Opinión | El instrumento HODIO versus discurso y delito del odio
Confilegal.- Anunciada como la “Cumbre Internacional contra el odio«, confusa expresión con escasa dimensión a tal efecto y que llamó la atención por excluir de la intervención a organismos de víctimas, policías, fiscales y jueces que tienen cometido en esta materia, la cumbre consistió en una amplia exposición de objetivos del presidente de gobierno y unas mesas tertulianas que abordaron la temática epidérmicamente y sin profundidad.
La intervención del presidente presentó un instrumento que denominó “Huella del Odio y de la Polarización (HODIO)”, con objeto de medir el discurso de odio y la violencia digital “para que deje de ser invisible”, trasladando obviedades como que en el espacio digital se desinforma, que hay acoso digital, que las redes sociales amplifican la polarización y que estamos ante grandes riesgos con el uso y desarrollo de la IA.
Podemos coincidir con su mensaje en que el espacio digital debe tener reglas; sirva de ejemplo nuestra reivindicación como víctimas y ciudadanos sensatos de que para participar en las redes sociales sea necesario estar identificado, evitando el anonimato que facilita la impunidad, al igual que sucede o debería suceder en otros medios y soportes mediáticos.
También coincidimos en la necesidad de educar en valores democráticos, ético-cívicos, para que el acceso a las redes no sea una invitación a verter basura y se respete la dignidad, libertades y derechos fundamentales de las personas, amparados constitucionalmente, así como en la necesidad de poner límites a su transgresión y combatir, con la ley y la justicia, el discurso y delito de odio mediante el reproche penal o administrativo.
De esto casi no se mencionó nada, centrándose en una mirada descriptiva y formal del instrumento (HODIO) a desarrollar.
A partir de aquí, las dudas y el escepticismo con ese “algoritmo-herramienta” comienzan con el aparato conceptual de su construcción, con sus posibles sesgos y limitaciones, por mucho que se revista de “académico-científico”; con la naturaleza, alcance y finalidad de su rastreo; con su licitud, que tendrá que estudiarse; y, sobre todo, con lo que debiera ser su objeto. ¿Es así como se combate el discurso de odio?

