Deportistas afganas piden ser evacuadas por temor a los talibanes

La Vaguardia.- Decenas de atletas, sobre todo mujeres, tratan de abandonar el país para no perder los derechos adquiridos

Cuando Kimia Yousofi cruzó la línea de meta del estadio Nacional de Tokio hace apenas tres semanas y clavó la mirada en el crono, su primera reacción fue de decepción. Vestida de negro y cubierta de los pies a la cabeza, la afgana acababa de conseguir el récord nacional en los 100 metros (13,29s), al igual que Sha Mahmood Noorzahi en la categoría masculina. Sin embargo, el sueño de Yousofi era impresionar en la carrera de las humildes para ganarse un puesto en la primera ronda de la prueba. Quería compartir la salida con alguna de las mejores velocistas del mundo en el carril contiguo y, a su vez, ser motivo de orgullo para un país que ya había entrado en pánico por el avance imparable de los talibanes.

En el imaginario colectivo de buena parte de la población afgana ese 30 de julio permanecerá –puede que por mucho tiempo– como la última fecha en la que una mujer participó en una competición deportiva bajo su bandera. La irrelevancia del deporte en el anterior régimen talibán de finales de los noventa –prohibido como la televisión o la fotografía– y el recorte de libertades de la mujer no invitan al optimismo en esta nueva etapa. Por esa razón muchas atletas han pedido ser evacuadas del país con objeto de no perder los derechos adquiridos durante los últimos veinte años.

Una de ellas es Zakia Khudadadi, quien estos días debería estar ya concentrada en Tokio para hacer historia en los Juegos paralímpicos. La taekwondista iba a ser la primera atleta de Afganistán en hacerlo, pero tanto ella como su compatriota Hossain Rasouli se han quedado atrapados en Kabul por el cierre de los aeropuertos.

En un primer momento Khudadadi pedía ayuda a través de las redes sociales para poder salir del país y cumplir su sueño de estar en Tokio. Desde la toma de la capital afgana, ya solo pide huir. “Veo la muerte día y noche. Deseo seguir haciendo deporte en un país desarrollado, un lugar seguro para mí y mi familia. No dejen que los talibanes nos quiten nuestros derechos fundamentales”, dijo horrorizada en un vídeo mientras permanece encerrada en casa de unos familiares.

El Ministerio de Asuntos Exteriores español recibió días atrás la petición para incluir a Khudadadi en la lista de evacuación, de la cual también formaba parte Nilofar Bayat. Gracias a los esfuerzos de Antonio Pampliega, periodista especializado en zonas de conflicto, y posteriormente de la Federación Española de Baloncesto, la capitana de la selección afgana de baloncesto en silla de ruedas –sufrió una lesión de la médula espinal tras una explosión en su hogar cuando era niña– finalmente pudo viajar a España la madrugada del viernes. Acompañada por su marido, la también abogada llevaba desde el miércoles en el aeropuerto de Kabul. “Mi vida se acaba, no puedo quedarme aquí”, le decía a su amigo español. El club Bidaideak Bilbao BSR se ha ofrecido acogerla. También Khudadadi voló en ese mismo avión.

No todas las historias tendrán el final deseado. Por eso Samira Asghari, miembro del COI de Afganistán, pidió ayuda a Estados Unidos para sacar el mayor número posible de atletas y del personal técnico “antes de que sea demasiado tarde”. “Esto pasará a la historia de cómo el mundo veía las noticias pero no ayudaba a los atletas paralímpicos de Afganistán”, lamentaba desde Londres Arian Sadiqi, responsable de los dos deportistas en Tokio.

Khudadadi, a sus 23 años, quería demostrar a las niñas de su país que se puede luchar doblemente contra la discriminación por ser mujer y discapacitada. No podrá demostrarlo en Tokio, donde Yousofi ondeó la bandera de su patria este verano en la ceremonia inaugural. En su última publicación en las redes critica a Occidente por abandonar a Afganistán a su suerte. Y reza: “A todas las chicas fuertes de mi país… que Dios os proteja”.

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