Mi hijo se pinta las uñas ¿y qué?

Fuente: El Periodico
Fecha: 16/06/2018

Los niños pequeños que usan esmalte o visten de rosa son criticados por el “fantasma de la homosexualidad”

Los expertos recuerdan que se trata de un juego más y reclaman una educación respetuosa con la diferencia

Javier tiene cuatro años recién cumplidos y le encanta pintarse las uñas. A sus padres les parece estupendo. A sus abuelos, no tanto. Ni a sus compañeros de clase. Ni a mucha gente desconocida que le mira por la calle o en el parque y le dice: “pareces una niña”. A Javier le gusta vestir de rosa. Su abrigo favorito es de ese color y sus zapatillas, también. “Eso es de chicas”, le sueltan de vez en cuando sus amiguitos para desespero de sus padres. Hace poco, en una tarde de compras, Javier pidió a su madre un vestido “muy molón”. La madre quería comprárselo pero no lo hizo para “evitar dar explicaciones a abuelos, profesores y compañeros”. El debate está abierto. ¿Por qué a un niño le gusta pintarse las uñas? ¿Por qué los demás no lo aceptan? ¿Por qué una niña disfrazada de Spiderman está chulísima y si un niño se pone un vestido de las protagonistas de ‘Frozen’ es un rarito?

“Ver a un crío con las uñas pintadas no gusta a mucha gente porque el fantasma de la homosexualidad está presente en sus cabezas. Existe el miedo a que se salga de lo considerado como normal, cuando la realidad es que a los niños pequeños les encanta explorar y disfrazarse de cualquier cosa. Para ellos, pintarse las uñas es un juego divertido. No tiene nada que ver con la orientación sexual, que aparece mucho más tarde”, explica Ana Herrero, psicóloga y coordinadora del departamento de Orientación del grupo Brains International Schools, un centro donde todos los alumnos -niños y niñas- llevan el mismo uniforme: pantalón de chándal, camiseta y deportivas. En su opinión, hay que ser siempre respetuosos y tener muy presente la igualdad de género. “Es importante escuchar, observar y respetar a los niños y, en caso de conflicto, explicarles que el problema está en los demás porque ellos no están haciendo nada malo”, destaca.

Manuela Carmena, a favor
Eso mismo es lo que han hecho, en los últimos meses, dos padres (uno de Euskadi y otro de Alicante). Hartos de que a sus hijos pequeños les dieran esquinazo en el patio del colegio por llevar las uñas pintadas, se embadurnaron las suyas de esmalte y se hicieron fotos con sus críos. Las mostraron en las redes sociales y su reivindicación se convirtió en viral.

En septiembre, una mamá francesa causó furor cuando publicó en ‘Maman, rodarde!’, un blog para “padres y niños curiosos” un folleto autoeditado en el que se rompían esterotipos. “¿Pueden los hombres llevar las uñas pintadas?”, se preguntaba al mismo tiempo que mostraba fotos de Brad Pitt y Zac Efron con esmalte en sus dedos. Lo mismo con el maquillaje (el presidente Emmanuel Macron), las joyas (David Beckham), los trajes de purpurina (Prince) o las lágrimas (Barak Obama). Hasta la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, dejó claro este viernes en la presentación del cartel de la oferta cultural de la ciudad -unos pies con las uñas pintadas- que “cualquier persona, ya sea hombre o mujer, se puede pintar las uñas”.

Niños con braguitas y trenzas
“Este año han venido muchos padres a consulta porque sus hijos pequeños, todos varones de unos cuatro o cinco años, se pintan las uñas o quieren usar braguitas o llevar el pelo lleno de trenzas”, explica Mercedes Bermejo, directora de Psicólogos Pozuelo y experta en terapia familiar. En su opinión, toda la sociedad debería realizar una labor importante de sensibilización y concienciación para romper prejuicios y para que los pequeños vivan en libertad siendo cada uno como es. “Tenemos que respetar la diferencia, las preferencias y los gustos”, insiste. Sin embargo, asegura que los padres también tienen que “ejercer de guía y enseñar a sus hijos lo que está socialmente aceptado y lo que no”. En su opinión resulta fundamental que los progenitores pongan límites.

“Los niños necesitan límites y los adultos tienen que explicarles cómo funciona la sociedad actual”, explica Bermejo. “Si tu hijo pequeño te pide vestir una falda, le puedes decir que sí, que un día hacéis una fiesta en casa y que se ponga lo que quiera. Pero al mismo tiempo le tienes que enseñar las normas sociales e insistirle en que mañana, para ir al colegio, llevará la ropa que tú le prepares”, concluye.

La homosexualidad, un tabú en los colegios
Todos los expertos consultados explican que no es lo mismo que un niño de cuatro años quiera pintarse las uñas (que puede ser un juego, una experimentación de los colores o una imitación de sus hermanas o primas mayores) que lo haga un adolescente, cuya identidad sexual está ya más forjada. En el caso de los menores hay que tomarlo como tal, como una diversión. Sin olvidarse tampoco -recuerda la coordinadora de Orientación del grupo Brains- de “escucharles, observarles y respetarles”. “El colegio también debería tener una política clara al respecto para que sea un lugar seguro para los niños y los profesores puedan solucionar un conflicto en caso de que exista”.

Herrero recomienda educar a los chavales en el respeto, la diferencia y la igualdad de género desde pequeños, cuando son alumnos de Educación Infantil, donde ya se les debería hablar sin problemas de la existencia de diferentes tipos de familia. Es una asignatura pendiente de la comunidad escolar porque, recuerda Herrero, la homosexualidad sigue siendo tabú en muchos centros educativos.

Un niño con un carrito de bebé
No obstante, algo debe estar cambiando. Los usuarios de las bibliotecas de Madrid acaban de elegir el cuento infantil ‘Benito y su carrito’ (ed. Cuatro Tuercas) su libro favorito. Es el libro que, imaginariamente, regalarían a una ciudad. El protagonista es Benito, un niño pequeño que quiere jugar con un carrito de bebé y se encuentra con el prejuicio de su tío Paco: “A mí me da cosa que le guste tanto el rosa, no vaya a ser que la gente piense que es diferente”. La responsable de la editorial, Belén Gaudes, asegura que cada vez hay más literatura infantil para “empoderar a las niñas” y dejar claro que ellas pueden hacer ‘cosas de chicos’. Pero advierte: “¿Qué pasa cuando un niño decide hacer cosas de niñas? El problema está aquí, en que lo femenino está defenestrado. Y esa debería ser nuestra lucha. ¿Dónde está el problema de que tu hijo varón se pinte las uñas o lleve el pelo largo o juegue a cuidar de un bebé?”

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