Ana Frank se adapta a los jóvenes

La Vanguardia.- El escondite en el que vivió la joven y su familia, convertida en casa museo, ha renovado parte de sus instalaciones

Uno de los centros culturales más populares de Amsterdam -recibe la visita de más de 1,2 millones de turistas cada año- acaba de someterse a una importante remodelación para adaptarse a los tiempos. Se trata de la Casa de Ana Frank, el habitáculo en el que la joven judía permaneció escondida junto a su familia huyendo de la persecución nazi.

El objetivo de las obras, que han durado dos años y se han llevado a cabo sin cerrar al público, era adaptar las instalaciones de forma que permitan entender mejor la realidad vivida. Y es que, según fuentes del propio museo, aunque el interés por Ana Frank y su historia no ha disminuido un ápice en los últimos tiempos, lo cierto es que muchos de los visitantes actuales son originarios de fuera de Europa y tienen menos de 25 años.

El director de la Fundación Ana Frank, Ronald Leopold, reconoce que buena parte apenas conoce la historia de la guerra y de la persecución sufrida por los judíos en los años 30 en Alemania y posteriormente en otros países como Holanda. Por este motivo, la ampliación de las dependencias incluye una zona educativa, en la que se pone un énfasis especial en la contextualización de la historia de las nueve personas que malvivieron en ella durante dos años, hasta su deportación en agosto de 1944.

El museo narra de forma cronológica y con abundante material la historia de todos ellos, dedicando un espacio propio a los diarios que el padre -el único superviviente del Holocausto – publicó tres años más tarde. Sin embargo, mantiene intacto el anexo secreto -el espacio habilitado como vivienda-, ubicado tras un armario en uno de los despachos de la fábrica familiar.

Otra de las mejoras de esta reforma afecta a los accesos, que se han visto modificados, lo que evitará las largas colas habituales de turistas frente al edificio. A partir de ahora, los visitantes deben entrar por la calle Westermarkt, en lugar de la Prinsengracht.

También con el objetivo de reducir la saturación, las entradas solo pueden adquirirse por internet con horario predeterminado: la mayoría de ellas (el 80%) con dos meses de antelación y el 20% restante un día antes de la visita. El precio es de diez euros para los adultos y cinco para los jóvenes de entre diez y 17 años. Los niños entran gratis.

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