El apodo racista de Moschino a las clientas negras que les ha costado una demanda

La Vanguardia.- En una de las tiendas de la marca italiana en Los Ángeles

La lucha contra el racismo en el mundo de la moda se ha convertido en un pulso entre aquellos que quieren un cambio para la industria y los que se mantienen en una actitud discriminatoria. Aunque durante los últimos años tanto firmas, como profesionales del sector e incluso clientes se han posicionado a favor de la construcción de un escenario diverso, la multitud de polémicas y casos discriminatorios que se han destapado demuestran que todavía queda un largo camino por recorrer.

Dentro de la propia industria de la moda, este componente racista se intensifica en el sector de la alta gama, donde las firmas de lujo más clásicas y tradicionales se centran en producir colecciones destinadas a un cliente blanco y con alto poder adquisitivo. Un claro ejemplo de ello es la última polémica protagonizad por Moschino tras la denuncia de una empleada que aseguró que se había creado unapodo racista para las clientas negras que entraban en una de las tiendas de la firma en Los Ángeles.

La lucha contra el racismo en el mundo de la moda se ha convertido en un pulso entre aquellos que quieren un cambio para la industria y los que se mantienen en una actitud discriminatoria. Aunque durante los últimos años tanto firmas, como profesionales del sector e incluso clientes se han posicionado a favor de la construcción de un escenario diverso, la multitud de polémicas y casos discriminatorios que se han destapado demuestran que todavía queda un largo camino por recorrer.

Dentro de la propia industria de la moda, este componente racista se intensifica en el sector de la alta gama, donde las firmas de lujo más clásicas y tradicionales se centran en producir colecciones destinadas a un cliente blanco y con alto poder adquisitivo. Un claro ejemplo de ello es la última polémica protagonizad por Moschino tras la denuncia de una empleada que aseguró que se había creado unapodo racista para las clientas negras que entraban en una de las tiendas de la firma en Los Ángeles.

La lucha contra el racismo en el mundo de la moda se ha convertido en un pulso entre aquellos que quieren un cambio para la industria y los que se mantienen en una actitud discriminatoria. Aunque durante los últimos años tanto firmas, como profesionales del sector e incluso clientes se han posicionado a favor de la construcción de un escenario diverso, la multitud de polémicas y casos discriminatorios que se han destapado demuestran que todavía queda un largo camino por recorrer.

Dentro de la propia industria de la moda, este componente racista se intensifica en el sector de la alta gama, donde las firmas de lujo más clásicas y tradicionales se centran en producir colecciones destinadas a un cliente blanco y con alto poder adquisitivo. Un claro ejemplo de ello es la última polémica protagonizad por Moschino tras la denuncia de una empleada que aseguró que se había creado unapodo racista para las clientas negras que entraban en una de las tiendas de la firma en Los Ángeles.

Esta situación entra en contradicción con las declaraciones deJeremy Scott, el director creativo de Moschino, cuando aseguró que quería acercar sus creaciones a todo tipo de públicos mediante la colaboración de la firma junto a H&M. A pesar de ser una firma con pocos años de vida, centrada en satisfacer las necesidades de un público millennial y que cuenta con un fuerte componente de diversidad encima de las pasarelas, algunos de sus trabajadores siguen adoptando una actitud racista y anclada en el pasado que juega con la reputación de la propia marca.

Esta situación entra en contradicción con las declaraciones deJeremy Scott, el director creativo de Moschino, cuando aseguró que quería acercar sus creaciones a todo tipo de públicos mediante la colaboración de la firma junto a H&M. A pesar de ser una firma con pocos años de vida, centrada en satisfacer las necesidades de un público millennial y que cuenta con un fuerte componente de diversidad encima de las pasarelas, algunos de sus trabajadores siguen adoptando una actitud racista y anclada en el pasado que juega con la reputación de la propia marca.

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