Así funciona la trata de personas, la esclavitud del siglo XXI

La vanguardia.- El reto para combatir la trata es identificar las “cadenas” que violan los derechos humanos de las personas explotadas

Son muchas las personas que caen en manos de redes criminales que las explotan, tanto laboral como sexualmente, arrebatándoles su libertad. La trata de personas es la esclavitud contemporánea, pero sin cadenas.

Cuando pensamos en situaciones de trata nos viene a la cabeza el perfil de una mujer nigeriana o sudamericana que atraviesa mares, océanos y desiertos para tener una “vida mejor”. Sin embargo, a veces no es necesario irse tan lejos, la violación de derechos humanos es una situación que se da en nuestra ciudad, incluso en nuestro barrio.

Marta, nombre ficticio, natural de Barcelona, se encontraba en una situación de salud mental complicada cuando un traficante la captó. El comerciante la sedujo con una propuesta de trabajo en un taller textil donde podría dormir y comer sin costes. La joven, que tenía ganas de gozar de un trabajo estable, aceptó la propuesta sin saber dónde se estaba metiendo.

Al llegar al domicilio se percató de que no era lo que le habían prometido. Era una casa donde no podía ni entrar ni salir y en la que tenía que estar las 24 horas del día dando servicio. Solo podía asomarse a la calle acompañada de algún miembro de la red criminal y no estaba autorizada para comunicarse con nadie del exterior. Marta estaba raptada y los traficantes no tuvieron suficiente con explotarla laboralmente, también le hicieron firmar documentos para comprar móviles en el extranjero o solicitar un crédito al banco a su nombre.

Cuando se da un caso de trata, la persona violada de sus derechos humanos pasa por tres fases: la captación, la traslación y la explotación.

La captación

No hay un único perfil de víctimas que caen en organizaciones criminales. Generalmente, los traficantes escogen a personas que se encuentran en estado de vulnerabilidad, ya sea por la crisis humanitaria que vive su país o el estado psicológico e incluso físico de la persona, explica a La Vanguardia la coordinadora de la Unidad Municipal contra la Trata de Seres Humanos (UTEH), Verónica Giménez. Asimismo, asegura que los traficantes se “aprovechan” de esta inseguridad y flaqueza para hacerles promesas y captarlas.

En la mayoría de casos, las personas que son explotadas no tienen conocimiento de lo que es poseer derechos. Es por este motivo que al llegar a su destino creen que la situación de dependencia de un “amo” es lo normal.

Nigeria, país vulnerable

En la ciudad de Barcelona, la mayor parte de personas atendidas el último año han sido mujeres, concretamente un 80%, seguidas de mujeres transexuales, que suponen el 14%. Esto confirma que la mayoría de personas son mujeres y niñas, según el informe de la UTEH.

Acerca de la nacionalidad de las personas atendidas, se observa que aproximadamente la mitad son mujeres nigerianas. Esto corrobora lo que se indica en el informe del Departamento de los Estados Unidos, Trafficking in Persons Report, que apunta que Nigeria sigue siendo uno de los países de origen, trata y destinación de mujeres y niños víctimas de trabajos forzosos y explotación sexual. Sin embargo, diferentes entidades de la ciudad de Barcelona como SICAR, la UTEH o el Lloc de la Dona han dado servicio a más de 30 nacionalidades diferentes durante este año.

La traslación

El transporte depende del traficante que hay detrás de la victima, y sobre todo de cuánto dinero está dispuesto a invertir para mover su “mercadería”, porque, al fin y al cabo, la trata de personas es una empresa con la finalidad de obtener beneficios económicos.

En un extremo, se situan las personas que cumplen con todos los requisitos de entrada, y llegan en avión o tren, de forma convencional. Sin embargo, la gran mayoría tiene que atravesar desiertos y el peligroso mar mediterráneo, que todo el mundo conoce las consecuencias que puede ocasionar cruzarlo en patera.

La explotación

Es cierto que la explotación sexual es el abuso más usual de las organizaciones criminales. Sin embargo, hay otras maneras de explotación: laboral, de trabajos o servicios forzados (incluida la mendicidad), de extracción de órganos, adopción ilegal, matrimonios forzados, comisión de delitos o servitud doméstica.

Los traficantes, cuando llegan sus victimas, las hipotecan con deudas que rondan los 30.000 y los 60.000 euros. No obstante, ante la frágil situación de las víctimas de poder acceder al mercado de trabajo, las organizaciones criminales las inducen a ejercer la prostitución o cualquier otro abuso laboral como único medio para pagar la deuda.

Los traficantes no siempre son “mafias”

Los traficantes no siempre son mafias. Según detalla Verónica Giménez, podemos encontrar desde redes criminales piramidales con una gran cantidad de miembros trabajando para ellas, hasta estructuras más pequeñas, que pueden quedarse dentro de un clan familiar o relaciones sentimentales.

Ponte las gafas de detección

Naciones Unidas dice que la trata de personas es la forma contemporánea de esclavitud. Esta afirmación nos evoca a imágenes de años atrás de esclavos con cadenas andando por la calle con su “amo”. Hoy en día nos encontramos en la misma situación pero sin cadenas visibles.

El reto que tenemos en el siglo XXI con esta manifestación contemporánea de esclavitud es saber detectar esas cadenas ser conscientes de la violación que se está produciendo en los derechos humanos de millones de personas del planeta.

La coordinadora de Adoratrius-SICAR, Rosa Cendon, explica a La Vanguardia que es muy difícil recuperar la confianza en los seres humanos cuando te han tratado como un objeto para beneficiarse, por mucho que se te acerque un profesional o la policía. “Recuperar la confianza es un proceso muy complicado y largo” asevera la coordinadora de la entidad.

“Todos somos demandantes de esclavitud” afirma Cendon, que asegura que “la sociedad consume muchos artículos de mano esclava sin darse cuenta”. La coordinadora hace un llamamiento a la sociedad de “ser conscientes” de lo que hay detrás de lo que consumimos, “hay que ser más exigentes con toda la cadena de producción”.

Todos podemos denunciar casos de trata, fijándonos en situaciones que se divisan a nuestro alrededor. La Unidad Municipal Contra la Trata de Seres Humanos (UTEH) ha hecho un recopilatorio de manifestaciones por parte de la víctima para reconocer casos de explotación:

1. No les gusta ser etiquetadas como “víctimas”.

2. Desconocen los derechos que tienen a su disposición.

3. Tienen miedo de las represalias a ellas mismas o a su familia por parte del sobornador

4. En un primer momento, no quieren pasar por un proceso de identificación y recuperación en centros de acogida y acompañamiento.

5. No quieren correr el riesgo de desvincularse de la red criminal por los riesgos que esto podría ocasionarles.

6. Debemos fijarnos en las actitudes: si se muestran desconfiadas, si tienen miedo, si no saben contestar o si siempre te dan la misma contestación (fijada anteriormente con el traficante).

7. Otro indicio es la memoria, muchas veces han pasado por traumas tan fuertes que no recuerdan aspectos como cuál fue su viaje migratorio.

8. Contrastar la realidad con lo que las personas explotadas te explican: cuantas horas reales trabajan, en qué condiciones, si el dinero es para ellas o para su traficante, etcétera.

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