Pido a la gente del centro que cuente lo que ha visto, que no se queden callados”.

El País.- Un artículo del Código del Trabajo impide que ellas sean mineras, soldadoras, carpinteras o capitanas de barco. Algunas vulneran la ley o exploran sus zonas opacas para reclamar su derecho a la igualdad

Al levantar un armario. Serrando un palé. Soldando una viga. Las enérgicas Yulia y Nadezhda Borets infringen la ley cada día. Tienen una empresa de reparaciones en Moscú. Y la mayoría de las tareas que realizan están prohibidas, resumen rotundas. Pero no porque su compañía, WomanLabor sea irregular. No pueden hacerlas porque son mujeres. En Rusia, hasta 456 profesiones están reservadas solo a los hombres. Ellas no pueden ser mineras, soldadoras, herreras, conductoras de grandes camiones y autobuses; maquinistas; carpinteras; tripulantes de cubierta de barco… Una prohibición atávica heredada del Código de Trabajo soviético de 1922, que prohibía explícitamente que ellas desempeñasen trabajos “peligrosos”, que en vez de evolucionar hasta desaparecer, se convirtió en un artículo legal que se mantiene hasta hoy.

El veto, que impide a las mujeres acceder a empleos que representan alrededor de un 4% de la actividad económica rusa, no es único de ese país. Lo comparten en condiciones similares otras repúblicas ex soviéticas, como Bielorrusia, Kazajstán, Tayikistán o Uzbekistán. “Es una discriminación inadmisible en el siglo XXI. Y más teniendo en cuenta que la Constitución rusa estipula que la discriminación es ilegal y los hombres y mujeres tienen derechos iguales”, critica la abogada Alyona Popova, cofundadora del Proyecto W, una red de apoyo a las mujeres.

Son pocas las que como Yulia y Nadezhda, infringen la ley o exploran los puntos opacos que deja. Pero las hay. Como Alina Shorojova, de 34 años, conductora de excavadora que logró que su empresa pagase una auditoría para certificar que su entorno laboral era seguro y acceder así un puesto que estaba vetado por su “seguridad”.

Yulia, pelo rapado y sudadera rosa, trabajaba en una tienda. Hace tres años decidió fundar WomanLabor junto a su pareja, Nadezhda. “Al principio ayudábamos a los amigos a construir una casa en el campo o con algunas reparaciones. Pero se nos ocurrió que podíamos trabajar para otras mujeres y ganarnos la vida con ello”, rememora en un café de Moscú, a cubierto de la nevada que alimenta las calles de la capital. Su clientela es exclusivamente femenina y ahora tienen otras dos trabajadoras. Su sueño es crear un canal en Internet de vídeos explicativos sobre reformas.

“No sólo es un trabajo, también es un proyecto social”, añade Nadezhda Borets con una sonrisa. WomanLabor no sólo hace reparaciones, además enseña a otras mujeres cómo hacerlas. “A las niñas en la escuela se les suele enseñar a coser, a preparar la comida; a los niños cosas de electricidad, carpintería. Así que la desigualdad empieza desde la infancia y se mantiene”, señala. Su trabajo es su granito de arena en la lucha por la igualdad, apuntan. “Salir a la calle con banderas y a manifestaciones para nosotras ya no es posible”, lamenta Yulia. La pareja, de 39 años, tiene tres hijos y temen que las autoridades aprovechen las leyes homófobas rusas y las normas cada vez más duras contra las manifestaciones para quitarles su custodia.

Rusia, con 145 millones de habitantes, tiene una gran brecha de género según el ranking del Foro Económico Mundial. El análisis de esta organización sitúa al país en el puesto 75 de 144 y destaca que aunque en la educación la paridad casi es total, las mujeres tienen grandes dificultades para romper el techo de cristal en las empresas. Además, la representación femenina en la política y en los puestos de toma de decisión es ínfima.

Sufre además un problema oceánico de violencia de género. En el país eurasiático entre 12.000 y 14.000 mujeres mueren a manos de sus parejas o parientes, según un estudio de 2012 del Ministerio de Interior y del Consejo presidencial del desarrollo de la sociedad civil y los derechos humanos. Una mujer cada 40 minutos. Y en 2017 se aprobó una ley que en vez de perseguir esta lacra con más saña despenalizó las agresiones en el seno de la familia si no se reiteran y no causan “daños a la salud de la víctima”.

Natalia Shádrina se indigna al hablar de la brecha de género. La joven de 23 años estudió Arte y trabajaba en un museo hasta que decidió cambiar el traje de guía por un taladro y una sierra con WomanLabor. Menuda y fuerte, cruza los brazos y resume que la violencia contra la mujer es el gran problema de Rusia. “Pero la ley que veta a las mujeres acceder a ciertos trabajos es un síntoma. Un síntoma de que cualquier discriminación está permitida”, reclama. La norma data de los tiempos en los que alejar a las mujeres de determinados trabajos podía considerarse un progreso social, explican las activistas del Centro antidiscriminación Memorial, pero en los que subyacía también el interés del Estado de señalar sus funciones reproductivas.

Aunque el ideario soviético promulgaba la igualdad entre hombres y mujeres, y durante la trepidante industrialización las mujeres se sumaron en masa a la fuerza laboral, los mandos las mantuvieron lejos de los empleos altamente cualificados. Y lo mismo pasó durante la Segunda Guerra Mundial y en la reconstrucción al acabar el conflicto. Hubo excepciones mayúsculas, como la de la cosmonauta Valentina Tereshkova, la primera mujer en viajar al espacio, en 1963; dos décadas antes que la estadounidense Sally Ride.

En 1981 se introdujo una de las prohibiciones más sonadas: la que impedía a las mujeres conducir trenes, tranvías e incluso el metro. Aunque alguna quedó hasta jubilarse. Fue entonces cuando el Partido Comunista explicitó en la ley el “refuerzo del papel materno tradicional”. En el año 2000, ya bajo el Gobierno de Vladímir Putin, se revisó. Y hasta ahora ha permanecido casi inalterable con ese casi medio millar de profesiones vetadas en 39 industrias. La mayoría en sectores en los que se trabaja con químicos, maquinaria pesada o vehículos complejos que, según la ley, se consideran demasiado arriesgados para las mujeres.

Hace un par de años, tras los requerimientos de la ONU y una tímida movilización social y empresarial, el Gobierno ruso prometió cambiarla. Y la semana pasada, el ministro de Trabajo, Maxim Topilin, reiteró su promesa. Afirmó que la nueva lista de profesiones garantizará condiciones de trabajo más justas y contribuirá a la eliminación de la brecha salarial de género, que en Rusia es de un 28%.

A la abogada Popova y la mayoría de expertas y activistas no les satisface revisión del artículo. Creen que debería eliminarse directamente. “No hay que revistar la lista. Hay que acabar con ella. Las mujeres deben poder acceder a todas las profesiones. Ser ellas las que elijan y decidan dónde trabajar en igualdad de condiciones”, exclama.

Y eso, igualdad de condiciones, es precisamente lo que reclamaba Svetlana Medvedeva. Desde niña soñó con convertirse en marinera. Y se formó para ello, pero cuando empezó a trabajar en una empresa de transporte marítimo, los responsables le dijeron que las mujeres no podían ser capitanas de barco. Por ley. No se rindió, Medvedeva acudió a los tribunales y a la ONU. Y ganó un caso histórico que le ha abierto las puertas de la cubierta. Y como ella, algunas otras mujeres que no claudican y lo demuestran: conduciendo un camión de gran tonelaje, trabajando en una imprenta, en la mina…

VEINTICINCO PROFESIONES VETADAS A LAS RUSAS

  • Soldadora
  • Calderera
  • Cerrajera (en industrias pesadas y alcantarillado)
  • Pavimentadora de asfalto
  • Techadora
  • Maquinista de bulldozer, graduador, excavadora,
  • Carpintera
  • Perforadora de pozos (de crudo)
  • Fundidora de acero
  • Herrera
  • Electricista (en trabajos de alto voltaje)
  • Leñadora
  • Carnicera
  • Maquinista de tren, metro o tranvía.
  • Conductora de autobús con más de 17 pasajeros (a excepción de viajes dentro de una ciudad)
  • Camionera de vehículos de más de 2,5 toneladas de peso (con mismas excepciones)
  • Contramaestre
  • Capitán del barco
  • Técnico de aviación
  • Bombera
  • Buzo
  • Minera
  • Trabajos de agricultura con el uso que quimicos y pesticidas
  • Operadora de grúa

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