Cuatro de cada cinco denuncias por acoso escolar se desestiman

ABC.- 1.600 alumnos tienen riesgo potencial de sufrirlo, aunque los casos confirmados bajan un 54%

El curso pasado se registraron 83 casos de acoso escolar en los centros escolares madrileños. La cifra es un 54 por ciento menor a la que se dio en 2015-16, cuando fueron 179. Los planes de acción y las campañas de sensibilización dan sus frutos, aunque las autoridades educativas no bajan la guardia y advierten que 1.600 niños – aproximadamente un 1 por ciento de los incluidos en el estudio realizado por la consejería de Educación– presentan indicadores de potencial acoso escolar. De las 407 denuncias recogidas por la Inspección Educativa, cuatro de cada cinco fueron desestimadas.

Los expertos consideran que se da acoso cuando el maltrato –psicológico, verbal o físico– se produce de forma reiterada, con intencionalidad y existiendo un desequilibrio de poder. En ocasiones se pueden confundir conflictos con acoso, lo que explicaría esa diferencia entre los casos que se denuncian y los que finalmente se estiman.

Ciberacoso, a partir de 6º

La consejería de Educación, que dirige Rafael van Grieken, ha hecho públicos los datos de su tercer Informe anual sobre convivencia y acoso, en el que participan de forma voluntaria 730 centros y más de 160.000 alumnos. Entre sus conclusiones, algunas son llamativas: el ciberacoso –que se produce a través de las redes sociales– comienza a darse a partir de 6º de Primaria.

Antes sí se producen casos de acoso: suelen surgir en torno a 4º de Primaria, con unos 9 años. Los más frecuentes son el acoso verbal y el social. Las campañas de sensibilización han ayudado a reducir a la mitad el porcentaje de alumnos que no comentan en casa sus problemas de acoso; éstos alumnos eran un 43 por ciento en el curso 2016-17 y se redujeron al 22,1 por ciento el pasado curso.

De las encuestas llevadas a cabo se deduce que los acosadores suelen estar en la misma clase del acosado –en la mitad de las ocasiones– o en otra clase –aproximadamente la otra mitad–; lo que no es habitual es que se combinen ambos. Está también demostrado que los niños tienen mayor tendencia al acoso físico, mientras que las niñas practican el social.

Trabajar sobre estas cuestiones, tanto en el colegio como con las familias, se demuestra beneficioso, a juicio de los datos obtenidos por Educación. Hay ocasiones en que algo tan sencillo como un cambio de colocación de los escolares –modificando el lugar donde se sientan en la clase– es suficiente para solucionar el problema.

Posteriormente, tanto en los casos declarados como en los de potencial riesgo, se hace un seguimiento. «Todos estamos más alertas y somos más sensibles», reconocía el consejero, Van Grieken. Entre las medidas que se aplican, están los programas para aumentar la empatía y la sociabilidad, que comenzaron a aplicarse en 3º y 4º de primaria y luego se bajó a Educación Infantil. Este año ya se trabaja también como proyecto piloto en la etapa de 0 a 3 años.

Decreto

Van Grieken seguirá adelante con el decreto sobre convivencia y acoso que establece sanciones a la comunidad educativa –incluidos los alumnos– que no denuncien los casos que conozcan de este fenómeno. Pese a la polémica desatada en la comunidad educativa, el consejero defiende que «todos tenemos que tener un rol activo; no puedo ver un caso de acoso y quedarme de brazos cruzados».

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