Una activista LGBT denuncia que los libros de texto chinos discriminan a los homosexuales

Fuente: 20 Minutos
Fecha: 10/01/2017

  • Qiu Bai, lesbiana y estudiante universitaria, critica que se enseñe a los estudiantes que la homosexualidad es un “trastorno psicológico”.
  • La joven se personó en el Alto Tribunal Popular de Pekín, la máxima instancia judicial de la capital china, para denunciar la situación.
  • La isla de Taiwán debate en su Parlamento una futura legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo.

La activista LGBT Qiu Bai, quien lleva casi un año demandando al Ministerio de Educación chino para que retire de sus centros algunos libros de texto discriminatorios contra el colectivo gay, elevó hoy su denuncia a las máximas instancias judiciales de Pekín, después de varios intentos fallidos de llevar el caso a la Justicia.

Qiu, lesbiana y estudiante universitaria de la provincia de Cantón (sur), se personó hoy en el Alto Tribunal Popular de Pekín, donde le esperaban algunos simpatizantes con pancartas y banderas arcoíris, y presentó su demanda en una sala de juicios sin público, con la presencia de dos representantes del Ministerio de Educación.

La joven, que utiliza seudónimo en su campaña, sostiene que algunos libros de texto chinos todavía enseñan a los estudiantes que la homosexualidad es un “trastorno psicológico” que puede ser tratado médicamente con prácticas tan drásticas como las descargas eléctricas, por lo que pide la retirada de estos materiales.

“Son una muestra de discriminación, un mal ejemplo”, señaló Qiu, a quien las fuerzas de seguridad impidieron hacer declaraciones a la prensa en la entrada del tribunal. La activista subrayó que la retirada de este material educativo “es importante para los estudiantes homosexuales”.

Qiu subraya que ella misma fue víctima de malentendidos debido a ese tipo de textos. “Cuando me di cuenta de que era homosexual tenía miedo, no sabía si era normal o no, así que fui a la biblioteca de la universidad y también acudí a clases donde los materiales que utilizaron decían que ser gay era un problema tratable con electrochoques”, relató. “Me hizo sentir mucho miedo, por lo que quiero que otros estudiantes en mi situación no sufran con materiales así”, añadió la activista.

Los tribunales de Pekín rechazaron en primera instancia hacerse cargo del caso en octubre del año pasado, aunque admitieron la apelación en segunda instancia, de la que ha hecho uso Qiu hoy.

China despenalizó la homosexualidad en 1997 y la eliminó de la lista de enfermedades mentales en 2001, aunque algunas referencias discriminatorias aún permanecen en libros y manuales educativos. El colectivo LGBT ha intentado en los últimos años ganar visibilidad a través de actos públicos, pero la represión de la mayoría de los movimientos de la sociedad civil que se vive bajo el Gobierno del presidente, Xi Jinping, ha dificultado este activismo.

En contraste, la vecina isla de Taiwán, también en la órbita cultural china, está debatiendo en su Parlamento una futura legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, lo que de prosperar convertiría a ese territorio en el primero de Asia Oriental donde se podrían celebrar estas uniones. “Me parece que en China aún estamos lejos de llegar a eso”, aseguró Qiu.

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