “La prevención no consiste solo en controlar el móvil, sino en que los menores tengan un adulto de confianza al que puedan acudir si alguien les manipula, les amenaza o les hace sentir incómodos”.

Si los familiares detectan que los menores han caído en alguna comunidad violenta, “no culpabilizarlos y acompañarlos”. Eso rompe por completo el chantaje, porque los agresores suelen amenazarles con que tendrán problemas si se lo cuentan a sus padres o a la policía. “No hay que confrontarlos ni negociar con ellos: nada de pagar, ni borrar el contenido. Lo recomendable es no seguir interactuando con los agresores e informar a las autoridades. Además, esta situación debe abordarse también con apoyo psicológico”, detalla Selva Orejón.