Casarse para ser madre: el Registro obliga a oficializar parejas de lesbianas para inscribir a sus hijos

Servimedia.- “Nos hicimos pareja de hecho cuando ya estábamos separadas para compartir la custodia”

En España se oficializan alrededor de 2.300 matrimonios de mujeres al año y ya alcanzan en número a los casamientos entre hombres. Muchas de ellas no lo hacen por amor, sino por un requisito que impone el Registro para filiar a sus hijos como descendientes de ambas y blindar así sus derechos ante una posible separación.

Estefanía, madre bisexual de 40 años, nunca pensó en casarse, pero tuvo que hacerlo en 2008 con quien entonces era su pareja. El motivo: iban someterse a una técnica de reproducción asistida para ser madres y, si querían que su hija fuera reconocida como niña de ambas, tenían que oficializar su relación.

“Las parejas de mujeres nos estamos viendo en la obligación de casarnos si queremos concebir; el único motivo es inscribir a nuestros hijos”, explica Estefanía, ya divorciada, en declaraciones a Servimedia. De hecho, aclara que de no ser por este requisito, nunca habrían formalizado su relación.

Cuando una pareja de un hombre y una mujer tienen un hijo, basta con comunicar al Registro Civil el nacimiento del bebé y, en ocasiones, se hace desde el propio hospital, independientemente de que los padres estén casados. Sin embargo, en el caso de las parejas de mujeres, sólo la gestante es reconocida como madre. La excepción: que estén casadas.

El trámite, como señala Estefanía, es vital. En caso de no haberse casado, sólo ella tendría la custodia tras el divorcio como madre gestante, mientras que su expareja no tendría ningún derecho sobre la niña. “Si no estás casada, en el momento de la separación no hay ningún juez. Nuestros hijos tienen blindados los derechos en el momento de la separación y la mamá no es sólo la gestante”, añade.

Arantxa Miranda, de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (Felgtb), sostiene que es por eso que “muchísimas mujeres se están casando embarazadísimas para llegar a registrar a sus bebés”, y ve en este requisito “una discriminación evidente” de la que ella también fue víctima.

Los matrimonios entre mujeres han aumentado más de un 60% entre los años 2013 y 2017, subiendo a un ritmo 20 puntos mayor que al que lo han hecho las uniones entre hombres. Y es que incluso para acceder a determinadas técnicas de reproducción asistida como la ROPA, una fecundación in vitro en que la madre gestante recibe los óvulos de su pareja, se exige a las mujeres que estén casadas.

Varias juristas consultadas por Servimedia coinciden en que el objetivo de este requisito es que, en caso de que haya un donante anónimo de esperma, no se genere ningún conflicto o inseguridad jurídica a la hora de reclamar la paternidad. Esto hace que se reclamen más documentos a las mujeres como el certificado de la clínica de reproducción asistida o el estar casadas.

“NOS HICIMOS PAREJA DE HECHO ESTANDO SEPARADAS”

Otro caso representativo de las trabas a las que se enfrentan las parejas de lesbianas es el de Mercedes -nombre ficticio-, una cooperante española en un país africano -que pide no citar al estar penada la homosexualidad y poder enfrentarse a consecuencias legales- donde adoptó a una niña en 2009 asegurando ser una madre soltera.

Una vez en España, las dos mujeres pasaron cuatro años con la niña, de la que ambas se hicieron cargo sin haber formalizado su relación de pareja. Sin embargo, cuando decidieron romper llegaron los problemas con la custodia de la menor, ya que sólo Mercedes era madre adoptiva a efectos de la ley.

“Nos hicimos pareja de hecho cuando ya estábamos separadas para compartir la custodia”, explica la madre adoptiva en declaraciones a Servimedia. Fue la única solución que encontraron para que la menor pudiera seguir con sus dos madres, dado el vínculo que había establecido tras cuatro años de la adopción.

“Nos encontramos con que sólo se podía registrar como hija de ambas si nos casábamos o a través de la pareja de hecho”, por lo que tuvieron que oficializar su relación cuando ya habían roto para que la menor constara como hija adoptiva de ambas, a sabiendas de que, a continuación, tocaría iniciar una disolución de la unión de hecho para que las dos contaran con la custodia compartida.

“A nadie le gusta casarse cuando se ha separado, pero antepusimos el bienestar y la protección de la niña” -ahora tiene diez años- que, según destaca su madre, aunque proceda de un país con “leyes homófobas”, ella “no tiene ninguna homofobia asimilada”.

Desde la Federación LGTB lamentaron “la exigencia de ser familias tradicionales” en procesos como el del Registro Civil, y que provocan “invisibilidad” de las familias LGTB a la hora de registrar a sus hijos o con “la diferencia de trato en los procesos de adopción y acogimiento”.

(SERVIMEDIA)
07 MAR 2019

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