Jóvenes contra los estigmas

Uno de cada cinco jóvenes sufre una enfermedad mental. Según las investigaciones, dos de cada diez ha sido discriminado por el profesor y tres de cada diez ha sufrido bullying por parte de sus compañeros. La sociedad está cargada de prejuicios.

En un contexto de falta de información realista, la gente realiza determinadas asociaciones automáticas según el nombre del trastorno que escucha: como esquizofrenia y violencia o anorexia y perfeccionismo. Muchos son los atributos que recaen en jóvenes con esta problemática: débiles, poco inteligentes, difíciles, imprevisibles…

 La asociación Obertament está trabajando contra los estigmas en las escuelas que generan comportamientos discriminatorios que no sólo son injustos y lesivos para la autoestima de los chavales sino que retrasan la petición de ayuda y la consulta a los médicos. Y empeoran su salud.
Para normalizar lo que ocurre silenciosamente al 20% de los chavales en un aula, han creado el programa What’s Up!, mediante el cual proponen introducir temas de salud mental a través del currículum escolar. Y lo plantean de forma implícita. Por ejemplo, en la clase de matemáticas, la lección de análisis estadístico puede utilizar números referidos a la salud mental. Como la evolución de la depresión en los últimos años. O sugieren un concurso de debate por grupos, con el objetivo de aprender a consultar fuentes, argumentar en público y ampliar léxico, sobre “¿Qué entendemos por salud mental?”.

En concreto, han preparado 9 unidades didácticas de seis ámbitos de conocimiento (matemáticas, lengua catalana y castellana, cultura y valores, ciencia y tecnología, y educación física). Y complementan la acción con una actividad estrella, el relato de un testimonio real, como el que ofrecen las dos jóvenes que presentamos en estas páginas. Se dirigen a 3.º de ESO. El diseño y la implementación del proyecto ha contado con la colaboración del Departament d’Ensenyament.

What’s Up! se realizó en 24 centros catalanes el curso pasado, con 1.500 estudiantes, y un resultado muy positivo en el cambio de actitud de alumnos y profesores, según la evaluación realizada por Ivàlua. Este curso 2017-18, participarán 60 institutos con 3.500 alumnos. Dada la buena recepción del proyecto, Obertament está creando nuevos materiales y promueve lo que denominan el “activismo” de jóvenes con experiencias. El impacto en los chavales de las 34 historias explicadas el curso pasado fue enorme.

Las personas que tienen trastorno bipolar pueden pasar de un estado de ánimo de euforia y gran actividad a verse incapaces de moverse del sofá, sintiéndose sin energía vital y desesperanzados. No se conoce el origen, pero sí que las condiciones sociales del entorno influyen mucho. A mayor estrés, peor salud mental.

Laura Collado (Barcelona, 1991) tiene trastorno bipolar y participa en el proyecto de Obertament de lucha contra el estigma explicando su historia a alumnos de secundaria. A los chavales les explica que este tipo de enfermedades causan sufrimiento. Y es algo que le puede pasar a cualquiera. “Que lo que necesita esa persona no es que le den la espalda sino la mano y que le pre­gunten cómo se encuentra, qué necesita”.

Laura explica que si salió adelante en los últimos diez años, que si logró terminar bachillerato pese a todo lo que le ocurrió en la escuela, repetir selectividad y cursar Educación Infantil fue gracias a perseverar en el sueño de ser maestra y a la gran ayuda que obtuvo de los médicos y de su familia.

Más del 70% de los trastornos de salud mental aparecen antes de los 18 años. En el caso de esta estudiante, los primeros síntomas de desestabilización emocional se presentaron en la etapa de secundaria. “No sabía lo que me ocurría pero hablaba muy deprisa, tenía una gran aceleración del cerebro y me sentía muy alterada”. Sus compañeros empezaron a ponerle la etiqueta de “rara”. Con esta categoría pronto quedó marginada y aislada. “El bullying hacia las personas con trastorno mental existe, es una realidad en la escuela y empeora aún más la salud mental y emocional de quienes lo sufren”, afirma.

Los profesores sí sabían el acoso moral que sufría pero, a su juicio, poco podían hacer para evitarlo. “El curso era muy conflictivo y mis tutores no podían ayudarme demasiado porque las vejaciones suceden fuera del control de los adultos y resultan difíciles de parar”.

El bullying es muy lesivo para la autoestima de quien lo sufre. “Tú quieres gustar, pertenecer al grupo, te esfuerzas por cumplir unas expectativas determinadas pero lo que recibes son burlas, insultos y agresiones. En mi caso eran tres o cuatro personas las culpables pero el resto pasaba. Fue un periodo difícil. Sientes un gran dolor al sufrir la indiferencia de tus compañeros”.

Laura ha contado su historia muchas veces en los institutos. Es valiente y está preparada. Pero aún le duele recordar las vejaciones que sufrió en aquella época mientras se sentía sola y desconcertada, descubriéndose extraña en sus propias reacciones. “Cuando te embargan sensaciones desbordantes no sabes qué te pasa y al principio no tienes estrategias adecuadas para manejarte. Haces lo que puedes. Tratas de ocultarlo. Con todo, hay una parte de ti que se niega a dejarse llevar, que se aferra a permanecer estable”.

Cuando le dieron el diagnóstico, durante su ingreso hospitalario, tenía 16 años y cursaba primero de bachillerato. “Me negué a creerlo”. Ya tenía el nombre de lo que le pasaba pero lejos de sentirse aliviada por la perspectiva de tener un tratamiento, rechazó las palabras del psiquiatra. “No quería tener esa enfermedad. ¿Por qué yo? ¿Qué había hecho mal?, me preguntaba. Yo también estigmatizaba la enfermedad”.

A la vuelta al instituto corrían los rumores. Oía susurrar en el patio sin poder defenderse de todo lo que de ella se decía y que era mentira. “Te lo tienes que comer con patatas. No hay manera de frenarlo y, al final, sientes un dolor horroroso en esa impotencia”.

Pasado el instituto, aprendió a seguir las pautas de una vida sana. Dormir suficiente y comer a la hora. Salir con amigos y divertirse. Y aprendió a detectar los primeros indicios de descompensación. “Ahora tengo estrategias emocionales que me ayudan y acudo al médico para ajustar la medicación”.

Sostiene que ha observado que la gente como ella que ha tenido que aprender a convivir con un trastorno de salud mental ha desarrollado facultades como la sensibilidad, la empatía, la asertividad y la creatividad. Cualidades que deberían ser apreciadas en cualquier grupo humano.

Es por esto, para evitar que otros jóvenes pasen por el calvario de la estigmatización, que Laura ha decidido contar su propia historia en las aulas, abiertamente. “Sólo rompiendo el silencio puede evitarse el estigma que pesa sobre los jóvenes que pasan por un problema de salud mental durante su etapa escolar”. A los adolescentes que la escuchan atentamente les pide que nunca colaboren en la deshumanización del otro. “Les digo que la conferenciante que ven es Laura, con sus defectos y cualidades, no una persona bipolar”.

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