El uso de animales para investigación cae casi a la mitad en diez años

Madrid, 30 dic (EFE).- El año pasado, los laboratorios españoles utilizaron animales para la experimentación científica 817.742 veces, casi la mitad (el 41,7 %) que en 2009, cuando el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente empezó a publicar estos datos.

Según el último informe sobre el uso de animales en experimentación y docencia que este Departamento ha remitido a la Comisión Europea, de los 817.742 usos de animales, el 98,9% se emplearon por primera vez y el 1,07% fueron reutilizados siguiendo los requisitos y condiciones exigidos por la Unión Europea (UE).
Los animales más empleados por los laboratorios fueron ratones (56%), peces (12,3%), aves de corral (12%), ratas (5,9%), pez cebra (4,9%), conejos (2,52%), cefalópodos (2%) y cerdos (1,5%).

Así, según la estadística, en 2019, los ratones se usaron 460.761 veces, las ratas 48.536, las cobayas 8.116; los conejos 20.586 veces, los peces cebra 40.493 veces, ‘otros peces’ 100.843 veces, las aves de corral 98.252 veces y los cerdos 9.410 veces.

Aunque en 2019 las cifras globales se han mantenido estables, se emplearon menos mamíferos, especialmente roedores y primates, y más peces y cefalópodos.

El informe explica que el uso de roedores se ha reducido un diez por ciento, principalmente por la modificación de los protocolos de muestreo tisular para los estudios genéticos y, en menor medida, por que se han rebajado los usos para determinación de toxinas.

El aumento en el número de usos en los peces, en concreto en ‘otros peces’, que en un solo año han pasado del 10% al 12%, se debe a que las investigaciones en que se emplean están ligadas a poblaciones de animales y a que se utilizan formas muy tempranas de desarrollo.

En una situación similar están los cefalópodos que en 2018 se usaron en 3.919 ocasiones y un año después se usaron en 16.756 ocasiones, aumento que se debe casi exclusivamente a un único proyecto realizado en larvas autónomas para investigaciones ligadas a la gestión del bienestar del pulpo común, apunta el informe.

La mayoría de los animales se utilizaron para hacer estudios sobre protección del medioambiente, para preservar la biodiversidad o para estudiar la biología o etiología de ese animal de las especies involucradas (animales silvestres, peces de consumo, ardillas rojas…).

En cuanto a la severidad de los procedimientos, la estadística desvela que 389.917 animales padecieron dolor leve (48%) y 293.355 dolor moderado (36%). Además, 60.162 animales padecieron sufrimiento “severo” (el 7,5% del total) y 55.091 no recobraron la conciencia tras ser utilizados en algún estudio con anestesia general (el 6,9%).

El informe apunta que el número de usos severos ha aumentado por el desarrollo de proyectos relacionados con el dolor crónico, usos de nuevos fármacos y enfermedades discapacitantes.

De los más de 800.000 animales utilizados el año pasado, 528.953 (el 66%) no fueron alterados genéticamente y 270.000 habían sido alterados genéticamente -con o sin algún fenotipo patológico- para investigación específica de alguna enfermedad como el cáncer o la diabetes.

Dada la especial sensibilidad ante el uso de primates, la estadística incluye un apartado con información específica sobre el uso y procedencia de los 176 ejemplares utilizados en 2019, frente a los 274 empleados en 2018 (el 35% menos).

El 67% del total de los primates había nacido en África, 106 en Asia y tres en un establecimiento registrado de la Unión Europea y en ningún caso se emplearon primates capturados en la naturaleza, sino que todos los primates utilizados habían nacido en cautividad, principalmente en colonias autosostenidas, en las que los animales se crían en comunidad pero son mantenidos y están acostumbrados a los seres humanos.

De los animales usados el año pasado, el 46,7% se destinó a investigaciones básicas sobre la estructura y funcionamiento de los organismos vivos, y el 35,4% a la investigación aplicada, que incluye el desarrollo y fabricación de productos farmacéuticos, alimentos, piensos, y pruebas de calidad y seguridad.

En la investigación de enfermedades humanas, los estudios relacionados con el cáncer -en aumento desde hace varios años- suponen más del 26% del total, los realizados sobre enfermedades endocrinas y metabólicas humanas con cerca del 19% -también en ascenso-, las enfermedades nerviosas y mentales que suponen casi el 18% y las infecciosas con el 9%, también en ascenso.

Desde 2009, el uso de animales en laboratorios españoles se ha reducido significativamente gracias, en gran medida, a la directiva que obliga al fomento de las 3R, es decir, a reemplazar animales por otras técnicas siempre que sea posible, a reducir al mínimo su uso en los laboratorios y experimentos y refinar los métodos empleados en la investigación.

Además, más de 140 centros de investigación se han sumado voluntariamente al Acuerdo de Transparencia sobre el uso de animales en experimentación científica en España, promovido en 2016 por la Confederación de Sociedades (COSCE), lo que convierte a España en uno de los países más transparentes con estas prácticas.

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