El nuevo perfil del acosador escolar: más joven y más agresivo

Fuente: EL Mundo
Fecha: 27/04/2017

Tenía 15 años. “Cuando volvió a clase una semana después con muletas, la niña que le había agarrado para preguntarle le dijo… ojalá te hubieras muerto“. Así lo relató su madre en su llamada por teléfono a la Fundación ANAR. “Le dijeron: ‘eres un estorbo para la vida… no tendrías que haber nacido”, expresó por el mismo canal otra madre de un niño de 11 años, la misma edad que tenía una alumna cuando su progenitora se atrevió a contar que “empezaron una serie de episodios de mordeduras, arañazos, etc. Al principio dije: ‘Bueno, son cosas de niños, pero ya es demasiado este tema”. Todos son testimonios reales del acoso sufrido por chavales en el colegio. El II Estudio sobre acoso escolar y ciberbullying según los afectados, realizado por la Fundación ANAR y la Fundación Mutua Madrileña, recoge que en 2016 los casos de acoso escolar registrados aumentaron un 87,7%. Y en los últimos dos años el incremento ha sido de un 240%, al pasar de los 355 registrados en 2014 a los 1.207 de 2016.

Junto a esas cifras -que los expertos matizan: “no quiere decir que haya más episodios sino que se denuncian más”- el documento revela algunas tendencias diferentes respecto a años anteriores. Por ejemplo, que se duplica el número de casos en los que las víctimas y sus compañeros se enfrentan al agresor, que se ha reducido la edad media del acosado y que ha aumentado considerablemente el número de víctimas que tienen siete años o menos (14,25% frente al 8,7% del estudio previo publicado en 2016). También los agresores son más pequeños (el 15,7% es menor de siete años, frente al 7,8% de hace un año) y más violentos, pues ahora recurren a los golpes y patadas en el 51,5% de las ocasiones, cuando antes lo hacían en el 43,7%.

De los más de 1.000 casos reales de acoso que se registraron a lo largo de 2016 en el teléfono ANAR de Ayuda a Niños y Adolescentes (900 20 20 10) y en el teléfono del Adulto y la Familia (600 50 51 52), uno de cada cuatro fueron de ciberacoso, en su mayoría a través del Whatsapp por el móvil (93,4%).

“Hay aspectos preocupantes, como que ha aumentado la gravedad del acoso”, ha asegurado Benjamín Ballesteros, director de Programas de la Fundación, que como datos positivos destaca los avances en la denuncia, la concienciación y la resistencia al problema, como demuestra el hecho de que más de la mitad de las víctimas y sus amigos (51,8% y 51,1%, respectivamente) se enfrentan al agresor, cuando los porcentajes en el informe anterior eran del 21,2% y el 22,2%. El niño que sufre bullying se encuentra ahora menos solo, pues más personas de su entorno conocen su situación (el 95,2%, frente al 40,3% de hace un año). Quienes más se dan cuenta del problema son los jefes de estudio, seguidos de los padres del agresor y de otros alumnos.

Debido a ese mayor conocimiento del problema, ahora son los adultos (en general las madres) los que toman la iniciativa para llamar y denunciar la situación. En los casos de ciberbullying las madres dan la voz de alarma el 74,7% de las veces, frente al 25,3% de ocasiones en las que los que llaman son los menores acosados. En cuanto a las víctimas de otros tipos de acoso escolar, también son los adultos quienes telefonean en el 71,1% de los casos.

“El acoso es un fenómeno que destruye, que arruina la infancia de los niños y que condicionará toda su vida futura. Por eso es tan importante atajarlo y llamar la atención sobre este problema”, ha insistido Lorenzo Cooklin, director general de la Fundación Mutua Madrileña.

Difundir información personal y más golpes

Los tipos de ciberacoso más frecuentes son las agresiones verbales (52,1%), amenazas (22,3%) y la difusión de imágenes y vídeos comprometidos (20,2%). Y crecen respecto a años anteriores otros tipos de ciberbullying que antes eran residuales, como la difusión de información personal de la víctima (del 3,5% al 11,7%) y el pirateo de cuentas personales (del 1,7% al 8,5%). Por otra parte, la no aceptación de las víctimas en las redes sociales, una práctica que ha pasado del 1,7% al 6,4%, produce en el menor un sentimiento de aislamiento. “Es importante, respecto al ciberacoso, la edad a la que los padres dan a su hijo su primer móvil. Y también que se responsabilicen del uso que hacen del mismo, pues ya hay condenas contra padres de ciberacosadores“, explica Cooklin.

Respecto al acoso presencial, lo más habitual son los insultos y palabras ofensivas (71,1%), pero han aumentado de forma notable los golpes y patadas hasta suponer el 51,5% del acoso escolar. De forma secundaria aparecen el aislamiento (que pasa de un 18,2% a un 29,7%), los empujones (22,6%) y amenazas (22,2%).

Los hechos violentos se producen en mayor medida en el recreo o en el patio, que han pasado a suponer el 58,9% de los episodios, frente al 38,2% del informe anterior. La violencia durante los cambios de clase también se ha incrementado desde el 8,2% hasta el 15,4%. Por el contrario, baja el acoso dentro del aula (48% en vez del 57% de 2015).

Aumenta el número de casos graves de acoso y se detecta que “cuanto más jóvenes son los acosadores más recurren a la violencia”.

La causa principal que dan las víctimas para justificar por qué sufren acoso sigue siendo las características físicas (31,6% de los casos), seguidas por la agresividad de los acosadores, que aumenta desde el 10,7% hasta el 20,5%. También son reseñables la falta de empatía con la víctima, que asciende del 3,2% hasta el 13,5% y los problemas psicológicos del acosado (11,7%).

El acosado sufre el bullying a diario y durante más de un año (53%). Y suele pasar, de media,13 meses en silencio (14 en el caso del ciberacoso) hasta que se atreve a contar lo que le pasa. “Esta frecuencia y esta tardanza en dar el paso de denunciar es muy grave. Los niños están sufriendo una tortura diaria, con efectos que pueden ser devastadores”, expresa el director de la Fundación Mutua.

Retrato de víctimas y acosadores

El 51,1% de las víctimas de acoso escolar presencial son hombres, frente a un 48,9% de mujeres. La edad media de los agredidos ha bajado y se sitúa en los 10,9 años y el agredido empezó a sufrir acoso a los 9,8 años, aunque un 11,4% declara haber empezado a ser acosado a los ocho años. La mayoría, tanto de agresores como de víctimas, son de nacionalidad española y en el 86,8% de los casos los acosadores suelen ser de la misma clase que el acosado.

En relación con el ciberbullying, las mujeres son más vulnerables a sufrirlo que los varones (66,7% frente al 33,3% de chicos) y la edad media de las víctimas es de 13,5 años, aunque se han comenzado a detectar casos desde los nueve años. Entre los acosadores del ciberespacio también hay mayoría de mujeres, en el 86,8% de los casos pertenecían a la misma clase que el acosado y suelen actuar en grupos de entre tres y cinco personas.

Las consecuencias para las víctimas de acoso se han incrementado respecto a los informes anteriores. Experimentan tristeza y ansiedad en el 79,4% de los casos (frente al 68,4% y el 57% de hace un año); miedo en un 73,2% de las ocasiones. Además, estos sentimientos también afectan al entorno familias. “Y el dato más grave es que en el 8,4% de los casos, casi uno de cada 10, el menor de edad víctima llegó a pensar o intentar suicidarse o autolesionarse en su desesperación”, destaca Ballesteros.

“¿De dónde procede tanta violencia en las escuelas?“, se preguntan desde ANAR. “Los niños y adolescentes pueden llegar a pensar que son culpables e incluso, pueden creerse merecedores de la violencia, pudiendo normalizarla, justificarla y como consecuencia tolerarla. Queremos seguir reiterando que luchar contra la violencia escolar ha de ser una constante en nuestra sociedad. El primer paso para hacerlo, es sin duda reconocerla y no justificarla, ni normalizarla en ninguna de sus múltiples formas”.

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