De las bandas latinas a los ‘menas’, “una bomba de relojería”

El Periódico.- Los expertos advierten de la futura explosión de nuevos grupos juveniles y urgen a recuperar la mediación frente a la mano dura

En Catalunya coinciden el desafío de los menores recién llegados y el de gestionar una segunda generación desarraigada

Ya no se habla de ellas, de bandas latinas como los Latin Kings o los Ñetas, pero siguen estando aquí. Y emergerán otras, que abrirán más el abanico de nacionalidades. Carles Feixa, director del proyecto europeo Transgang, que investiga la mediación en grupos juveniles, avisa: “El caso de los ‘menas’ [menores no acompañados] es una bomba de relojería que explotará en cinco o 10 años. Hay que prevenir y actuar con valentía, no de forma reactiva”.

Son adolescentes “que están solos y buscan apoyo en sus iguales. El grupo pasa a ser su segunda familia y les da un prestigio simbólico. No se trata de un problema policial, sino social“, diagnostica. Así hay que tratarlo, dice; como se hizo en Catalunya entre el 2005 y el 2010 con las bandas latinas. Un trabajo conjunto en el que participaron desde las administraciones hasta los representantes de las bandas, del mundo académico y de los cuerpos policiales. “No fue perfecto -admite-, pero habría que retomar lo que sí funcionó”.

Durante la primera década del siglo, las bandas latinas constituían el 99% de los grupos callejeros. La estela de aquellos ‘pioneros’ la siguen ahora inmigrantes norteafricanos, subsaharianos y europeos, que ya representan el 20% del total. Hay también bandas mixtas y ciberbandas.

La “mano dura”

En el 2014, los Mossos d’Esquadra contabilizaron a 2.400 pandilleros y el fenómeno de las bandas latinas, tratado hasta entonces con una voluntad integradora por parte de las administraciones, tras acumular varios episodios violentos entre rivales, saldados incluso con muertes, pasó a ser temido por las autoridades e investigado policialmente. Esto segundo derivó en operaciones y juicios por pertenencia a grupo criminal y tráfico de droga. Actividades acreditadas por los Mossos cuando pusieron la lupa sobre ellos.

Feixa observa aquel cambio en la gestión de las bandas como un error. “La policía afirma que ha desintegrado las bandas descabezando a los líderes, pero no es así. Otros jóvenes toman su lugar con el agravante de que no tienen la experiencia dialogante que tenían los cabecillas ahora encarcelados. Suben adolescentes inmaduros y se disparan las peleas, los conflictos e incluso asesinatos como ha sucedido no hace mucho en Madrid”.

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