Cuando te piden ser guapa como reclamo

El País. Una investigación de la Inspección de Trabajo en el Mobile World Congress reabre el debate sobre los requisitos para trabajar de azafata

Un coche deportivo, un hombre apoyado en el capó y una mujer sentada a sus pies. Y un eslógan: “El eterno triángulo”. Este fue uno de tantos anuncios de coche —en este caso, uno de Dodge en los sesenta— que más tarde se han denunciado como sexistas por cosificar a la mujer. Esta actitud se trasladó a los salones del automóvil y a las carreras de Fórmula 1 en la figura de las azafatas de las que no se espera nada más que su imagen. En los últimos años, varias denuncias han logrado reducir esta práctica. En el Mobile World Congress (MWC), que ha cerrado este jueves la edición de este año en Barcelona, todavía se han podido ver algunas empleadas que apenas hablaban del producto y simplemente posaban para las fotos. Mientras algunas consideran que es un trabajo “normal”, otras admiten que obtuvieron el empleo frente a “las que no tenían tan buena imagen”.

La Inspección de Trabajo en Cataluña investiga algunas ofertas de trabajo del MWC por si incurren en una “discriminación sexista”. En las denuncias, presentadas por UGT, se estipulaban requisitos como que las candidatas tuviesen una talla 36/38 y un mínimo de 1,70 metros de altura. “En un evento como este, hay tantas empresas de trabajo temporal, subcontratas y agencias, que nadie vigila nada. Y descubrimos ofertas muy sexistas”, afirma Núria Gilgado, secretaria de Política Sindical de UGT.

El MWC ha expresado su compromiso por dar visibilidad a la mujer y buscar la igualdad. Pero en esta edición, solo 11 de los 39 ponentes principales fueron mujeres, informa Isabel Rubio. Pasa lo contrario con el trabajo de azafato: la mayoría son mujeres. El congreso de móviles genera casi 14.000 empleos. Muchos son jóvenes estudiantes que por cuatro días logran dinero en el congreso, en los restaurantes o en las fiestas de noche. La patronal del móvil que organiza el congreso, GSMA, así como Fira de Barcelona, defienden que son “muy escrupulosos” en la selección del personal, pero son muchas las marcas que seleccionan ellas mismas a sus trabajadores o mediante agencia.

“A nosotros no nos pidieron altura mínima, pero en algunos estands hay chicas a las que sí”, explica una azafata de 22 años que trabaja para la organización. Fue contratada mediante la agencia Expertus y cobrará algo más de 200 euros por cuatro días, lo que le sirve para compaginarlo con sus estudios de Periodismo. “El año pasado, una chica que trabajaba como yo conoció a los de una marca y este año trabaja con ellos directamente por 600 euros”, explica. Los horarios, aseguran, pueden llegan a las 12 horas horas diarias.

A Clara, que trabaja a través de la agencia Wilo Azafatas, sí le pidieron una altura mínima de 1,70 metros. “Tenemos 200 personas trabajando en el Mobile y hay clientes que sí que piden algunos requisitos así. Pero no tenemos quejas. Además, si las empresas nos piden chicas vestidas provocativamente, ni aceptamos hacer estos servicios”, explica Mónica Wirth, directora de la agencia. “Vestimos muy normal, no me siento utilizada en este sentido. Aunque es verdad que seguramente chicas más gorditas no habrán conseguido el puesto”, admite Clara, estudiante de Ciencias Ambientales de 22 años. Más que el uso de su imagen, lo que le molesta es la presión. “Si se va el Mobile de Barcelona el año que viene, será porque no estáis trabajando suficiente”, asegura que le dijo un jefe.

También hay quien se siente muy a gusto. “Soy guapa, así que puedo vender mejor”, dice Maria, de 24 años y de origen ruso, que ha venido a Barcelona con Nsys Group. “Vender es imagen, y creo que no es malo pedir una buena presencia si el objetivo es vender un producto”, añade.

Pero no siempre tiene que haber un producto. Es el caso de las fiestas post-Mobile. “Estás ahí sin hacer nada, solo para que los congresistas se hagan fotos contigo en el photocall”, explica una exazafata que trabajó cuatro años durante el congreso. Cobraba 28 euros por hora si la contrataba la empresa que organizaba la fiesta. Ocho o nueve si lo hacía por ETT. “Todas las fiestas acababan igual: muchos te ofrecían irte con ellos al hotel, a cambio de un precio. Fuera del bar hay siempre putas, pero para ellos las azafatas somos lo más parecido”, asegura.

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