Un alumno discapacitado denuncia que una escuela se niega a calificarle

Fuente: La Vanguardoa
Fecha: 03/05/2017

Àlex tiene 26 años y sufre una discapacidad física del 76% debido a una parálisis cerebral que sufrió cuando tenía apenas seis meses. Sin embargo, la minusvalía que sufre nunca ha sido impedimento suficiente para intentar alcanzar sus sueños. Una de sus mayores ambiciones en esta vida sería trabajar como integrador social. Entiende que no hay nadie mejor que él para desarrollar esta tarea. “Yo sé lo que es vivir con una discapacidad”, asegura. Es por eso que hace unos años, concretamente en 2011, ingresó en la escuela del Sagrat Cor de Sarrià (Barcelona) para cursar el grado superior de Integración Social. Pero las cosas no transcurrieron como se esperaba.

Al final del primer año, llegó el primer revés: desde el centro le dijeron que no lo evaluarían cuantitativamente, que no le pondrían notas. ¿La razón? Porque “una persona con sus condiciones no puede ser integrador social”, esgrimen desde la escuela. Aquella noticia supuso toda una decepción para él. Incluso se planteó abandonar el grado. Pero sus padres le animaron a acabarlo, cosa que hizo. En esos momentos, sus progenitores no quisieron efectuar la correspondiente reclamación frente a lo que consideraron “una injusticia”: “Decidimos no presentar batalla porque Àlex había encontrado un empleo”, explica Àngels, su madre, a La Vanguardia.

Pero ahora a Àlex le gustaría retomar sus estudios de integración social –asegura que hay dos instituciones que ya le han dicho que lo aceptarían- y está dispuesto a reclamar lo que entiende que es suyo. Después de tres años trabajando en una empresa inversora –este joven barcelonés cuenta con un grado medio en administración-, se ha dado cuenta de que esta ocupación no acaba de llenarle. Y quiere volver a replantearse su futuro, vinculándolo al ámbito de la integración social.

Con esta intención, se dirigió al Sagrat Cor para pedir que le entregaran sus calificaciones. “Necesito al menos las notas de las asignaturas aprobadas para poder convalidarlas en otro centro donde pueda acabar integración”, explica. Pero en el centro se niegan a dárselas. Y aquí radica el problema.

Necesito al menos las notas de las asignaturas aprobadas para poder convalidarlas en otro centro

Su madre recuerda que en 2011, cuando fue al instituto de Sarrià a inscribirlo, “ya costó que lo aceptaran”. “Me argumentaron que Àlex no podía entrar porque él estaba por integrarse. Yo les dije que al menos lo probaran. Y fue al año cuando nos dijeron que no le darían el título”. Àngels ya no entendió en su día la negativa del centro a no calificar cuantitativamente a su hijo. “En los exámenes sí que le ponían nota, y en los trabajos también. Pero luego, a la hora de las notas finales del trimestre, en lugar de evaluarlo, escribían comentarios”, rememora. “Le ponían valoraciones del estilo ‘ha estado atento en clase’, como si fuera un niño pequeño”, lamenta.

Ante la reciente negativa de la escuela a entregarles las notas, Àlex y su familia presentaron una reclamación al Consorci d’Educació de Barcelona. Sin embargo, este ente acaba de desestimar su petición. Defienden que el joven “no alcanzó ninguna de las competencias básicas requeridas”, dando la razón al Sagrat Cor. La madre de Àlex se resiste a dar su brazo a torcer y quiere volver a recurrir. Incluso tiene la intención de apelar al Síndic de Greuges.

El deseo de Àlex es trabajar en la integración social
El deseo de Àlex es trabajar en la integración social (LV)

En el Sagrat Cor están convencidos de que están actuando correctamente. “Álex tiene unas capacidades limitadas. Nosotros formamos a profesionales. Y todas las personas pueden entender que no todo el mundo puede acabar desempeñando cualquier trabajo”, asegura Sara Domènech, coordinadora de la rama social de integración social y de personas en situación de dependencia del Sagrat Cor. “Hay que ser realista. Regalar un título creo que no es ético”, asevera.

Domènech explica que “las competencias profesionales que se piden en Integración Social no las tiene Àlex”. “Ni las tendrá nunca lamentablemente por su discapacidad”, agrega. “No es que nosotros no le queramos dar el título, es que éticamente creemos que una persona con sus condiciones no puede ser integrador social”. Domènech cree “que este chico se está dando golpes de cabeza contra la pared intentando una cosa que no es viable”.

Regalar un título creo que no es ético

La coordinadora de la rama social del Sagrat Cor esgrime toda una serie de razones por las que el joven barcelonés no está capacitado para trabajar de lo que desea. Algunas versan sobre sus carencias comunicativas. “No habla, no puede gestionar un conflicto entre niños en situación de riesgo social, no puede gestionar un conflicto entre drogodependientes… Además, él se niega a utilizar cualquier sistema alternativo de comunicación, algo que siempre se le ha recomendado desde la escuela. Por lo tanto, no se le ha podido evaluar de muchas cosas”.

Àlex, sin embargo, niega la mayor. “En clase utilizaba el hablador para dirigirme al profesor”, arguye, aunque matiza que intentaba no usarlo demasiado porque “no le servía para aprender”. “Lo utilizaba para presentaciones en clase, pero entendía que aprendía mucho más si me estudiaba el contenido en casa y luego un compañero me traducía”. A los alumnos de integración social se les imparte un curso de lenguaje de signos, un medio que utiliza Àlex para comunicarse. “Para mí hubiera sido mucho más fácil copiar y pegar el texto en el ordenador y que el hablador hablara, ¿pero así qué aprendo?”, se pregunta.

En las calificaciones que le entregaban trimestralmente a Álex –y a las que ha tenido acceso esta redacción- se puede observar cómo el centro, efectivamente, le recomendaba durante el primer curso que utilizara más el hablador. Pero también es verdad que, en evaluaciones posteriores, la misma tutora explicitaba que el alumno estaba “haciendo esfuerzos” para usarlo pero que la calidad de voz era “deficiente” y que por lo tanto dificultaba “más la comunicación”, por lo que los procedimientos no se pudieron llegar a “evaluar”. En algunas de las asignaturas esta acotación de ‘no se puede evaluar’ queda constatada, pero en otras no.

“Él se comunicaba mediante el lenguaje de signos y los aparatos que llevaba. Creo que hablaba más que otros alumnos de la clase”, explica a esta redacción Marc, excompañero de aula de Àlex. “Hace tiempo que no hablo con él y no sabía que no le habían dado el título. Me parece una aberración”, sentencia este joven, quien subraya que ve a Àlex “capacitado”, entre otras cosas, “para dar charlas, algo que no deja de ser un servicio de integración social”.

No sabía que no le habían dado el título. Me parece una aberración

Precisamente, el joven barcelonés ya acumula varias conferencias impartidas en diferentes institutos en las que ha compartido su experiencia y ha dado buena muestra de su espíritu de superación. Y no es sólo palabrería, Àlex lo demuestra a diario. A pesar de su minusvalía física, ha participado en eventos deportivos tan exigentes como la triatlón de Barcelona o recientemente en la Orbea Monegros, una maratón en bicicleta de casi 120 kilómetros.

Las mismas pruebas

Marc no entiende tampoco por qué a Àlex se le evaluaba de distinta manera que al resto de los compañeros si él hacía “los mismos exámenes que el resto”. En este sentido, y ahondando en la cuestión, el mismo afectado no comprende por qué desde el centro le hicieron hacer “exámenes de recuperación de algunas asignaturas” cuando tenían claro que no le darían el título.

Desde la ECOM, un movimiento asociativo integrado por organizaciones de personas con discapacidad física, se muestran sorprendidos por el hecho de que el Sagrat Cor “sólo le acredite una competencia a Àlex” –concretamente, programar y evaluar las intervenciones de integración social. “Me parece alucinante”, sentencia Isabel Macarulla, responsable de acción social de esta asociación. “Àlex tiene unos valores que otros, no discapacitados, no pueden transmitir. Su capacidad de superación, sin ir más lejos”.

Para Macarulla, “Àlex no tiene por qué ser capaz de desarrollar todas las atribuciones de un integrador social”. Defiende que la problemática reside en lo que se entiende por un profesional de este ámbito. “Creo que hay muchos prejuicios en relación a los discapacitados”, remarca. Esgrime, además, que “es obvio que Àlex no podrá hacer trabajos de atención directa”, pero añade que “puede ser muy bueno llevando grupos o haciendo otro tipo de trabajo”.

Àlex no tiene por qué ser capaz de desarrollar todas las atribuciones de un integrador social

Analizando las calificaciones obtenidas por Àlex –en las valoraciones cualitativas que el Sagrat Cor entregó al alumno quedan también reflejadas las notas de los exámenes que cursó-, desde la ECOM creen que tras la negativa del Sagrat Cor “hay un claro prejuicio de lo que uno puede o no puede hacer”. E identifican una contradicción en el argumentario del instituto: “En las evaluaciones finales del segundo curso le reconocen bastantes más capacidades de la que le finalmente le acreditan”. “Francamente, no lo entiendo”, señala Macarulla, quien tampoco acaba de asumir “que el Consorci haya desestimado su queja”. Para la responsable de acción social de esta asociación, el Sagrat Cor debería entender “como una oportunidad el tener a un alumno como Àlex”.

Hay otra realidad que les chirría. “En el Institut Obert de Catalunya, que es a distancia, ofrecen el modulo formativo de integración social. Y la pregunta es: ¿es posible hacerlo a distancia y que no te lo den cuando lo haces presencialmente?”, se pregunta sorprendida Macarulla. Para ella, el problema no radica en cómo está estructurado el sistema educativo, que “sí da salidas a personas como Àlex”. Sino que alumnos como el joven barcelonés tengan que estar sujetos “a la voluntad de la persona que tengan delante”.

Encantados con su trabajo

También se muestran muy perplejos con la situación en la empresa donde trabaja Àlex. Y es que están muy satisfechos con él. “Al principio, le ofrecimos sólo un contacto en prácticas de seis meses. Pero cuando finalizó, fue la directora administrativa de la empresa quien me pidió que le hiciéramos contrato fijo”, recuerda Joaquín, jefe del joven barcelonés. “Ni siquiera puedo decir que yo le ofreciera trabajo, lo que le di fue un contrato en prácticas para que pudiera mejorar su currículum. Fue la directora administrativa la que me pidió que se quedara”.

Joaquín asegura que su “relación con él es exactamente igual que la que pueda tener con otro trabajador” y que Àlex “no tiene ningún problema a nivel comunicativo”. “El único defecto que tiene es que es tozudo, quiere sacar las cosas él, sin ayuda, y esto puede generar algún problema”, apunta. “Cuando esto sucede, se le dice y él reacciona y lo intenta corregir. Es una persona responsable que se entrega en el trabajo. Es un tipo con un ánimo de superación brutal. Estamos muy contentos de que esté con nosotros”, afirma.

Es un tipo con un ánimo de superación brutal

Para el jefe de Àlex, “integrarse en la sociedad ya es lo suficientemente complicado como para que se vayan poniendo trabas a las personas con una discapacidad”.

A pesar de la controversia, Àlex se muestra comprensivo con el Sagrat Cor. “Puedo llegar a entender que desde su perspectiva digan que no soy válido y en consecuencia no me den el título. Pero las notas, ¿por qué no?”, se pregunta. “Estoy muy enrabiado y desmotivado”, sentencia.

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