Depresión, ansiedad, aislamiento: las secuelas del acoso escolar que pueden durar hasta la vida adulta

  • Personas mayores de 20 años piden ayuda porque no han superado el maltrato sufrido en la escuela
  • Asociaciones denuncian que los protocolos ante casos detectados no sirven y piden aplicar planes de prevención 

Rtve.- Las víctimas del acoso escolar sufren secuelas físicas pero también psicológicas que pueden condicionar su vida adulta. Normalmente todas quedan afectadas y el daño depende de la intensidad y la duración del maltrato sufrido, aunque “con mucha voluntad de superación y trabajo personal de terapia todo se puede superar”.

Así lo asegura la secretaria de la asociación NACE -No al Acoso Escolar-, Carmen Cabestany García, recordando cómo una profesora asistente a una de sus charlas, que se había quedado al final de la sala, le contó que había sufrido bullying. “Una persona que ha sido maltratada nunca va a dejar la espalda al descubierto, te acostumbras a protegerte la espalda“, explica Cabestany.

El principal problema causado en las víctimas del bullying son síntomas depresivos (68,8%) y ansiedad (67,2%), mientras que en el ciberbullying es este último problema el más frecuente (73,8%) y el tercer problema en ambos casos es el miedo (59%), según el Tercer Estudio sobre Acoso Escolar y Ciberbullying de la Fundación Anar. El abanico de secuelas pasa también por el aislamiento, el bajo rendimiento en la escuela, la baja autoestima, la agresividad o rabia y los trastornos del sueño y de la alimentación.

En algunos casos, explica Cabestany, puede desencadenarse una anorexia, sobre todo, en chicas que reciben constantemente insultos como “gorda”, “foca”, “ballena”, “bola de sebo”, etc. A todo esto se añaden el estrés postraumático, la fobia social en la que frecuentemente degenera lo que al principio es fobia escolar, la autolisis (autolesión) y la ideación suicida que, según advierte, es mucho más frecuente de lo que parece.

Personas de más de 20 años contactan con la Asociación Española de Prevención del Acoso Escolar (AEPAE) para pedir ayuda porque no han superado el maltrato sufrido en la escuela y les ha supuesto una carga emocional de falta de confianza y autoestima que les hace asumir el rol de victima en su vida adulta, explica su presidente, Enrique Pérez-Carrillo de la Cueva.

Lo más grave es que después ellos mismos se autoexcluirán en futuras situaciones de su vida. Se automarginan porque piensan que no son lo suficientemente buenos, atractivos, interesantes y que su compañía no vale la pena…”, advierte Carmen Cabestany.

Las asociaciones reivindican más medidas de prevención

De momento, algunas comunidades autónomas cuentan con guías de prevención orientadas a la comunidad educativa y existen ya programas como el TEI (Tutoría Entre Iguales), una estrategia preventiva implantada en más de 1.200 centros de toda España desde sus inicios, hace 15 años, y cuya eficacia ha sido confirmada científicamente por la Universidad de Alicante.

El Ministerio de Educación puso en marcha en 2017, con el anterior Gobierno, un Plan Estratégico de Convivencia Escolar en el que se enmarca el Teléfono para víctimas de violencia escolar, el 900 018 018, que desde su apertura, el 1 de noviembre de 2016, hasta el día 10 de enero de 2018 recibió 28.065 llamadas, de las cuales 9.779 se estudian como posibles casos de acoso escolar, según los primeros datos del Ministerio publicados en su web.

Nuria Manzano, directora del Centro Nacional de Innovación e Investigación Educativa, explica que aunque no tienen competencias en las comunidades autónomas, esperan poner en marcha en este 2019 una formación voluntaria online para el profesorado que contribuya a identificar las posibles situaciones de acoso.

Todavía hay que trabajar en la responsabilidad social colectiva, en “cómo te sentirías si te ocurriera a ti”, incide la directora del Teléfono ANAR, Diana Díaz, que ve en la formación de los padres y del profesorado una de las claves para luchar contra esta lacra.

Los profesores no estamos formados”, admite Carmen Cabestany, y dado que el acoso se produce en la escuela, es “urgente” que en los centros educativos se le plante cara, se le llame por su nombre y se entienda que lo más importante es prevenir para que no haya maltrato. Pero, si lo hay, apunta, es preciso actuar inmediatamente en tres direcciones: blindar a la víctima, quitarle el poder al acosador y posicionar a los testigos.

El bullying afecta a uno de cada cuatro escolares  

La Asociación No al Acoso Escolar (NACE) y la Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar (AEPAE) coinciden en situar en alrededor del 25% del alumnado de Primaria y Secundaria, es decir unos dos millones de niños y adolescentes la población que podría estar sufriendo bullying.

Ambas organizaciones explican a RTVE.es que este dato procede del Informe Cisneros X, publicado en 2006, el último hecho con el Test de Acoso y Violencia Escolar (AVE), la herramienta psicométrica considerada más fiable para la evaluación de esta lacra.

Denuncian el silencio estadístico que rodea al acoso escolar en España y apuntan a una cuestión de prestigio. “Si de forma pública se hiciera un estudio que confirmara una incidencia del bullying del 24% obviamente sería la confirmacion de que nuestro sistema educativo es un desastre”, explica Enrique Pérez-Carrillo.

Mientras, Cabestany muestra su rechazo ante el hecho de que no haya estadísticas fiables recientes sobre la incidencia del acoso escolar en España y denuncia que el Observatorio Estatal de la Convivencia Escolar, creado en 2007, lleva inactivo desde 2011 y que, en ese período, solo se ha reunido tres veces.

Tipos de acoso más frecuentes y perfil de la víctima

Las agresiones más frecuentes en el acoso escolar son los insultos (78%), seguidas por los actos físicos fuertes, como golpes, patadas o puñetazos (51,6%), según los datos del Tercer Estudio sobre Acoso Escolar y Ciberbullying según los afectados, realizado por Anar. El acoso escolar más habitual dura más de un año (52,9%), su frecuencia es diaria (75,4%) y se agrava con el paso del tiempo.

Carmen Cabestany, de NACE, atiende a las llamadas que los afectados hacen a la asociación y lo que le trasladan es que los golpes que más duelen son los que no se ven: “El acoso por exclusión, por ejemplo decir con nosotros no te sientas, o tú no juegas en nuestro grupo o no queremos que hagas el trabajo con nosotros puede hacer mucho más daño que una paliza“.

Los expertos coinciden en que no existe un perfil de la víctima ni del agresor(aunque hay colectivos especialmente vulnerables al acoso, como los niños con autismo) y que el acoso comienza cuando el acosador escoge a su objetivo y este queda estigmatizado. Suele empezar con un incidente crítico, como por ejemplo que un niño se caiga o que se trabe al decir la lección o por cualquier característica que tenga, según explica Enrique Pérez-Carrillo (Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar).

Aunque no existe un perfil de acosador, de las llamadas recibidas en el Teléfono contra el Acoso Escolar del Ministerio de Educación en 2017 se desprende que un 45% de las víctimas de bullying que han denunciado su situación a este teléfono tiene entre 10 y 13 años de edad con un pico en los casos de 12 años.

La reeducación de los acosadores

Cuando en un colegio se denuncia un caso de bullying se pone en marcha el protocolo de actuación que especifica paso por paso lo que hay que hacer para escuchar a la víctima y al acosador.

Sin embargo, este protocolo, según Carmen Cabestany, es una herramienta que en la práctica no sirve en la mayoría de los casos porque la aplica el mismo centro escolar donde han sucedido los hechos (luego, ese centro es juez y parte) y porque, según señala, la mayoría de las personas encargadas de interrogar a los implicados ni sabe cómo hacerlo ni tiene conocimientos suficientes sobre acoso escolar.

Así pues, cuando entrevistan al presunto acosador, a sus padres y a los posibles testigos -compañeros o profesores-, según la secretaria de la asociación NACE, se contentan con transcribir la respuesta que les dan: “No hemos visto nada” y el protocolo se cierra, casi siempre, de la misma manera: “No hay acoso escolar”.

En suma, el presidente de AEPAE, Enrique Pérez-Carrillo, denuncia que en estos momentos no hay una vía legal educativa para reeducar a los acosadores. A este vacío se suma lo “delicado” que es para los centros identificar al responsable del acoso y la dificultad para que los padres de los niños acosadores acepten que sus hijos maltratan y puedan ser reeducados.

Si no reciben una sanción como parte de esa reeducación, la actitud de los maltratadores persiste porque siguen percibiendo el acoso como una forma de sentirse importantes sobre el grupo sin que tenga consecuencias para ellos, explica Pérez-Carrillo.

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