Un colegio catalán se niega a traducir los informes de sus alumnos en castellano

ABC.- Una familia de origen francés que necesitaba los expedientes tuvo que recurrir a un traductor automático para conseguirlos

Nunca se significó contra la inmersión lingüística. Sus hijos, de raíces francesas, pasaron por el rodillo del catalán pero nunca alzó la voz contra este sistema. De poco le sirvió S. G., de 38 años y nacida en Francia, llegó a Cataluña hace diez años y se afincó en Castelldefels (Barcelona), una localidad muy próxima a Barcelona en la que recalan muchos extranjeros y ciudadanos del resto de España atraídos por ofertas laborales en la capital catalana. Allí, en la escuela Antoni Gaudí, de titularidad pública de la localidad, ha escolarizado a sus dos hijos. El mayor, de diez años, cursó el año pasado cuarto de Educación Primaria y el pequeño, de seis, tercero de Educación Infantil (P5). Siempre estudiaron en el mismo centro y nunca hubo problemas.

Durante la pandemia, la familia decidió regresar a Francia y buscaron una escuela pública «de prestigio» con «vocación internacional», que respetara las raíces españolas de sus hijos para, según explica la madre a ABC, «no renunciar a todos los años que se han escolarizado en España». Finalmente la encontraron. «Es una escuela con una sección internacional de español, donde las plazas son escasas y difíciles de obtener. Para mis hijos, que siempre han vivido aquí, sería una oportunidad de mantener una parte de su cultura y de estar con otros niños en la misma situación», precisa la progenitora.

 Muy estricta en la preselección del alumnado, la escuela francesa solicitó a los padres el informe escolar de los dos últimos cursos de sus hijos en castellano. Les dio de plazo para entregarlo hasta el 8 de abril de 2021. Ahí empezó «una odisea» que la familia nunca hubiera imaginado.

La primera petición de los informes por parte de los padres, según consta en la documentación facilitada por la familia a ABC, se hizo el 24 de febrero. Los padres lo reclamaron insistentemente sin conseguirlo. Llegó el 6 de abril, apenas dos días antes de expirar el plazo para presentar los documentos en Francia y el centro no les había facilitado los expedientes en castellano. Su máximo esfuerzo fue pasarles un extracto de los cursos que habían estado escolarizados en el centro. «El 11 de marzo me enviaron una nota muy escueta, un folio casi en blanco con un cuadradito en la parte central en el que apuntaba simplemente los años y los cursos que habían estado mis hijos en la escuela. Sin ninguna apreciación por parte del tutor. No era, ni por asomo, el informe que recibimos cada año los padres en catalán, de unos dos folios, en el que el tutor expone a los padres la evolución del alumno, con valoraciones y recomendaciones», denuncia la madre, quien no entiende por qué, pese a que siempre habían tenido buena relación con el centro, «la dirección no paró de ponernos trabas».

«Una motivación política»

S. G. solo ve una explicación posible a lo ocurrido: «Que la escuela actuara con una motivación política». «Como otros padres, había visto gestos por parte de la dirección. No facilitaban comunicaciones en castellano a los padres, ni siquiera las relacionadas con el Covid-19, pese a que algunos lo solicitaron», explica la progenitora. Ella lo consideraba injusto pero nunca quiso hacer de ello un caballo de batalla.

«Mi hijo iba bien en la escuela porque es un buen estudiante y no tuvo problemas con el idioma pero no me parecía justo lo que estaba pasando», añade. El primer informe enviado por la escuela «no servía porque no decía nada. No había valoraciones. Era como no tener nada», indica la madre. Por eso, volvió a reclamarlo.

«Solo pedía que me tradujeran al castellano los boletines que cada año envían en catalán y les pusieran el sello de la escuela. Me indicaron que no era posible, que ya he recibido el oficial y que no hay más. Me dieron varias excusas para no entregármelos, incluso que no podían porque la impresora estaba estropeada y que no tenían una versión digital. A mi marido también se lo negaron». Fue entonces cuando aconsejaron a la demandante que acudiera a la Asamblea por una Escuela Bilingüe (AEB). La entidad, que lleva años luchando por los derechos de los castellanohablantes en Cataluña, aconsejó a la familia que denunciara su caso ante la inspección educativa de la zona y tres días antes de concluir el plazo y ante la inflexibilidad de la escuela a la hora de facilitarles los documentos en castellano los padres concertaron cita con un inspector educativo y le expusieron su situación.

«Traductor de Google»

El centro recibió la llamada del ente inspector pero, según la madre, nada cambió demasiado. Se limitó, según denuncia, a entregarles los informes en catalán en formato digital. Lo hizo 24 horas antes de que expirara el plazo concedido por el centro francés. S. G. y su marido, que hablan bien el castellano pero aún no dominan el catalán, no tuvieron otra opción que recurrir al traductor de Google «con nervios y muchas prisas». Cuando tuvieron los informes traducidos los enviaron por correo al centro para que les pusiera el sello y al día siguiente fueron a recogerlos a primera hora para poder aprovechar ‘in extremis’ la oferta educativa en Francia.

«No entiendo por qué se nos impidió obtener los documentos. No se me ocurre otro motivo que tengan algún tipo de problema con esta lengua. Estoy convencida de que si hubieran pedido la traducción en inglés no hubiera habido problema», señala la madre. La dirección de la escuela, contactada por ABC, niega los hechos y asegura que cedió a las peticiones de la familia y le entregó también la versión larga traducida del expediente.

«Colaboramos en el traslado»

«Les enviamos informes en castellano e incluso colaboramos con la escuela francesa en el traslado. También respondimos una encuesta que nos enviaron», afirma la dirección de la escuela. Una versión radicalmente opuesta a la que confirman la familia y la AEB con varias pruebas aportadas a este diario. Mantienen con rotundidad que el expediente final se les entregó en catalán 24 horas antes de expirar el plazo y tuvieron que traducirlo ellos la noche antes. «Lleva el sello de la dirección porque lo necesitábamos y tras pasar toda la noche traduciéndolo, tal como habíamos quedado, lo enviamos al cole para que nos lo acreditaran». Ana Losada, presidenta de la AEB, da fe de que el centro se negó a facilitar los informes. «Tuvimos que recurrir a la inspección», alega.

Ahora, ya en Francia y con sus hijos escolarizados ve con distancia esta angustiosa experiencia que le hizo dejar Cataluña con «mal sabor de boca». «Nos decidimos a denunciarlo para animar a otras familias que son víctimas de situaciones parecidas a que también lo denuncien», concluye.

Ana Losada, presidenta de la AEB, recuerda a los padres que tienen derecho a recibir las comunicaciones del centro en castellano. «Los centros educativos en Cataluña intentan que los padres admitan que la única lengua de relación posible con la administración educativa es el catalán. Esto es igual de ilegal que la inmersión. Todas las comunicaciones deberían ser bilingües catalán y castellano». «Sin embargo, –añade Losada–, esto no es así y lo más grave es que muchos centros cuando los padres las solicitan les niegan ese derecho, les comentan que el proyecto lingüístico así lo exige y sorprendentemente añaden que la escuela catalana es plurilingüe y multicultural».

La AEB ha lanzado este inicio de curso una campaña informativa sobre este tema para informar a los ciudadanos sobre sus derechos en este ámbito.

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