Un juez de EE UU pide indulgencia para un adolescente acusado de violación por ser de “buena familia”

El País.- G. M. C., de 16 años, hizo circular el vídeo en el que aparecía con la joven, reconociendo que la había violado

“Cuando la primera vez que tuviste relaciones sexuales fue una violación”, decía el mensaje de texto que envió G. M. C., de 16 años, a sus amigos, adjuntando un vídeo en el que se le veía penetrar a una joven. Durante meses el agresor hizo circular las imágenes pese a que la víctima le pidió que las borrara. Los fiscales recomendaron al juez del tribunal familiar James Troiano, de Nueva Jersey, que trasladara el caso a un gran jurado para que el acusado fuera juzgado como un adulto, pero este se negó, llegando a afirmar que una agresión sexual solo es “una violación tradicional” cuando dos o más hombres atacan a una mujer a punta de pistola. El magistrado pidió indulgencia para el joven argumentando que “provenía de una buena familia” y que es “claramente un candidato” a una buena universidad. Además, riñó a la Fiscalía por no advertir a la denunciante de que presentar cargos arruinaría la vida de G. M. C., según describe el fallo dictado en junio pasado por el Tribunal de Apelaciones de Nueva Jersey, que este miércoles ha avanzado The New York Times, que revoca la decisión del juez de familia.

Los hechos se remontan a hace dos años. Mary (nombre ficticio), de 16 años, estaba en una fiesta junto con otros 30 jóvenes. Acompañada de un grupo de chicos, entró a tropiezos al sótano, visiblemente borracha. Mary se sentó en un sofá y los jóvenes le rociaron el trasero con Febreze (una marca de desodorante ambiental) y después la azotaron tan fuerte que al día siguiente tenía marcas de manos en sus nalgas, siempre según el informe de los fiscales citados en el fallo del Tribunal de Apelaciones. Luego, G. M. C. grabó un vídeo en el que aparecía Mary y en el que se veía cómo él la penetraba. Al día siguiente, sin tener claro qué había pasado, la joven dijo a su madre que temía que “hubieran ocurrido cosas sexuales en la fiesta” sin su consentimiento. En los días siguientes comenzó a circular el vídeo en el que G. M. C. presuntamente la violaba.

La víctima le pidió al joven que borrara el vídeo, pero este negó haber grabado el encuentro y acusó a sus amigos de mentir. Transcurrieron los meses y las imágenes siguieron pasando de mano en mano hasta que, finalmente, Mary presentó cargos por agresión sexual de primer y segundo grado e invasión de la intimidad de un menor. “Desafortunadamente, después de obtener la autorización de su superior, el primer oficial de la investigación instó a G. M. C. y sus amigos a que borraran el vídeo, lo que al parecer hicieron”, rezan los documentos judiciales. Hoy no existe esa prueba.

“En el momento en que [G. M. C.] llevó a Mary al sótano, ella estaba visiblemente ebria y no podía caminar sin tropezar”, escribió el fiscal. “Durante la agresión, las luces permanecieron apagadas y la puerta fue bloqueada con un futbolín. Grabar un vídeo con un móvil mientras se cometía la agresión fue un acto deliberado de degradación”, concluyeron los investigadores. En septiembre de 2017, la oficina del fiscal del condado de Monmouth, en el centro de Nueva Jersey, recomendó al juez Troiano que derivara el caso a un tribunal penal de adultos, en parte porque las acciones del menor eran “sofisticadas y abusivas”. “Esto no fue un malentendido infantil de la situación”, escribió el fiscal, citado por el Times: “El comportamiento de G. M. C. fue calculado y cruel”. Pero el tribunal familiar de Monmouth tenía otro punto de vista.

El juez Troiano aclaró en la audiencia del 22 de septiembre de 2017 que había una diferencia entre “una agresión sexual y una violación”. Para argumentar su rechazo a trasladar el caso a un tribunal de adultos, dijo que eso se hace solo cuando se trata de una “violación tradicional”, en la que dos o más hombres amenazan con un arma a la víctima, la pegan y abusan de ella en un lugar apartado. Además, cuestionó si el nivel etílico de Mary era lo suficientemente alto como para que no entendiera lo que estaba ocurriendo y desestimó los mensajes de texto del acusado porque “los jóvenes dicen muchas estupideces a sus amigos”. Por último, destacó que G. M. C. “proviene de una buena familia que lo matriculó en una escuela excelente en la que se encontraba extremadamente bien”. “Sus puntuaciones para ingresar en la universidad fueron muy altas”, afirmó, como si eso fuera un eximente.

El juez Troiano, próximo a cumplir 70 años, jubilado casi por completo, fue “reprendido severamente” por un tribunal de apelaciones en un “mordaz” fallo de 14 páginas que revoca su decisión y en el que le advierte de que no podía mostrar prejuicios frente a los adolescentes privilegiados. El tribunal de apelaciones dio el visto bueno el pasado 14 de junio para que el caso de G. M. C. fuera trasladado a un gran jurado, para que se juzgue al joven como un adulto y se intente, dos años después, hacer justicia.

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