«Los niños necesitan salir a la calle por salud así que tenemos que ser capaces de elaborar otras medidas porque esto se va a prolongar más de un mes»

ABC.- Heike Freire, pedagoga e investigadora, considera que la infancia ha sido una gran olvidada en la crisis sanitaria del coronavirus. Sin embargo, aspira «a que mi país sea uno de esos en los que la infancia cuenta», como Francia y Alemania. Todo ello combinándolo con las medidas de prevención de contagio

Para Heike Freire el contacto con la naturaleza es vital en el desarrollo del ser humano. Esta pedagoga lleva más de veinte años ayudando a familias, docentes y demás profesionales a adaptar sus prácticas para conseguir, así, una mayor conexión entre menores y el medio natural. Por ello, ha decidido lanzar una recogida de firmas en Change.org. La experta pide al Gobierno «Empatía y respeto a los derechos y necesidades de la infancia en la crisis del coronavirus» porque, en su opinión, tener a los menores confinados en casa no es lo mejor.

 ¿Nos hemos olvidado de los niños en estos tiempos de crisis sanitaria?

¡Obviamente sí!. Están desaparecidos. Parece que ha venido «El flautista de Hamelín» y se los ha llevado a todos. Los niños han desaparecido de la esfera pública. Ya no pueden ir al colegio, estar en los parques, las plazas … Y el Gobierno ni siquiera los ha mencionado en el Real Decreto que establece el estado de alarma.

¿Hay algún Gobierno que sí los haya tenido en cuenta?

Sí y son los que me inspiran y, además, aspiro a que mi país sea uno de esos en los que la infancia cuenta. Francia ha mencionado a los niños. También Bélgica, Alemania, Austria…

¿Qué medidas concretas se han tomado en esos países?

En general, como sucede en Francia o Alemania, existe un marco legal que reconoce a la infancia y sus características especiales, porque no son como los adultos, ya que tienen unas necesidades determinadas. Este marco general reconoce las necesidades de los niños de estar al aire libre, de moverse, de recibir luz natural y juego. Este marco se combina con otro tipo de acuerdos de corte local. Así, en Alemania, los ayuntamientos son los que en función de los lugares, porque no es lo mismo vivir en un chalé con jardín que en un piso sin terraza, pide que las familias se organicen para disfrutar de ratos al aire libre, respetando siempre la distancia de seguridad.

Así que, ¿estaría muy bien que se tomara nota?

He estado recogiendo propuestas. De hecho, hablamos con la Dirección General de Infancia para ello. Pero después nos dimos cuenta de que, en primer lugar, hace falta un marco legal global que reconozca la infancia y, después, en función del tipo de población, lugar en el que vives, espacios, etc. haya una regulación local. hecho de que nuestro Gobierno permita, por ejemplo, que los niños puedan entrar en el supermercado no es suficiente. Esa medida se contempló especialmente para las familias manoparentales aunque haya sido una medida de escape para todo el mundo. Pero un supermercado no es el lugar adecuado para un niño y menos en esta situación. La cuestión es que hay que ser capaz de imaginar. ¡Somos un país creativo y capaz! Lo estamos viendo. ¿Cómo es posible que estemos todos amedrentados diciendo que es imposible? No lo es. He hablado con la Red de Ciudades Educativas y hay muchos ayuntamientos que nos han asegurado estar dispuestos a implicarse con la salud de los niños pero necesitan ese marco global. Ahora, dice el Gobierno que va a hacer más excepciones, como hicieron con los niños con TEA. Eso demuestra que la excepción no es una solución.

¿No crees que es complicado y más teniendo en cuenta la falta de conciencia que hemos visto?

La pregunta es: ¿Cómo nos consideramos nosotros mismos los españoles? Cuando hablamos de las iniciativas de fuera siempre alegamos: «Es que ellos son diferentes». ¿Cómo se educa a un pueblo? ¿Por qué tenemos tan mala imagen de nosotros mismos que pensamos que no podemos ser tan responsables? Yo creo que sí podemos serlo. El aprendizaje de la responsabilidad se desarrolla ejerciendo la responsabilidad. Ni niños ni adultos pueden ser responsables estando encerrados.

Los perros pueden salir. Los niños no, excepto autistas, que el Gobierno lo cambió después. ¿Lo considera injusto? ¿Discriminatorio?

Fue muy curioso que en el Real Decreto del Estado de Alarma se nombrara hasta tres veces a los perros y a los niños ni una vez. Es para pensárselo. ¿Cómo podía ser posible? Hay animalistas que me criticaron y me dijeron que quitara la mención de los animales incluso en la petición. Pero no es por hacer de menos a los perros. Yo trabajo con el contacto con la naturaleza y, de hecho, estoy convencida de que los niños con animales domésticos van a superar mejor esta crisis. Considero a los animales nuestros iguales. Además, cuando se habla de que los niños salgan a la calle, hay una concepción generalizada de que los menores son incontrolables. Sin embargo, esto con los perros no sucede porque van atados con correa. A los niños, cuando se les explica las cosas y se les da responsabilidad, suelen funcionar bien.

Aboga porque desde el Gobierno, las CCAA y los ayuntamientos estudien las posibilidades de ofrecer a los niños y a sus familias espacios de movimiento y juego al aire libre, de manera ordenada y sin poner en peligro la salud pública. ¿Creen que tienen tiempo para ello?

Yo creo que el problema no es que no quieran hacer cosas. Creo que hay miedo y el miedo nos paraliza. Por ello se opta porque nadie salga. Tenemos una imagen de nosotros mismos de irresponsables y diferentes. Yo abogo mejor porque nos veamos como un pueblo creativo, responsable y con capacidad. Podemos salir de esta pero no desde el miedo, sino desde la responsabilidad y el conocimiento. Hay que saber que somos capaces de elaborar este otro tipo de medidas porque esto se va a prolongar más de un mes. Además se olvida también otra cuestión: ¿cómo están los adultos? Porque ellos son el principal entorno de niños y niñas. Los mayores están agobiados, angustiados, preocupados.

¿Qué efectos puede generar en los niños este largo encierro?

Lo que necesitan son espacios al aire libre, abiertos, donde puedan respirar aire fresco y les de luz de sol. No hay que olvidar que la luz solar es clave: es nuestra principal fuente de vitamina D y los niños la necesitan para el desarrollo de sus huesos porque metaboliza el calcio y el fósforo. La luz natural influye también en el desarrollo cerebral y sistema inmune y ayuda a madurar los sistemas orgánicos, como la visión. Por ello, los niños no pueden estar constantemente con luz artificial. También necesitan moverse porque el movimiento es clave para el desarrollo de sus capacidades y sistema inmune. A través del movimiento también maduran sus cerebros y sistema nervioso. ¡Y que puedan jugar y socializar es también fundamental!

Hablar de consecuencias concretas es muy complejo porque depende de la etapa del niño, de su entorno, de la familia… Aún así, no hay que olvidar que el desarrollo del menor atraviesa por diferentes aprendizajes (caminar, la comunicación y socialización.. ) en función de su edad. Y si no los desarrolla cuando debe, puede verse afectado. Por ejemplo, pensemos en un bebé que está empezando a moverse, reptar, gatear… hasta llegar a ponerse de pie y andar por sí solo. Si ese proceso es interrumpido en esta etapa de la vida en la que debe desarrollarse sin problemas, aprenderá a caminar pero con más dificultad. Lo mismo pasará si el niños se encuentran en el momento de hablar, de la comunicación… Pero no hay que olvidar que desde el punto de vista de la salud global es imprescindible que les dé el aire y la luz del sol¿Por qué no pueden los vecinos de un edificio organizarse para poder subir a la terraza común para caminar un poco y les dé el sol? Tampoco quiero asustar a los padres. Por eso hay que pensar en que tenemos mucho más que ganar si se posiciona a la infancia en el lugar que les corresponde. Sin miedos.

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