“Los jóvenes ven normal controlar a su pareja por redes sociales”

Fuente: La Voz de Almeria
Fecha: 13/11/2017

La Unidad contra la violencia sobre la mujer de la Subdelegación del Gobierno está seriamente preocupada por el incremento de casos de violencia de control entre adolescentes que se está produciendo en los institutos de la provincia.

No es algo que haya ocurrido de la noche a la mañana: lleva pasando desde hace años, especialmente desde la irrupción masiva de las redes sociales. Facebook, YouTube, Instagram, WhatsApp, Twitter o Snapchat (aunque ésta última esté de capa caída) se han vuelto indispensables en el día a día de la mayoría de chicos y chicas una vez que cumplen los 12 años y pasan a Secundaria. Más allá del incremento de los niveles de ansiedad social o de que muchos chavales estén preocupados constantemente sobre lo que piensan los demás acerca de lo que postean o de las fotos que comparten, está el ciberacoso y, moviéndose en la misma línea de peligrosidad, los casos de violencia de control en las relaciones afectivas entre adolescentes, cada vez más numerosos.

Síntomas de alerta Controlar los horarios de la pareja, decirle qué puede hacer y qué no y restringir las amistades del otro. Todas ellas son prácticas que hacen saltar las alarmas en la lucha contra la violencia de género y son más habituales de lo que podría parecer entre los jóvenes que, además, no identifican estas conductas como pasos en la escalada de la violencia machista. “Es algo que tienen totalmente normalizado y eso es muy preocupante”, señala Raquel Contreras, responsable de la Unidad contra la Violencia sobre la Mujer en Almería.

Contreras ofreció esta semana una charla a un centenar de directores de institutos que, el pasado curso, participaron en el Plan Director para la Convivencia y Mejora de la Seguridad en los centros educativos y allí se refirió a la importancia que tiene la intervención de profesionales en los centros educativos para reducir la incidencia de la violencia en menores.

“Estamos viendo muchos casos de menores expuestos a violencia de control. Niños que viven en hogares donde se ejerce ese tipo de violencia hacia sus madres, hoy una de las formas más extendidas de violencia en las relaciones afectivas de los menores. Y que no la tienen ni identificada, ni ellos ni ellas”, dijo.

Entre las redes, el WhatsApp se ha convertido en la principal herramienta de control entre adolescentes. “No es sólo el hecho de que la otra persona vea el doble check. Es que luego llega el ‘contéstame’, ‘dime qué estás haciendo’, ‘con quién estás’. Y  después el ‘¿me creo lo que me estás diciendo? Pues ratifícalo y hazte una foto’. Y lo terrible es que lo ven como una cosa normal, emulando un modelo que no es sano en absoluto”, añade esta experta. El acoso se produce, además, en ambas direcciones, con las chicas repitiendo comportamientos que han sido tradicionalmente masculinos.

“Ahora coexisten las viejas tradiciones del machismo con las nuevas de igualarnos en el menosprecio. En este sentido, podríamos decir que ‘hemos avanzado’, ya que las chicas han entrado de lleno en el modelo de las relaciones fallidas”, cuenta Ángel Rodríguez, profesor de Matemáticas en un instituto de Almería y portavoz de Docentes por la Pública.

Rastro penal Los mensajes tienen, sin embargo, un aspecto que muchos de los adolescentes que practican violencia de control en sus relaciones afectivas pasan por alto y es que dejan rastro desde un punto de vista penal. Las conversaciones en redes sociales, explica Contreras, se están aportando como prueba en juicios por acoso y violencia de género, principalmente cuando hay menores implicados.

De momento, más de 190 centros de Secundaria se han inscrito en las charlas que imparten especialistas de la Policía Nacional y de la Guardia Civil y en las que se habla del acoso en las redes y, de manera transversal, de la violencia de género entre adolescentes.  “Los chavales son libros abiertos. Hablamos con ellos de situaciones que, en muchos casos, tienen totalmente normalizadas”, dicen.

Más del 70% de niños entre 10 y 15 años tiene móvil 
Según datos del Instituto Nacional de Estadística, el 84,6% de la población a partir de los 16 años tiene móvil y un 69% de los usuarios se conecta a la red a diario. Los menores, nativos digitales, están  muy familiarizados con Internet, los ordenadores y las tecnologías. El 88,4% de los niños de 10 años usa ordenadores y el 88,8% usa Internet, unos datos que sugieren que su uso es ya mayoritario antes de esa edad, si bien en el caso del móvil no es hasta los 13 años cuando su empleo se extiende.

Estas mismas estadísticas indican que un 70% de menores entre 10 y 15 años tienen móvil, un aspecto que no gusta a buena parte de los pedagogos, que consideran que los niños están expuestos desde una edad muy temprana a todo tipo de comunicación a través de los smartphones.

Plan Andaluz Precisamente, el uso del móvil y su enorme capacidad de influencia en el futuro educativo inquieta a los expertos. En la actualidad, en Andalucía se está elaborando el tercer Plan Integral de la Juventud y en él habrá un protagonismo mucho más acusado del uso de los móviles y de las redes sociales. “Estamos ante un reto educativo brutal. Es tecnología que ha venido para quedarse y que a los adultos nos  ha pillado con el pie cambiado. Y tenemos que adaptarnos porque todos los informes de prospectiva indican que el ‘movil learnig’ es el futuro de la educación a corto plazo. Lo vamos a ver en 3 o 4 años”, apunta Juan Sebastián Fernández Prados, sociólogo, profesor de la UAL y experto en redes sociales.

Este especialista considera que luchar contra el uso del móvil entre niños y adolescentes no es la mejor estrategia. “Cuando se le confisca el teléfono a un chaval, se le está robando su identidad. Dejan de ser ellos mismos porque, en la actualidad, muchos chicos se proyectan mejor en el mundo digital que en el presencial”, sostiene.

El problema, reconoce, es cómo conjugar la tecnología y las redes como herramientas súper poderosas para socializar y evitar, al mismo tiempo, que los menores caigan en alguno de sus riesgos, entre ellos su uso para ejercer violencia de control en sus relaciones afectivas.

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