Acoso escolar en Córdoba | Atan a un compañero a una marquesina, se orinan en él y lo graban en el móvil

Fuente: ABC
Fecha: 03/06/2018

EL autobús de línea iba cada mañana cargado de niños con destino a un colegio público de la periferia de la ciudad. En la misma parada del centro de Córdoba empezaba el calvario de uno de sus viajeros asiduos. Pongamos que se llama Adrián si bien ese no es su nombre real. «Adrián, te vas a cagar». El comentario intimidatorio achicaba el ánimo del escolar desde que se cobijaba del frío de la primera mañana bajo la marquesina, aislado como solía estarlo del resto de sus supuestos amigos que también se desplazaban a clase en transporte público y sin la compañía de sus padres. El chico intuía, y no se equivocaba, que en cualquier momento podía saltar la chispa, que no estaba lejano el momento en el que las bromas que a él le herían como un insulto se transformaran en una humillación.

La labor del Agente Tutor

Un día ocurrió lo siguiente: Adrián, sentado en su asiento del autobús, escuchó cómo tres de los compañeros que llevaban meses molestándole tramaban algo a sus espaldas. El golpe se consumó a los pocos minutos. «Adrián, te vas a cagar», escuchó de nuevo en la parada cercana al centro escolar. Entre tres le rodearon, le tiraron al suelo, le quitaron su mochila y le arrastraron hacia la marquesina, en la que le ataron después de asegurarse de que el lugar se encontraba solitario, con el resto de los alumnos a varios centenares de metros de distancia camino de clase. «Vamos a mearle encima», dijo uno de los agresores. Adrián esquivó como pudo los orines de sus compañeros y trató de que su rostro quedara fuera del alcance de la cámara del móvil con el que uno de ellos inmortalizó el momento con un vídeo que luego circuló en grupos de «whatsapp» y en alguna red social. Meses tardó el chico en recuperarse de la vejación, que obligó a intervenir a los miembros de la unidad del Agente Tutor de la Policía Local de Córdoba.

Éste es uno de más de los casos que se han vivido en las aulas de la ciudad en los últimos años. La crueldad infantil no tiene límites a veces. Carmen, llamémosle así, tiene doce años y acaba ahora el ciclo de Primaria en un colegio en el que lleva dos años y en el que se refugió después de que había estudiado desde primero de Infantil se convirtiera en un infierno para ella. «Carmen, enana. Carmen profunda. Carmen creces para abajo. Carmen, te vas a casar con David el Gnomo». Ese tipo de comentarios aguantaba la chica a diario. «Ella tiene un problema de crecimiento. El blanco perfecto para las mentes malévolas de los preadolescentes», explica su actual tutora, que añade que el cambio de centro le ha venido muy bien a su alumna.

«Aquí ha encontrado comprensión: al principio fue difícil, pero nos apoyamos en dos chiquillas de la clase con capacidad de liderazgo y buen corazón. Les encargamos que la cuidaran… y funcionó. La madre de Carmen dice que ahora su hija es otra. Que ya sonríe y no llora cada noche pensando que tiene que ir al colegio al día siguiente», completa.

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