Alumnos constitucionalistas relatan al juez las «amenazas y coacciones» secesionistas

ABC.- Se sintieron intimidados y acosados, explicó ayer en el juicio Josep Lago, coordinador de Societat Civil Catalana en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) el 19 de abril de 2016, cuando tres estudiantes independentistas reventaron un puesto que la entidad constitucionalista había instalado en el recinto universitario. El relato que Lago ofreció en la vista celebrada en un juzgado de Sabadell (Barcelona) coincide con el de la Fiscalía, que pide tres años de cárcel para los tres miembros del Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans por coaccionar y amedrentar a tres miembros de SCC aquel día en la facultad.

La Fiscalía les acusa de un delito de coacciones para impedir el ejercicio de derechos fundamentales y otro contra la Constitución en su modalidad de ultrajes a la bandera nacional. Los procesados fueron los instigadores de un «escrache» a los miembros de SCC, amedrentádoles con gritos e insultos en el campus de Bellaterra. Al mismo tiempo, uno de ellos rajó con un cúter una bandera de España «con evidente ánimo de menosprecio antidemocrático», según el ministerio público. Además de Lago, otros cuatro testigos vinculados entonces a SCC coincidieron en esta versión de los hechos. «Intentaron callar a la gente constitucionalista, y cuando actúen como lo hacen cuando ponemos una carpa interpondremos las denuncias correspondientes», añadió ayer a los medios al término del juicio Lago, que ahora pertenece a la entidad «S’ha acabat!».

«Persecución ideológica»

La versión de los tres estudiantes independentistas procesados es bien diferente. Incluso negaron en el juicio que aquel día se encontraran en el campus de Bellaterra. A la salida, ante los medios, uno de ellos aseguró que son víctimas de «una persecución ideológica contra el independentismo, la lucha contra el fascismo y el movimiento estudiantil». Sin embargo, los cinco alumnos agredidos no mostraron ante el juez ninguna duda de que los tres estudiantes secesionistas que se sentaban en el banquillo eran quienes les habían amenazado y coaccionado. Los reconocieron a los tres, incluido al que rajó la bandera con un cúter.

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