Cómo la escuela podría acabar con los atentados

Fuente: ABC
Fecha: 10/04/2018

En las escuelas ya no solo se hacen sumas y restas, análisis de textos y preguntas tipo test. Las aulas se han convertido en algo más. Un espacio en el que transmitir no solo conocimientos sino también valores, y en el que se apoye la equidad y la diversidad.

La UNESCO ya le puso nombre: escuelas inclusivas. Y, Canadá, país referente en educación, también lleva la delantera en este sentido.

«Se trata de espacios que promuevan la equidad (proporcionando las medidas compensatorias necesarias para grupos marginados, independientemente de si se basa en género, clase social, etnia, etc.) y diversidad (transformando la institución para que los alumnos pertenecientes a grupos marginados no tengan que elegir entre una identidad positiva y el éxito escolar)». Así lo define Marie McAndrew, profesora de la Universidad de Montreal y autora del libro premio Donner, «La inmigración y la diversidad en las escuelas: el caso de Quebec en una perspectiva comparada».

En su paso por Madrid y, a petición de la Universidad Complutense y algunas escuelas de Primaria y Secundaria, McAndrew ha contado cómo Quebec se ha convertido en un modelo de inclusión educativa.

En conversación con ABC ha señalado que son las universidades pero, sobre todo, los colegios los mejores lugares para crear una sociedad mejor. «Dada su naturaleza intensiva y universal, se puede argumentar convincentemente que la escolaridad obligatoria juega un papel más importante que la educación superior en el desarrollo de una sociedad inclusiva, aunque no se debe descuidar la adaptación a la diversidad de las universidades», apunta la docente.

¿Qué tenemos que aprender de Canadá en cuanto a inclusión?

Dada su historia específica marcada desde el principio por la diversidad (nativos, colonizadores franceses y, posteriormente, constantes oleadas de inmigración desde mediados del siglo XIX), Canadá ha desarrollado una significativa apertura hacia el multiculturalismo. Es también un país con fuertes valores sociodemocráticos que incluyen la equidad de género y la social. En el área de diversidad etnocultural, Canadá también tiene el beneficio de que su geografía le permite contar con una inmigración planificada y muy selectiva. Esto genera flujos de inmigrantes con un similar (o incluso mejor) perfil socioeconómico y educativo que de Canadá. En Québec los desafíos son mayores, dada la necesidad de integrar a los inmigrantes al idioma dominante (francés) y que no lo es a nivel nacional. Esto, de alguna manera, otorga mayor sensibilidad a la necesidad de conciliar el pluralismo cultural y religioso con otros valores como la equidad de género y los intercambios interculturales».

Los autores de algunos de los atentados en Francia o Bélgica eran jóvenes nacidos en los países que atacaron. ¿Cree que la inclusión podría evitar que estos jóvenes se sientan excluidos y eso ayude de alguna forma a evitar radicalismos?

Primero tenemos que entender cuáles son las raíces de la radicalización violenta que afecta, no solo a jóvenes musulmanes sino a jóvenes de todos los estamentos de la sociedad (movimientos derechistas antiinmigración, extremistas de izquierda, movimientos nacionalistas, etc.). Las investigaciones nos dicen que esa radicalización está, en parte, vinculada a un sentido de exclusión social, a falta de identificación con la sociedad, a un sentimiento de inseguridad de la identidad, así como a la sensación de que el cambio social no puede ocurrir por otros medios que no sean violentos.

En este sentido, la educación inclusiva puede desempeñar un papel positivo para el desarrollo de la identidad y para el reconocimiento de la legitimidad de la diversidad como una norma de las sociedades modernas, y no como algo que está al margen. Pero también se necesitan otros programas más específicos para abordar la desafiliación de la juventud, como enfoques menos teóricos de la educación ciudadana y que incluya la participación activa en el cambio social desde la escuela. La investigación también muestra, especialmente para los jóvenes musulmanes, que la religiosidad es un factor protector más que un factor de riesgo debido al sentido de pertenencia a una comunidad y al conocimiento más complejo de la religión real que proporciona (en comparación, por ejemplo, a sitios de Internet).

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