Cinco mil menores maltrataron a sus padres el año pasado

ABC.- Los autores de 83 crímenes no tenían aún 18 años, la cifra más alta de toda la década

«Resulta descorazonador comprobar cómo esta modalidad delictiva asciende año tras año». Son palabras de los fiscales de Menores referidas a las cifras de violencia doméstica hacia ascendientes y hermanos, es decir, menores convertidos en maltratadores de sus padres: 5.055 casos el año pasado. Y no ha dejado de crecer, desde los 4.355 procedimientos que se incoaron en 2016.

Quienes conocen de primera mano la delincuencia juvenil no se quedan solo en los datos y elaboran su diagnóstico. Hablan de un problema delictivo «enquistado en el tejido social desde que comienza a dispararse en 2005». «Quince años son muchos», dicen, y añaden que aquellos maltratadores de entonces son ya adultos. «¿Qué modelo educativo van a trasladar a sus hijos»?, se preguntan

los expertos. Pese a que se han redoblado esfuerzos para atajarlo los resultados no aparecen.

Patrones defectuosos

«Perviven en el tiempo los mismos patrones educativos fracasados y defectuosos». Los fiscales de la jurisdicción de Menores se asombran de que estos delitos no tengan la repercusión mediática de otros no tan graves y eso que algunos acaban en muertes, como la de Minaene Franco al que su hijo de 17 años apuñaló hasta acabar con ella en Foz (Lugo) y luego se fue a un parque; o el reciente caso de Villarejo (Toledo) donde un joven de la misma edad mató con una escopeta a su padre y a su madrastra.

No son excepciones. Los delitos contra la vida cometidos por jóvenes que no han cumplido los 18 años también se han disparado: 83 el año pasado, la cifra más alta de toda la década que además rompe una tendencia más o menos estable desde 2015 que rondaba el medio centenar de casos por año. La Memoria de la Fiscalía General del Estado pone el acento en el revelador aumento en Madrid, de 12 a 20 crímenes en un año. Casi en la mitad estuvieron implicados miembros de bandas latinas y las muertes fueron consecuencia de enfrentamientos entre ellas, que también ocasionaron un importante número de lesiones. El estudio de asuntos revela que casi dos tercios de todos los crímenes de menores se concentran en seis provincias: Madrid (20), Barcelona (12), Baleares (6), igual que en Cádiz y 5 en Málaga. Algunos no fueron consumados y se calificaron como lesiones graves.

Deficiente educación

Hijos que rompen muebles, insultan, desobedecen y acaban pegando y mandando al hospital a los suyos. Los fiscales hacen hincapié en el dolor que provocan estos delitos y en el «estrés emocional» que acarrean a quienes tienen que combatirlos. A veces se recurre a una solución extrajudicial; otras los progenitores no denuncian y los casos salen a la luz por reconocimientos forenses cuando el maltratador es obligado a un ingreso psiquiátrico.

La radiografía de la delincuencia juvenil que dibuja la Fiscalía no resulta esperanzadora. En los cuatro últimos años se ha producido un continuo incremento de delitos sexuales. Hasta ahora se había relacionado con la reforma de 2015 que elevó de trece a dieciséis años la edad de consentimiento, pero en 2019 estos delitos volvieron a aumentar. Descendieron las agresiones sexuales (ver gráfico); sin embargo los abusos registraron otro demoledor récord, con 1.370 casos. «El fenómeno resulta muy preocupante», se apunta. La fiscal de Menores de Sevilla argumenta: «Se aprecian graves carencias de formación en materia sexual, más allá del simple aprendizaje sobre reproducción humana y prevención de embarazos o enfermedades de transmisión». En varios apartados de la memoria se hace referencia al consumo de pornografía a edades muy tempranas como una posible causa.

Sexo y nuevas tecnologías

Los fiscales especializados en violencia de género y doméstica sostienen: «Se viene detectando un alarmante incremento de las ideas sexistas y de la violencia entre los menores y adolescentes en el entorno familiar, pero también y especialmente en el ámbito sexual, conductas realizadas en grupo y a menudo grabadas y difundidas a terceros, práctica anudada al uso de la pornografía a través de las redes desde tempranas edades, donde se representa a la mujer cosificada». Y apuntan también a las nuevas tecnologías, herramientas que amparan el anonimato y nuevas formas de violencias sobre las adolescentes.

Este desajuste muestra la peor de sus caras en el caso de los menores de 14 años, inimputables, es decir, sin responsabilidad penal. Se les dedica un apartado específico y así sabemos que el año pasado se archivaron 7.526 diligencias, un dato que no es preciso por la escasa fiabilidad de las estadísticas. Sin embargo, los representantes del Ministerio Público ponen el foco de nuevo en la «implicación creciente» de casi niños en el maltrato a sus padres y en delitos contra la libertad sexual. Los ejemplos hablan por sí mismos. Alertan las secciones de Madrid, Toledo, Jerez y Jaén de casos protagonizados por menores de esa edad que reproducen estereotipos procedentes «quizá del consumo de pornografía on line».

En Madrid de 67 agresiones sexuales, 11 correspondieron a menores de 14 años, también implicados en 47 de los 195 abusos sexuales. Se destacan tres casos en Jerez de abusos de dos niños de once años a una niña de cinco y a otra de seis, su hermana; y una agresión sexual en un colegio protagonizada por un crío de diez años.

Violencia en las aulas

Respecto a los delitos por vía informática los especialistas alertan de la falta de consideración que tienen de su intimidad algunos menores -que se hacen fotos y graban vídeos sexuales explícitos-, así como en la falta de empatía de los que luego los difunden.

La violencia en las aulas se mantiene estable, después de un importante incremento en 2015 y 2016. La mejora se atribuye a una mayor conciencia del problema y a que las consejerías se han puesto más estrictas. En algunas provincias casi la mitad de los casos se archivaron porque los acosadores tenían menos de 14 años.

Violencia sexual, de género, filo parental y escolar en aumento… «buena parte de esos delitos traen su causa de un modelo educativo que precisa mejorar», diagnostican. Y el resumen para reflexionar: la delincuencia juvenil se ha incrementado; más en los núcleos urbanos más poblados, sobre todo los robos con violencia, y siguen al alza, como se ha detallado, «los delitos no asociados a la marginalidad sino a una deficiente educación».

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