La terapia con perros, una ayuda para víctimas de violencia de género

El Mundo.- Escan es un proyecto pionero en España. A través de una terapia asistida con perros de acompañamiento, un equipo multidisciplinar ayuda a mujeres y niños que han sido víctimas de violencia de género a recuperarse piscológicamente.

Cristina (nombre ficticio) no se atrevía a subirse a un coche, se le formaba un nudo en el estómago sólo con pensar en ello. Lucía (también nombre falso) era incapaz de andar por la calle tras la puesta de sol pese a la orden de alejamiento que tenía su expareja. Ambas forman parte del Proyecto Escan, un programa de terapia asistida con perros de acompañamiento para víctimas de violencia de género, que posibilita la recuperación emocional y anímica de estas mujeres.

Ante la pregunta de si un animal puede reparar el daño provocado, Enrique Cruz, coordinador del proyecto, responde rotundamente “sí”: “Para mí esto es una terapia que ofrecen los perros asistidos por los psicólogos” y no al revés. Los perros no son adiestrados para proteger a las mujeres sino para acompañarlas en su día a día. Parte de su adiestramiento corresponde a la propia usuaria: “En Escan te forman muy bien para hacerlo pero es duro porque para que el perro te respete, tienes que empoderarte, ¡imagínate! Tú que estás en el peor momento, empoderarte…”, explica Lucía, quien cuando se unió al proyecto era incapaz de poner un pie en la calle sin sentirse atenaza por la ansiedad. Pese a que su expareja tenía una orden de alejamiento, era habitual encontrárselo al acecho a cierta distancia: “Me sentía insegura y eso limitaba mi vida y la de mi hijo”.

Para ella, el hecho de entrenar a Balto, con el que tuvo “un flechazo” instantáneo, supuso volver a tomar las riendas de su vida… y de sus emociones. “Cuando me puse en contacto con ellos, Fernando -el responsable de Adiestramiento-, me lo advirtió: ‘a partir de que tengas a tu perro no vas a dejar de sonreír’. Y así fue”. El vínculo que se creó entre ellos le dio a Lucía la fortaleza necesaria para sentirse más segura desde el primer paseo con él.

“Los perros les ayudan a recuperar la sensación de seguridad, a enfrentarse al miedo. El perro se integra en la familia y ese vínculo es fundamental para el proceso terapéutico. A partir de ahí, los psicólogos pueden trabajar con ellas otros aspectos de su recuperación anímica y social”, apunta Cruz, “todo esto se traduce en un cambio radical para ellas. La ilusión que sienten les permite volver a afrontar situaciones cotidianas con cierta normalidad en compañía del perro”.

Esta asociación sin ánimo de lucro, que subsiste gracias al apoyo financiero de instituciones como la Fundación “la Caixa”, cuenta con un equipo multidisciplinar formado por psicólogos, adiestradores y abogados. El único requisito indispensable para poder solicitar entrar en el programa es haber sido reconocida como víctima de violencia de género institucionalmente, ya sea judicialmente o por Servicios Sociales.

Hasta el momento han ayudado a 30 mujeres y ellas, a su vez, han creado una red de apoyo que se extiende más allá del propio proceso terapéutico. “Todas las chicas que llegamos a Escan somos familia”, asegura Lucía, “hablamos constantemente porque, ¿quién va a entenderte mejor que alguien que haya vivido lo mismo que tú? En cuanto alguna se viene abajo, estamos encima de ella”.

EMPLEO NUEVO, VIDA NUEVA

La inserción laboral es otro de los pilares del proyecto, algo clave en muchos casos para que estas mujeres puedan recuperarse porque, como apunta Cruz, “a menudo se intenta aislar económicamente a la mujer para que dependa del agresor”.

Cristina necesitaba un trabajo pero tenía un problema, era incapaz de subirse a un coche, sus problemas del pasado habían derivado en una fobia a conducir. Sin Kion, un pastor alemán, a su lado nunca habría sido capaz de recorrer el medio centenar de kilómetros que separan su casa del almacén de Hefame en el que trabaja ahora. “Poco a poco, he ido superando todas las barreras que tenía”, asegura, “me ha cambiado la vida en todo. Gracias al perro he conseguido todo lo que tengo ahora mismo: la tranquilidad, el trabajo, la seguridad…”.

Ahora, su peculiar copiloto, su “niño pequeño”, va con ella a todas partes: “Para mí lo es todo”. Tanto es así que su empresa ha habilitado una miniparcela para que Kion pueda esperar confortablemente a que Cristina salga de trabajar. “Tiene sus palmeras, una caseta, una manguera… ¡Está superbien! Lo hicieron especialmente para él, para cuando yo empezara a trabajar con ellos. Les estoy muy agradecida”.

El perro se ha convertido, sin duda, en el mejor compañero que estas mujeres podrían tener a su lado. El cariño y la seguridad que les proporciona sientan las bases de su recuperación. Pero ésta no sería del todo posible sin la colaboración de todos los agentes implicados, desde los psicólogos hasta las empresas que facilitan que puedan ir a trabajar en compañía de su fiel amigo. Se trata de un proceso multiplicador que permite reparar un daño que muchas de ellas imaginaban irreversible.

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